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Otárola y Lozada Renuncian

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La suerte del Ministro del Interior estaría echada, por lo que el oficialismo ahora busca “salvar” de la censura al Ministro de Defensa.

Poco antes de las 2 p.m. del jueves 10, la Presidencia del Consejo de Ministros confirmó la renuncia de los ministros del Interior, Daniel Lozada, y de Defensa, Alberto Otárola. De esta manera, ambos zanjaron la inminente censura que el Congreso plantearía el sábado 12. Las tensiones militares y los traspiés policiales desencadenaron la crisis.

Poco antes de estos hechos, ya fuentes cercanas a Palacio de Gobierno aseguraban que el oficialismo había acordado respaldar a Otárola, y dejar caer al titular del Interior, Daniel Lozada. “El presidente del Consejo de Ministros, conforme a lo dispuesto en el artículo 122 de la Constitución Política, ha procedido al trámite correspondiente ante el Despacho Presidencial”, señaló el comunicado oficial, emitido mientras el presidente Humala continuaba en su periplo por Asia.

Se necesitaban 66 votos para que proceda la censura y un conteo inicial indicaba que la oposición se acercaba peligrosamente a la cuota. El bloque fujimorista compuesto por 37 congresistas ya se había pronunciado a favor de censurar a Lozada y Otárola. Lo mismo acordaron Alianza por el Gran Cambio (12 votos), Solidaridad Nacional (8 votos) y Concertación Parlamentaria (6 votos). En total sumaban 63 votos.

Los oficialistas de Gana Perú, Rosa Mávila y Javier Diez Canseco, a quienes se acusa de “disidentes”, también se habían mostrado de acuerdo con censurar a ambos ministros, aumentando a 65 votos. Antes de este súbito desenlace, se estimaba que en este estratégico ajedrez serían los miembros de Perú Posible, Acción Popular y los llamados “independientes” los que definirían el jaque mate.


LA GUERRA INTERNA

Para el propio presidente Ollanta Humala las responsabilidades de Otárola y Lozada con lo ocurrido en La Convención son claras. Al primero se le atribuye una “falta de liderazgo” en el escenario de guerra y una escasa comunicación con sus jefes militares, pero éste arguye una explicación.

Otárola se encontraba en Corea del Sur cuando ocurrió el secuestro de Kepashiato, el lunes 9 de abril. Llegó a las 8am del miércoles 11 y arribó a Kiteni en una pequeña aeronave Cheyenne del Ejército, el jueves 12. Recién ese día la zona fue declarada en “emergencia” y con ello se dispuso el ingreso de las FF.AA. Es decir, entre el 9 y el 12, el Ministerio del Interior estuvo estrictamente al mando de las operaciones en el Cusco.

Al día siguiente, el viernes 13, Otárola convocó a una primera reunión del Comando Unificado en Kiteni, constituido por el jefe del Comando Conjunto de las FFAA, general EP Luis Howell; el jefe del Ejército, general EP Víctor Ripalda; el jefe de la Marina, almirante José Cueto; el jefe de la FAP, general del aire Pedro Seabra, y el director de la Policía, teniente general Raúl Salazar.

El único ausente fue Ripalda. Versiones militares indican que Ripalda culpó a Otárola por la filtración del documento en el que se ordenó el retiro de los 1,000 chalecos antibalas sin placas de cerámica del VRAE (CARETAS 2228).

La tensión entre el ministro de Defensa y el jefe del Ejército se tradujo en la significativa ausencia del segundo a múltiples sesiones convocadas por Otárola en el piso 12 del edificio ministerial en el Campo de Marte.

Hay versiones que señalan que Ripalda ni siquiera le contesta el teléfono al titular de Defensa. Por el contrario, a quien sí habría estado reportando directamente es al asesor presidencial, coronel EP (r) Adrián Villafuerte.

Ambos son compañeros de promoción, y se dice que fue Villafuerte quien logró que Ripalda permanezca en el cargo, cuando se supone que Humala ya había decidido que el general EP Leonel Cabrera Pino asuma la jefatura del Ejército, en enero de este año. Cabrera fue el jefe de Humala cuando éste se desempeñaba al frente de la Base Contrasubversiva 313, en Madre Mía, en 1992.

Villafuerte llegó a Kiteni el viernes 13 y se quedó allí por varios días observando el desenvolvimiento de las acciones y, en algunos casos, decidiendo lo que se tenía que hacer. La coordinación que mantuvo con Ripalda, a espaldas del ministro de Defensa, fue permanente, para formarse una opinión de lo que ocurría en el Cusco e informar al Presidente.

En público, Humala ha respaldado a sus ministros, pero en privado ha sido duro con ellos, según fuentes con conocimiento de causa. A Lozada le habría recriminado fuertemente por los primeros “errores mortales” en la zona de combate, y le habría anunciado que su salida es un hecho. A Otórala le dijo que su permanencia depende de lo que ocurra en el Congreso de la República.

Si se salva de la censura seguirá en el cargo, pero no por mucho tiempo. El Presidente aguarda la censura para tomar acciones. Si solo se va Lozada no habrá otro cambio en el gabinete hasta la primera quincena de junio, pero si censuran a ambos adelantaría el cubileteo. Según fuentes de alto nivel se irán Otárola, el premier Óscar Valdés, la ministra de la Mujer, Ana Jara, y el canciller Rafael Roncagliolo.

El propio Valdés ya había anunciad o que, de haberse producido la censura, habría puesto su cargo a disposición del Presidente. En el bolo para reemplazarlo figuran el ministro de Economía, Luis Miguel Castilla, y el titular de Transportes, Carlos Paredes. El congresista Abugattas fue una opción, dice una fuente confiable, pero si se produce la censura su suerte estará echada.

El singular pragmatismo del Presidente quedó demostrado el sábado 5, poco antes de su viaje a Asia. Le habría dicho a Otárola que, en un momento, pensó en él como posible Premier, pero cuando se cometen errores se paga un costo. Puso como ejemplo al ex premier Salomón Lerner. Humala le dijo que Lerner fue leal y “paró la olla” en la campaña. Pero cuando tuvo que sacarlo no le tembló la mano.


 


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