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10/May/2012
 
 
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Sociedad Las cacerías y correrías del Rey de España, y su recordado paso por Perú en 1958.

Tras Cuernos, Palos

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La cacería del Rey. Aquí junto a su amiga, la alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, en el Laureus Sports Awards del 22 de mayo de 2006, en Barcelona.

En todas las acepciones del término, la autocensura ha sido real. Telecinco y la revista ¡Hola! de España son solo dos de los medios que han decidido voltear la mirada ante el supuesto affaire de Juan Carlos de Borbón. El nombre prohibido es el de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la aristócrata alemana que acompañó al Rey en su ya infame viaje de cacería a Botsuana. La propia Pilar Eyre, autora del libro La Soledad de la reina y periodista de Telecinco, ha denunciado el veto. No deja de sorprender cómo un caso tan prosaico ha logrado poner de cabeza a la prensa española.

Vista en perspectiva, aquella excursión le salió demasiado cara al Rey. No solo por los miles de euros gastados en tiempo de crisis o el misterioso accidente de cadera que lo mantuvo postrado. El mayor costo fue político, sin duda. Porque la sola muerte de un elefante evidenció la frivolidad del también presidente de honor de la World Wild Foundation (WWF) y la inconsistencia de quien traicionó a su padre por seguir las órdenes del fascismo. Más importante aún: la muerte del animal visibilizó lo innecesario de una monarquía en comparación con, digamos, lo útil que resulta tener un elefante.


 


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