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21/Jun/2012
 
 
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Restaurantes Agridulce experiencia en nuevas instalaciones miraflorinas. (Por: María Elena Cornejo)

El Kapallaq

La mudanza a triplicado la capacidad de atención del Kapallaq.

Con intervalo de dos días visité este simpático restaurante que recientemente estrenó local en Miraflores. Con la mudanza ha triplicado su capacidad de atención y ha mejorado las instalaciones. La amplia cocina sigue estando a la vista, aunque ahora protegida por vidrios que amortiguan olores y ruidos. Las mesas, convenientemente distanciadas, permanecen vestidas con cubiertos, copas y servilletas. La experiencia palatal fue agradable, la gastronómica (que engloba ambiente, atención y similares) mediocre. Mala suerte que en ambas fechas, previa reserva, me tocara la misma mesa al lado de una ventana sobre la que cae a plomo el sol de la tarde en un invierno en el que no se esperan esos calores insólitos. El mozo, sin capacidad de reacción, no atinó a cambiarnos de mesa pese a nuestro pedido y a la disposición de infraestructura. En el mozo recayó también otro traspiés, al no saber explicar qué ingredientes llevaba uno de los platos requeridos.

Pese a los baches, la cocina de Kapallaq sigue siendo uno de los referentes de la cocina marina, con pocos ingredientes, productos muy frescos, platos únicos y osadas reinterpretaciones de la clásica cocina vasca y mediterránea. El Kapallaq tiene platos que su chef Luis Cordero no podría cambiar sin causar alboroto. Por ejemplo, el estupendo muchame de atún fresco preparado con las técnicas del salazonero mediterráneo y conservado en una planta climatizada por no menos de veinte días antes de llevarlo a la mesa. Los sudados, locros y espesados preparados en ollitas de barro son clásicos que no tienen pierde por su sabrosura y el equilibrio entre picor, acidez, espesura, aroma y frescor de sus componentes.


 


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