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Seguridad

Los Nuevos Astuquillcas

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El Sobreviviente. Luis Astuquillca fue ascendido a suboficial de segunda y será enviado como auxiliar a la Agregaduría Policial de Uruguay.

Se descansa de día y se camina de noche, como animales salvajes. El exigente entrenamiento que le salvó la vida al suboficial Luis Astuquillca, ascendido a suboficial de segunda y enviado como auxiliar a la Agregaduría Policial del Uruguay.

“Luis Astuquillca es un heredero de los sinchis”, zanjó el ex ministro del Interior, general PNP (r) Remigio Hernani, cuando este suboficial que sobrevivió a una odisea infernal de 17 días en la selva de La Convención (CARETAS 2230), fue ascendido de grado, el martes 22.

Al espíritu de Astuquillca se sumó su vital formación. Pasó por la Dirección Nacional de Operaciones Especiales (Dinoes) y también hizo cursos de supervivencia en la base de “Los Sinchis”, en Mazamari, Junín. Ambas son las unidades élite de fuerzas especiales de la Policía. El duro entrenamiento de varios meses terminó por salvarle la vida.

MENÚ DE LA SELVA

“Sin agua no puedes vivir”, sentencia el superior PNP Nelson Pineda frente a sus 150 alumnos de la Dinoes en el cuartel ubicado en el ex Fundo Barbadillo, en Ate-Vitarte. En la selva, añade el suboficial PNP Jesús Pinto, “el agua se debe purificar cuatro veces: con tierra, carbón, algodón y una pañoleta”. Las instrucciones son precisas. “Con el impermeable del comando se simula un pozo para juntar agua todas las noches, y en las madrugadas se recolecta el rocío de las plantas en la cantimplora”, indica.

Seleccionar alimentos es otra tarea de vida o muerte. “En la selva, no puedes comer lo mismo que los animales silvestres. Tienes que comer el alimento de los pájaros”, advierte Pinto.

La shapaja, pituca y ungurave son algunas raíces y plantas comestibles de la selva. Astuquillca en el Cusco se alimentó con hongos, gusanos, plátanos y toronjas. Los suris, chicharras, zamaño, cukte, kirkincho y serpientes no venenosas completan el extremo menú de un sobreviviente.

El manual de los comandos de la Dinoes y “Los Sinchis” establece que en la selva se debe dormir poco para prevenir cualquier ataque sorpresa. Se descansa en el día y se camina por las noches, como los animales salvajes.

SOBREVIVIR EN EL MONTE

Los rigurosos cursos en la Dinoes y “Los Sinchis” pueden durar entre dos y cuatro meses. Cada especialidad de preparación dura una semana y se realiza con un instructor que pertenece a la FIR (Fuerza de Intervención Rápida) o COPES (Comando de Operaciones Especiales) de la Policía. Sobrevivencia anfibia, inserción en la selva, viaje en convoy, paracaidismo, supervivencia extrema son algunos de los cursos. Y están abiertos para cualquier oficial o suboficial policial, previa revisión de su legajo de servicio.

“Un comando debe estar preparado para cualquier situación”, resume el coronel PNP Amador Bacalla, jefe de la Dinoes. Concuerda con él su colega y jefe de ‘Los Sinchis’ de Mazamari, coronel PNP Edgar Del Castillo.

Nadar con las manos, pies y cuello atados es una de las pruebas más duras a las que son sometidos los futuros combatientes. “Hay que nadar de costado cuando se tiene arma y mochila”, es la consigna de los instructores PNP Juan Novoa y Bacilio Ortiz a los futuros Dinoes y ‘Sinchis’. “Se debe respirar profundamente cinco veces antes de sumergirse al agua”, detalla Juan Novoa.

La preparación en descenso fast rope, a una altura de 35 metros, simula la inserción en la selva desde un helicóptero. “El tiempo de bajada no debe exceder los ocho segundos. Eso mide la sorpresa del ataque”, explica el instructor e integrante de las FIR, José Acosta.

Ese procedimiento estaba siendo puesto en marcha por los suboficiales PNP Astuquillca, César Vilca y Lander Tamani, cuando el helicóptero del que descendían fue atacado por terroristas y emprendió el retorno dejando a los policías solos en medio de la selva de Kiteni, el 12 de abril. Tamani y Vilca murieron producto de los enfrentamientos. Solo el guerrero Astuquillca volvió.

DE KITENI A URUGUAY

Una patrulla usual de comandos de la Policía está compuesta por 12 combatientes. El jefe del grupo es el de mayor rango y lo acompañan un ‘pepero’ (quien maneja un lanzagranadas de 40 mm), un ‘perrero’ (el que carga la ametralladora), el “brujulero”, el paramédico y los fusileros con armas AKM o HK en mano.

“El arma nunca se abandona”, apunta religiosamente el comandante PNP Walter Chicana, jefe de Escuela de Preparación de la Dinoes. “Al compañero, así esté herido, tampoco”, enfatiza. “Cuando hay un herido, se le lleva a una zona ‘limpia’ para atenderlo. Hay que aplicarle un torniquete donde sale la sangre y ponerle suero”, explica Pinto. “El resto de la patrulla debe estar cuidándose las espaldas y seguir disparando al enemigo, si fuera posible”. El compañerismo es regla y Astuquillca es un ejemplo con los cuidados que brindó a su fallecido ‘camachín’ César Vilca, apodado “Mascabomba”.

Ahora, a casi un mes de su increíble historia, el sobreviviente Luis Astuquillca se alista para volver a casa. El martes último fue ascendido a suboficial de segunda y el miércoles 23 dejaba el Hospital de la Policía. Se ha informado que será enviado como auxiliar de la Agregaduría Policial de Uruguay, pero a él sólo le importa cumplir con su labor, como ocurrió en aquellos 17 días eternos en los que su entrenamiento lo ayudó a convertirse en un guerrero capaz de vencer lo que la selva y los criminales le pusieran en el camino. Incluso la muerte. (Eloy Marchán)


 


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