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Opinión “El tema Espinar es complejo pero muestra una simplicidad en su lado menos comprensible y más urgente”.

La Historia y la Política

Lima, 4 de junio de 2012

Nicolás Rubachov dio su vida por el Partido, era en el mejor sentido de la palabra un viejo revolucionario; sin embargo su visión –o su ceguera– no le permitieron intuir que la fe que él había puesto en el proyecto de su existencia, la revolución, no era un soporte suficiente porque se trata de una opción relativa y cambiante. ¿O hay algo más frágil que la fe absoluta en algo o en alguien que promete trastocar enteramente las leyes de la vida en sociedad? Cuando se inician las purgas stalinistas, Rubachov de un día para otro cae de un pedestal a una celda inmunda, y es sometido a tortura psicológica, aislamiento y presión para que escriba su autocrítica. Una noche de insomnio Rubachov, con la serenidad de quien sabe que ya perdió la partida del todo, recuerda la cara de Gletkin, el joven comisario del pueblo a cargo de su interrogatorio, compara al helado burócrata con su propia imagen, la del luchador de veinte años atrás, y concluye mientras cumple con el tic nervioso que ha adquirido en la prisión –limpiar las lunas de sus lentes con la manga de la camisa– en que él, Rubachov, había hecho Historia mientras que los nuevos artífices del stalinismo lo que hacían era política. Y así sigue la magnífica novela/testimonio de Arthur Koestler, El cero y el infinito, hasta la silenciosa debacle final.

El tema Espinar es sumamente complejo pero muestra una gran simplicidad en su lado menos comprensible y a la vez, el más urgente. Me refiero al porqué del conflicto más grave que enfrenta Humala en su décimo mes de gobierno, punto de una cadena de confrontaciones que puede ser mucho más larga y pesada de lo que pensamos. La simplicidad radica en que sería imprescindible dilucidar si el problema de fondo es el de la contaminación ambiental o si se trata de presionar para conseguir que el fondo voluntario de la mina, de treinta millones de soles en 2011, sea manejado por las autoridades de la provincia sin ninguna injerencia de la empresa. Volviendo a Koestler, si esas autoridades locales, más los partidos de izquierda legal y los congresistas del partido oficialista que se han convertido en los peores enemigos del gobierno en medio de esta circunstancia, si todo este conjunto estuviera seriamente comprometido con el supuesto problema de la contaminación que estaría produciendo Xstrata/Tintaya en Espinar, se diría que la izquierda está haciendo Historia. Una causa de valor y magnitud globales que merecería el respeto y la adhesión de cualquier persona con unos grados de decencia adentro de la cabeza. Pero todo hace pensar que en lugar de una causa de valor y magnitud globales, se está jugando una chanchita de treinta millones que no demanda impulsar la Historia sino, apenas, hacer política.
La responsabilidad sobre lo que viene ocurriendo en Espinar está repartida entre muchos actores y el gobierno tiene una parte contundente de la torta. Falta de previsión, ligereza en la evaluación del problema, incapacidad para reaccionar a tiempo y cuando ya las papas quemaron, militarización del conflicto. La empresa tiene la suya, compromisos incumplidos, manipuleo del convenio marco y sobre todo esa desatención insoportable que caracteriza a la minería en el Perú hacia la realidad inmediata de su área de influencia. Hoy degradada, empobrecida y sobre todo, lumpenizada a niveles increíbles, lo que se puede apreciar pasando un sábado en la noche por la ciudad de Yauri, un lupanar gigantesco separado de una ciudad suiza –el campamento de la minera– por vallas infranqueables. Pero quizás, ahora, en el núcleo del huracán, la mayor responsabilidad esté en esa nata de izquierda legal que no deslinda –¡una vez más!– con fuerzas como Patria Roja, que tienen el hito Espinar, el hito Conga, el hito Las Bambas como escalones hacia… ¡la toma del poder! ¿No suena demasiado conocida esta rueda sin fin de desacierto y negación de la realidad? ¿Por qué se insiste en levantar la causa de la contaminación sobre un amañado informe realizado en otra localidad? ¿Por qué la izquierda responsable –si la hubiera– no se aparta de la voracidad por manejar plata para seguir haciendo más política y menos Historia? Fenómenos que se repiten como si se no pudiera aprender nada del pasado. Otro personaje de la novela de Koestler, Ivanof, también caído en desgracia, acota sobre la conclusión de Rubachob: “veo muy bien que el cuerpo de este generación ha sido desollado vivo; pero no veo ni rastros de piel nueva”. (Rafo León)


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