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14/Jun/2012
 
 
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Entrevistas Los 40 Años del Restaurante Costa Verde. Aquí un boton de muestra de los múltiples visitantes ilustres que han engalanado sus salones.

La Sazón de los Modenesi

10 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Patriarca Raúl Modenesi, quien a lo largo de su vida supo “convertir el miedo en valentía”.

Hablar de Raúl Modenesi (78) es hablar del restaurante Costa Verde y de la tenacidad y fuerza interior de este hombre acostumbrado al esfuerzo de batir récords nacionales e internacionales de natación en su juventud para, una vez acostumbrado a los retos, aferrarse luego a la romántica idea de estar perennemente observando el mar que envuelve a su restaurante, ya que éste emana fuerza, serenidad y bravura que él absorbe. Uno lo ve y no puede entender cómo hace para mantenerse tan bien físicamente después del cúmulo de enfermedades graves que ha tenido que enfrentar y superar. Pero ahí está, tras 40 años épicos de lucha constante y modélica contra los azares inhóspitos de la vida, vivito y coleando, lleno de terquedad y coraje férreos. Hoy, no dejemos esto de lado, hay en este restaurante emblemático tres Raúl Modenesi: padre, hijo mayor y nieto mayor, que forman una dinastía que se enfrenta contra el tiempo. La saga Modenesi. La fuerza familiar. La unión en pos de un destino común. Veámoslos en su propia salsa. Empecemos preguntándole al padre y fundador.

–¿Cómo ha visto usted pasar estos 40 años?
–Mi vida ha transcurrido entre la natación y el Restaurante Costa Verde. No ha sido una vida fácil. El restaurante me fue expropiado, pasé terremotos, devaluación, recesión, epidemias del cólera y salmonella, terrorismo, vandalismo, tuve cáncer de próstata y me daban tres meses de vida, tengo rodillas de titanio y cuatro Sten (baypases) en la aorta, tuve neumonitis (pulmón lleno de gelatina) y me daban 24 horas de vida. Me salvé de milagro. Todo lo superé. Una vez quisieron raptarme y acabé matando a uno de mis raptores.

–Eso ya lo sé. Pero cuéntenoslo nuevamente.
–El 15 de abril de 1995 salía con mi secretaria por la puerta trasera de mi oficina y nos encontramos a dos individuos con pasamontañas y uno de ellos me puso la pistola en el pecho. Yo llevaba pistola en el bolsillo trasero del pantalón, porque eran tiempos difíciles y había recibido muchas amenazas. Mientras me insultaban fui poniendo distancia hacia atrás hasta que dando un salto y poniéndome de perfil disparé. Balacera. Mi secretaria recibió una bala en la barriga y se salvó en el hospital. Un hampón quedó muerto y el otro se esfumó. Tanto sufrió el Costa Verde con sus problemas como yo con los míos. Pero aquí estamos ahora los dos después de 40 años.

–Y gozando de buena salud. A usted se le ve muy bien y el restaurante está lleno a rebosar en gran cantidad de ocasiones. ¿Cómo se le ocurrió poner el restaurante?
–Me gustaba la cocina y con unos amigos montamos el Restaurante Martín Fierro en la Feria Internacional del Pacífico. Fuimos los que más vendimos, los de más éxito. Un día, agotado por el trabajo, aparqué mi carro en donde hoy está el Costa Verde, ya que sin el mar no sé vivir. Me dormí y al amanecer imaginé un restaurante en ese sitio inhóspito, pues entonces no había luz, ni agua, ni teléfono, ni desagüe, ni veredas, ni casi pistas. En 1972 montamos el restaurante Costa Verde. Mis socios, desanimados, puesto que no se veían resultados, me vendieron sus acciones y entonces “convertí el miedo en valentía” (ese es mi lema) y cuando estaba empezando a salir del hoyo me lo expropiaron para construir el cuartel de salvataje de la Policía. ¿25 kilómetros de costa libre y tenían que expropiarme a mí precisamente? Moví cielo y tierra y conseguí que el entonces presidente Morales Bermúdez, con una resolución suprema, hiciera que me fuera devuelto el restaurante, que era lo justo. A partir de ahí me llegó el éxito. El boca a boca. La novelería limeña. Llenos totales diarios. Por el Costa Verde ha pasado la gente más ilustre de este país y la crème internacional que nos visitaba, tanto del mundo del cine como del arte, la moda, la música, la política, etc., etc.

