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Personajes La última expedición del peruano Richard Hidalgo al Annapurna: las durezas del alpinismo de alta montaña.

Himalaya: Cumbres Borrascosas

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La décima cumbre más alta del mundo. El frío impera y la hipoxia amenaza: en resumen, 8,091 metros sobre el nivel del mar e ingentes cantidades de valor necesarias. Es el Annapurna, ubicado en el Himalaya y una de las 14 únicas cumbres sobre los 8,000 metros de altura. Culminando actualmente su escalada, Richard Hidalgo, macho que se respeta.

Esto, como se ve, no es mero montañismo: es alpinismo de alta montaña, actividad brava que requiere preparación diferenciada y algo de locura. Desde inicios de abril, Hidalgo inició la escalada, asentándose en el Campamento Base del Annapurna, a 4,200 m.s.n.m., el 9 de abril, y desde entonces subiendo y bajando para ir instalando sus propios campamentos (ver mapa). El lunes 7 de mayo, un mes después y ya cerca a la cumbre, tentaba el primer intento de llegar al cielo y, claro, poder literalmente mirar por sobre el hombro al resto de la humanidad.

En la cima, se sienten muchas cosas, según su compañero de Perú 8 mil, Ernesto Málaga: satisfacción, paz, cansancio y, según lo que ya antes le comentó Hidalgo, frío. Mucho frío. Y tras un mes de escalada, 15 minutos sobre la cumbre son más que suficientes. Y luego, el descenso, el descanso.

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Ruta macha: contando prácticamente con un mes de expedición, Hidalgo se propuso llegar a la cima del Annapurna sin oxígeno.

PASOS DE ALTURA

Para Hidalgo, al igual que el resto de sus expediciones dentro de su plan de escalar las 14 cumbres sobre los 8,000 metros de altura, el Annapurna no ha sido para nada un juego de niños sherpas. El 14 de abril, incluso, debió descender raudo desde el Campamento II al Campamento Base debido a una tormenta con rayos y truenos. Teniendo en cuenta que, al escalar a esas alturas, avanzar 10 metros sin descansar es un logro, descender duele en el alma.

No es, claro, la única molestia usual con la que los alpinistas de alta montaña deben lidiar. Durante el mes que suelen durar estas expediciones, “el duchazo no existe: te limpias como gato”, cuenta Málaga: “Además, la comida neofilizada que uno lleva es horrible”. Pero, tal vez, lo más duro de lograr es conciliar el sueño: “Pasados los 6,500 metros ya no duermes, sino solamente dormitas –prosigue Málaga–: caes en un sueño profundo por tres minutos y te despiertas. Y así toda la noche, debido a la falta de altura y oxígeno. Al final, las horas de sueño real no suman más de dos días”.

Y ello, claro, es solo la parte de la expedición, en la cual Hidalgo ha venido registrando su progreso vía GPS y comunicando sus experiencias a Málaga vía telefonía satelital de Tesacom. Pero, antes, la previa de preparación puede durar hasta un año, haciendo escaladas de aclimatación todos los fines de semana en zonas como Ticlio y entrenándose para resistir la falta de oxígeno en cámaras hiperbáricas.

Y la cereza sobre el nevado: una expedición como ésta, full equipado para la supervivencia (ver infografía), puede costar alrededor de US$ 30,000. Y tocar muchas puertas para auspicios, obvio.

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CUMBRES A LA PERUANA

Richard no es, obviamente, el único peruano con metas altas. Fernando Caballero es otro nombre que se ha trazado el reto de escalar las 7 cumbres más altas de cada continente: el Aconcagua (6,962 m.s.n.m.), en Argentina; el Denali (6,198 m.s.n.m.), en Alaska, Estados Unidos; el Elbrus (5,642 m.s.n.m.), en Rusia; el Kilimanjaro (5,893 m.s.n.m.), en Tanzania; el Macizo Vinson (4,892 m.s.n.m.), en la Antártida; la Pirámide Carstensz (4,884 m.s.n.m.), en Indonesia y, la prueba de fuego final, el Everest, en Nepal, con sus temibles 8,848 metros sobre el nivel del mar. En cristiano: ¡uf!

“La conclusión es que la montaña es muy honesta con uno mismo: no la puedes engañar. Te va a mostrar cómo eres, tus propias limitaciones y valores. Pero ahí, en la cima y durante la escalada, encuentras lo que valoras: la belleza, la superación, el autoconocimiento”, explica Caballero, quien ya trepó las cuatro primeras cumbres mencionadas y se prepara para la quinta, Vinson, a fines de 2012. Sí, más que una locura, el montañismo es pasión. Y frío, no olvidar.


 


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