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Deportes El fotógrafo Paco Chuquiure siguió a la campeona mundial durante un año. Kina defiende su título este 19 de mayo en Lima.

Kina Antes de la Pelea

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Kina en su habitación en la casa de Long Beach, California. El peluche no tiene nombre, se lo compró ella misma. La muestra –“Becoming Big”– será exhibida en agosto en la XVII edición de los Encuentros Abiertos –Festival de la Luz 2012, en Buenos Aires.

Camino al gimnasio, enero de 2011: 8:05 a.m.

Las vísceras de un perro despedazado reposan sobre las vías del freeway 405, junto a una bola de pelajes negros un letrero indica “Rehabilitation Road”. Mientras conduce su auto deportivo Mitsubishi bebiendo un vaso de café, Kina Malpartida Dyson observa a través de sus lentes oscuros cómo la luna se posa sobre la ciudad de Los Ángeles en el horizonte. Al interior del vehículo se escucha música agresiva, del guetto, el rap de The Game.

Tomamos la salida 710 y luego conducimos a lo largo de una avenida muy ancha. Estamos en el distrito de Bell. Al llegar al cruce de las avenidas Atlantic y Gage viramos a la izquierda. Junto al local de un negocio de fianzas una marquesina en letras rojas anuncia: Azteca Boxing Club. En el estacionamiento, Kina busca con la mirada el vehículo de su entrenador.

Sobre el cuadrilátero. 9:00 a.m.

Día de sparring. La rival se llama Angel. Ella lleva el brazo izquierdo tatuado desde el hombro hasta la muñeca. Usa el cabello corto y viste un polo estampado en el que una motocicleta de hierro es atravesada por una espada medieval. La contienda despierta el interés entre los concurrentes al gimnasio. Los parlantes del equipo de sonido del local acompañan el primer round:

Estoy estacionado en los fracasos/y hoy voy a remediar la situación./Será que siempre he dado demasiado/y en el exceso siempre salgo dañado./Por mujeres como tú, amor/hay hombres como yo./
Al cabo de tres rounds, Ángel ya tiene toda la cara irritada. Su nariz, de tanto mazazo recibido, apenas le permite respirar. Hacia el cuarto round ya ha caído a la lona innumerables veces, su cabeza parece una pera de boxeo. Durante el quinto round se desploma nuevamente pero esta vez Kina se acerca y le pregunta preocupada “¿Estás bien?” Ella asiente afirmativamente y se pone pie, tambaleándose. Al acabar el combate, Ángel se acerca a Kina y, después de agradecerle por la oportunidad de ser su sparring, le pregunta “¿Qué tal lo hice?”.

En casa, Long Beach. 3:00 p.m.

La habitación de Kina es sencilla. Sobre su cama reposa boca arriba un pequeño tigre de peluche. En las paredes, pegadas con cinta adhesiva, hay un puñado de fotos a color tamaño jumbo: Su madre en ropa de baño sentada frente al mar; su padre el día del baile de graduación escolar; su hermano jugando durante la infancia y ella misma posando con el cinturón de Campeona Mundial de la AMB, el ojo izquierdo morado y una sonrisa de oreja a oreja. Desde la sala, una melodía de Van Halen que habla de sueños imposibles se introduce en el cuarto.

Sobre su velador se superponen tres libros; The Miracle of Mind Dynamics y Believe in Yourself de Joseph Murphy, y The 48 Laws of Power de Robert Greene.

Sobremesa boxística. 7:30 p.m.

La sala de la casa es dominada por el cuadro de un pez gigante que se contornea a través de algas multicolores. Al frente, el televisor pasa imágenes de un noticiero por cable peruano. En la mesa principal han quedado los platos vacíos y los vasos de Gatorade a medio tomar. Es hora de la sobremesa. Aprovecho la oportunidad y le pregunto a Kina sobre sus referenes boxísticos. “Por técnica y pegada Alexis Argüello y Salvador Sánchez.” me comenta. “El Flaco Explosivo”, como se le conocía a Argüello, también luchó durante años contra la depresión y la adicción al alcohol. Tricampeón mundial de boxeo y Alcalde de Managua, solo una bala de su propio revólver pudo acabar finalmente con la tristeza del hombre catalogado como ‘El mejor deportista nicaragüense de todos los tiempos.”

“Sal” Sánchez alcanzó el Campeonato Mundial de Peso Pluma de la CMB en 1980 y adquirió status de leyenda viva al hilvanar 10 exitosas defensas de su título antes de estrellar su Porsche 928 blanco contra un camión de hortalizas en la carretera Querétaro-San Luis de Potosí (México). Murió en el acto. Tenía 23 años.

Con esas referencias le pregunto si existen finales felices en este deporte. “Sí, Oscar de la Hoya y Manny Pacquiao”, asegura con una sonrisa. La suya, lo ha decidido, será la tercera. (Fotos y textos: Paco Chuquiure)


 


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