–Yo vi mucho en el Costa Verde a Manuel Ulloa.
–Manuel pedía huevos fritos con arroz mientras que su guardaespaldas (lógicamente en otra mesa) comía langosta a la Termidor. Cosas que pasaban, como la de Julio Iglesias que la gente le pidió que cantara y se paseó entre las mesas cantando con un micrófono. “En mi puta vida me había ocurrido esto”, me confesó riendo. O como aquella vez que Mohamed Al Fayed, el dueño de la tienda más importante del mundo, “Harrods” en Londres (el casi suegro de Lady Di, ya que ella murió en un accidente en París cuando estaba a punto de casarse con su hijo), nos cerró el restaurante para comprar telas y artesanía peruana invitando a almorzar a los comerciantes más importantes del país.

–Un restaurante internacional.
–Yo he sido el pionero de la gastronomía en el Perú. Mi competencia, por prestancia y calidad, eran el “Ebony”, “Pavillon”, “Las trece monedas” y “La balsa” del sótano del Hotel Crillón. Terminé siendo el único sobreviviente de todos ellos. (Nos saludamos y se sientan en nuestra mesa Raúl Modenesi hijo y Raúl Modenesi nieto, éste de 21 años). Sigue hablando Raúl padre: Mi hijo Raúl fue el primer peruano que se graduó como Chef en el Cordon Bleu de París. Cuenta (le dice a él) lo que te ocurrió con Jean Marie Cordier, el chef del restaurante Maxim´s de París.

–Raúl hijo: Traté a Jean Marie Cordier y supe que su mujer era peruana, de Huaral. Mi padre, por teléfono, me sugirió que los invitara a Lima. Y yo hice un trato. Vendría la pareja a Lima invitada para conocer el país a fondo (pasajes, estadía y paseos por el interior, a Huaral, etc.). Él se comprometía a dar por 15 días la comida de Maxim’s en el Costa Verde. Es decir, que se cerró el Costa Verde para convertirse en el Maxims’s. Hubo foie gras perigourdine, trufas negras y blancas, ternerito, chalottes, “morillas” (hongos franceses frescos), quesos y vinos escogidos y otras delicias. Contamos en ese entonces con todo el apoyo y las facilidades que nos proporcionó la Embajada de Francia y la línea aérea Air France.

–Cuéntenme los tres: ¿cuál ha sido el mejor y el peor momento que han pasado en el restaurante? Empecemos por el nieto.
–Raúl nieto:
El mejor fue cuando tenía 9 años y me metí en la cabina del DJ y me puse a manejar como loco las luces, el sonido, el nitrógeno líquido (humos) de tal forma que en el restaurante no se veía nada y había un caos, y el peor fue cuando mi padre y mi abuelo me agarraron enfadadísimos por el lío inmenso que había armado.

–Raúl hijo: El mejor fue el día que conocí a Allison, mi esposa, en la discoteca Home del Costa Verde, y el peor cuando me dijeron que el pescado era culpable del cólera.

–Raúl padre: El peor fue cuando me entregaron la resolución de expropiación de mi local y el mejor fue cuando el restaurante batió el récord Guinness del mejor buffet en cantidad y calidad de platos en la historia hostelera. Pero usted no me pregunta de mis triunfos de natación, en los que he sido récordman nacional en cien metros libres y mariposa y he ganado muchos campeonatos sudamericanos e internacionales, le digo esto porque lo mejor que me ha pasado en mi vida es que cuando gané en Chicago conocí a la bellísima Sylvia Kessel, con la cual me casé y llevo 52 años de felicidad con ella, ya que Silvia soportó y me apoyó en todas las vicisitudes de salud y problemas económicos por los cuales pasé. ¡Maravillosa y admirable mujer!

–Pregunta para Raúl hijo: ¿Qué cosas nuevas trae para este año?
–Hemos construido un especial horno de barro usando carbón o leña para panadería, pizzas, lasagnas, cabrito y cochinillo de leche. Además estrenaremos dos “escogidas” parrillas, una marinera y otra de carnes.

–Pregunta para Raúl nieto: ¿Está contento con su trabajo?
–Estoy feliz de trabajar con mi abuelo y mi padre en el departamento de compras, que es un área que exige bastante confianza y responsabilidad.

–¿No le robaron nunca?
–De La Parada siempre volvía sin sencillo. Inexplicable. Un día me di cuenta de que me metían un sedal con un imán en el bolsillo y tirando de él me sacaban todas las monedas.

–Pregunta para los tres: ¿Hay Costa Verde para 40 años más?
–Raúl padre: Como decía el poeta Antonio Machado: “se hace camino al andar” y yo he dejado el alma y la vida en este restaurante que siempre supo adaptarse a los nuevos tiempos.

–Raulito nieto: Algún día me casaré y buscaré mi hijo varón intensamente. Se llamará Raúl y será el cuarto Raúl de la saga Modenesi y espero tener algún nieto que prolongue esto.

–Raúl hijo: Los Modenesi no fallamos. He logrado consolidarme con el paso del tiempo y aprender la filosofía de mi padre. Hay Costa Verde para rato. (José Carlos Valero de Palma)

 


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