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Internacional

La OEA y Bolivia: Acuerdo en Cochabamba

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Presidente de la Corte Interamericana, peruano Diego García Sayán, y secretario ejecutivo de la OEA, chileno José Miguel Insulza.

Pese al encendido verbo del presidente anfitrión, la prudencia se impuso en la Asamblea General de la OEA en Bolivia. Tensas negociaciones sobre la reforma de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dominaron la agenda cochabambina.  

 
¡Volveré! Y seremos miopes”.
¿Miopes, dijo?
Millones, hombre, corrigió el vecino impaciente.

El auricular cuyo cordón desaparecía tras la oreja delató al individuo como guardaespaldas de una de las delegaciones internacionales.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, acababa de inaugurar la 42a Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Cochabamba, soltando una filípica contra EE.UU. y la propia OEA.

Y, ahora, de manera singular, Morales y centenares de asistentes a la ceremonia observaban la proyección de Insurgentes, un largometraje boliviano, de propaganda política, sobre la gesta indígena independentista en el altiplano.

Morales gobierna hace seis años Bolivia, y la semana pasada anunció que procurará su re-reelección en 2014.

Los franelazos están a la orden del día.

La gesta revolucionaria de Túpac Katari y su sacrificio fueron el clímax de la película.

Poco antes de ser fusilado, el líder aymara clamó su renacimiento a la cabeza de millones de seguidores.

El paralelo con Evo fue apenas disimulado.

LOS DERECHOS HUMANOS

El uso del cadalso y del pelotón de fusilamiento con los que se dirimían las diferencias políticas en la película, sirvió de contrapunto al agudo debate interno en la OEA sobre el destino de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), una de las dos entidades del Sistema Interamericano encargadas de velar por los derechos humanos en el continente.

–“No cabe duda que es necesaria”, ironizó un delegado colombiano a manera de crítica cinematográfica.

Oficialmente, el tema central de la Asamblea General fue la seguridad y soberanía alimentarias en las Américas, pero el verdadero jaleo fue la propuesta de fortalecimiento de la CIDH (CARETAS 2233).

Esta idea plantea una revisión de los estatutos de la Comisión.
Las reformas buscan la universalidad, previsibilidad y acatamiento de las resoluciones de la CIDH.

Pero muchos Estados y organizaciones de la sociedad civil temen que este cambio abra una verdadera caja de Pandora.

El forcejeo en Cochabamba se concentró entre Venezuela y Ecuador versus Canadá y EE.UU. Los primeros insistieron en que la Asamblea General suscriba la resolución aceptando las recomendaciones de la comisión de trabajo constituida en junio de 2011, mientras que los norteamericanos se oponían.

La paradoja es que tanto Canadá como EE.UU. no han suscrito la Convención Americana y por lo tanto no aceptan la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

“Si EE.UU. no quiere que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo supervise, mejor que esta desaparezca”, advirtió el mandatario anfitrión.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, viajó sorpresivamente a Cochabamba –siendo esta una reunión de cancilleres– para castigar a la Relatoría de Prensa de la CIDH y sumarse al cargamontón.

“Si el Sistema Interamericano no es capaz de estar a la altura de los tiempos que vive nuestra América, tendremos que buscar algo nuevo, mejor, algo más nuestro”.

Desde Caracas, Hugo Chávez se pronunció en los mismos términos (el informe periodístico resaltó que, pese a su enfermedad, el presidente venezolano pudo caminar para hacer estas declaraciones).

Resulta sintomático que estos críticos de la CIDH sean líderes embarcados en procesos reeleccionistas y autocráticos.

CARICATURA E INDEPENDENCIA

Evo Morales caricaturizó la labor de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

“Para la OEA hay dos caminos: muere al servicio del imperio o renace para servir a los pueblos de América”, sintetizó el presidente Morales.

El presidente de la CIDH, José de Jesús Orozco, recordó que en 2011 la Comisión recibió 1,600 peticiones, administró 8,500 asuntos pendientes, aprobó 67 informes de admisibilidad y presentó 23 casos al conocimiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

También presentó 5 informes de fondo, tres de los cuales relativos a países que no han suscrito la Convención Americana: uno sobre Canadá y el debido proceso en materia migratoria y dos sobre EE.UU. relativos a la pena de muerte y violencia doméstica.

A su vez, dos países concentraron el mayor número de cautelares: Honduras (12) y EE.UU. (11).

Orozco también recordó que la CIDH fue el primer organismo intergubernamental que se pronunció a favor de los detenidos del centro de reclusión estadounidense de Guantánamo y exigió su cierre.

Solo una interpretación maniquea de la labor de la CIDH puede alegar que la CIDH es, como dijo Morales, parafraseando a Fidel Castro, un “ministerio de las colonias”.

La mediación del grupo de trabajo liderado por México e integrado por el Perú logró serenar las aguas en Cochabamba.

El martes último, la Asamblea General resolvió elevar las recomendaciones de reforma de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al Consejo Permanente de la OEA, para que en los próximos nueve meses emita un dictamen rescatando las recomendaciones que en efecto preserven la autonomía e independencia de la CIDH.

OTRAS FICHAS

Pero los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) no son las únicas fichas en el tablero.
Brasil desconoció el año pasado una medida cautelar de la CIDH que ordenaba suspender la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte, en la Amazonía, puesto que ella afectaría a poblaciones nativas.

Colombia rechina por medidas cautelares que le exigen al Estado salvaguardar la vida de comunidades enteras sin plazo ni término.

El Perú resiente que la CIDH haya denunciado al Estado peruano por el Caso Chavín de Huantar, sin dar oportunidad al nuevo gobierno de demostrar una capacidad de enmienda sobre una denuncia de lesa humanidad que tiene 15 años de antigüedad.

Es distinto el berrinche del ecuatoriano Correa contra el diario El Universal, que motivó una acertada cautelar de la CIDH en febrero pasado. O el caso de Chávez, resentido por el negativo informe anual.

“No hubo consenso para cambiar la CIDH, pero tampoco para dejar las cosas como están”, sintetizó el embajador peruano Luis Enrique Chávez, director para Multilaterales Globales de Torre Tagle. “Hay espacio para mejorar las prácticas y procedimientos y restituir la confianza”, dijo.

Orozco subrayó que la CIDH “tiene más de 50 años de construcción, evolución y perfeccionamiento. Es el patrimonio de lo que hemos construido para la defensa de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos de América. La autonomía e independencia son la fuente de su credibilidad y requisito de su eficiencia”.

EN DEFENSA DE TUPAC KATARI

“El Sistema Interamericano de Derechos Humanos es una de las instituciones más brillantes que tiene esta institución, sin la cual la OEA no podría ser”, precisó el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza. “Por eso el llamado a la prudencia es absolutamente indispensable” para no afectar “el prestigio bien ganado de la CIDH en tiempos de dictadura”.

El primero en estar de acuerdo con ello sería, seguramente, el propio Túpac Katari. (Enviado Especial: Marco Zileri)


 


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