Entrevistas La intensa lucha de dramaturga Mariana de Althaus por hallar un lugar en la vida.
Sensibilidad y Sufrimiento
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De Althaus, con una docena de obras escritas, tuvo sus primeras incursiones al teatro de la mano de su abuela. |
A Mariana de Althaus (37) le costó un gran esfuerzo encontrar su lugar en la vida. El ser humano es lo que es pero el producto de lo que es deviene de los aconteceres de su infancia y adolescencia. Es ahí donde los psiquiatras bucean con mayor énfasis y prolijidad para detectar la auténtica personalidad del ser humano. La tengo frente a mí en el Restaurante Costa Verde para entrevistarla. No la conocía. “Se parece a su padre”, “y también a mi madre”, me contesta. Está alerta, totalmente inhibida de lo que sucede a su alrededor, lo cual me hace entrever que es muy capaz de encapsularse. La entrevista, desde la primera pregunta, toma un carácter intimista y muy introspectivo que “sin querer queriendo” se va transformando en una hoja de vida presidida por la sensibilidad doliente de Mariana. Éste es el relato de cómo ella acabó por ubicarse en un mundo que es mucho más pequeño aunque más profundo que el del resto de los mortales: el del teatro. Un mundo en el que las palabras tienen mucho más peso específico y las dolencias internas y las alegrías, los llantos y las risas están exentos de esa cáscara de banalidad propia de ese mundo exterior en el que ella no se involucra. Esto parece duro. Sin embargo ya es otra, ella ha cambiado y ese cambio se lo dio la maternidad, con la cual acabó descubriendo un mundo más amable y más comprensivo ante las falencias humanas. Comprobémoslo.–¿Cuándo decidió usted dedicarse al teatro como dramaturga? ¿Cómo llegó a ello?
–Cuando descubrí en el teatro un medio para expresar un mundo interior que siempre he tenido muy protegido por mi timidez y por mi naturaleza solitaria y contemplativa. No tuve una infancia muy feliz, y creo que esa tristeza sembró un camino propicio para la creación teatral.