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Opinión “¿Para qué se va esa plata? Para evitar investigaciones sobre malversación, peculado y cutra pura y dura”.

Cusco con Mermelada

Lima, 27 de mayo de 2012

En una ocasión pasé por Cusco apenas medio día en tránsito hacia Puno y me senté a almorzar en el entrañable Ayllu –ahora convertido en una cafetería de Wichita Falls–, y como tenía un poco de tiempo antes de abordar la avioneta que me llevaría al altiplano, decidí visitar la capilla de la Sagrada Familia. Esta se sitúa a un lado de la Catedral, es una joya y acababa de ser restaurada por Telefónica. No lo pensé dos veces, estaba a un paso, me levanté y me fui hacia el portón renacentista de la pequeña iglesia. En la taquilla me detuvo un funcionario a ofrecerme la única manera como yo podía visitar ese monumento: pagando los setenta soles del Boleto Turístico Único, el que me daba derecho a ingresar a una decena de templos, conventos, capillas y centros arqueológicos. Argumenté la inconstitucionalidad de la medida, invoqué al Indecopi, pero nada, o se pagaba o se pagaba. Y eso que yo tenía tarifa peruana porque la del extranjero es el doble.

Este boleto fue creado en 1978 y no creo que con ninguna buena intención de facilitar la visita del turista a varios monumentos pagando una sola vez. Como la mecánica es medio dolosa y la recaudación nunca se ha reinvertido en mejoras en lo patrimonial, el Arzobispado ha retirado del boleto las joyas de la corona: la Catedral, la Compañía, el Qoricancha, el Museo Virreinal, entre otros. Queda en el ticket una decena de lugares entre los cuales si bien están Sacsayhuamán, Q’enco, Tambomachay, Puca Puccara, Chinchero y una que otra iglesia de segundo nivel, vuelve al boleto una extorsión carísima para quien tiene focalizados los espacios turísticos que desea visitar. La cosa es que entre broma y broma la entidad Cosituc encargada del boleto oficialmente recauda 50 millones de soles al año. Algo poco transparente debe haber en el asunto cuando la Cámara de Comercio de Cusco, luego de haber cruzado información entre estadísticas, da una cifra ligeramente mayor…125 millones de soles.

Un diario nacional publicó recientemente en su suplemento de economía, en relación al tema, un dato que me hizo parar los pelos. El jefe de comunicaciones de Cosituc declara que hay asignado un presupuesto mensual en la entidad de 75 mil soles para pagar a empresas periodísticas y a periodistas: “Yo no necesito publicitar el boleto porque como somos monopólicos igual nos van a comprar”. ¿Y entonces para qué se va esa plata? Muy simple, para mermelear a medios de comunicación y a periodistas a fin de que le echen flores a la gestión municipal de Cosituc y de paso, se evite cualquier posibilidad de abrir investigaciones sobre malversación de fondos, peculado y cutra pura y dura en la operación del anticonstitucional boleto. Periodistas consultados por la misma fuente a su vez justifican la mermelada diciendo que les pagan de sueldo como máximo ochocientos soles en sus empresas y que con eso nadie vive. Tienen toda la razón.
La Cámara de Comercio de Cusco está decidida a investigar a fondo este sucio y complejo asunto, pero ya podemos intuir qué es lo que se viene. Esa especie de irracionalidad que muchas veces sostiene protestas cusqueñas donde se mezclan el reclamo con la ideología y la exigencia porque se haga justicia con un pueblo al que le fue expoliado un Imperio, ni más ni menos. Mucha bulla callejera llena de demagogia y confusión. Mientras tanto la realidad de la gestión pública del turismo en la región seguirá siendo extraordinaria o desastrosa, según se paguen o no los viáticos de diez mil soles que se tiene asignados a periodistas y empresarios de la comunicación. A ver quién mete el dedo en ese enchufe, querido Luis Peirano. (Rafo León)


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