Opinión “El mandoneo del lenguaje se transforma en una herramienta más de subordinación contra quien está debajo de la pirámide”.
Mensajes Preventivos
LIMA, 7 DE MAYO DE 2012Hace unos años dos lingüistas peruanos, Juan Biondi y Eduardo Zapata, publicaron un estudio sobre los disparates que se enseña a los niños en las escuelas peruanas bajo el principio de que la educación debe ser la misma para estudiantes de costa, sierra, selva, espacio aéreo y mar territorial. El título del libro es “A los animales que maman se les llama…”, pues ese era uno de los ejercicios en el texto oficial del en ese entonces llamado curso de Lenguaje. Se proponía con este ejercicio que los niños completaran el enunciado para reforzarles la lógica en la semántica. En un lugar de nuestras serranías los autores encontraron la oración redondeada de la siguiente manera: “A los animales que maman se les llama… y vienen”. La función hace al órgano, a esos muchachos pastores les vale nada que la vaca pertenezca al género mamífero si es que al llamarla para regresar al corral, no hace caso y se va.
¿Qué función habrá hecho a qué órgano en la personalidad del ministro de Defensa, Alberto Otárola, en una entrevista dada a un diario nacional el domingo 6 de mayo pasado? Cuando hace referencia al caso del joven suboficial César Vilca presumiblemente abandonado por la tropa de búsqueda en La Convención, Otárola declara: “En el Ejército existe una máxima que lo que se prioriza es el rescate de los heridos y si hay bajas, que las personas fallecidas regresen a sus hogares”. De lo explicado por el carterista de Defensa podría dilucidarse la lógica de los acontecimientos: habiendo ya fallecido el suboficial Vilca, este pasaba a segunda prioridad, pues estaba en condiciones de regresar a su hogar. Es lo que yo he entendido pero bueno, a los animales que maman se les llama y vienen.
Es el discurso del poder. Cuando se adquiere una parcela en este feraz jardín, el feliz propietario se siente con derecho a ejercer su dominio ya no solamente sobre plantas y otros seres vivos incluyendo al humano, sino sobre el discurso mismo: En el Ejército existe una máxima… Y en el Perú, quizás por las abismales diferencias culturales entre lo que había y lo que vino de Europa, perpetuadas en una historia de exclusión y abandono de lo no oficial, ese mandoneo del lenguaje se transforma en una herramienta más de subordinación contra quien está debajo de la pirámide de modo que este ya queda fuera de toda comprensión, suya hacia el sistema formal y de los demás hacia él.
En la pequeña ciudad de Urubamba, hoy tan poluída por el turismo incluyendo la metástasis de ladronzuelos y asaltantes, el alcalde ha lanzado una campaña que consiste en colocar en calles claves unos carteles con mensajes preventivos. Consideremos que la población mayoritaria de Urubamba tiene al quechua como lengua materna y que un número importante de mujeres adultas son analfabetas absolutas mientras que su equivalencia en varones es de analfabetismo funcional. Uno de los carteles, flamante, con letras amarillas sobre fondo azul, dice así: La ciudad está organizada. No se admiten delincuentes en esta zona. Elegantísimo el alcalde, poco más y culminaba el mensaje preventivo con algo así como que la casa se reserva el derecho de admisión y un RSVP para los invitados.
Pero otro de los carteles alcanza una cota surrealista, cuando con orgullo y pasión aconseja: La oportunidad alienta al delincuente. Niégasela. Desafío al lector a descifrar tremendo mensaje preventivo y a quien gane –señalando una polisemia breve, más no se podrá pedir– le regalaremos un pasaje a Urubamba para observar cómo a los animales que maman se les llama y mamiferean. (Escribe: Rafo León)