miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2237

21/Jun/2012
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre NarcotráficoVER
Acceso libre NacionalVER
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Alfredo Barnechea
Sólo para usuarios suscritos Harold Forsyth
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Opinión “La imagen de Marco Arana está tan recortada y disminuida que ahora solo se le ve fraguando su candidatura presidencial”.

La Desconfianza (Escribe: Rafo León)

Lima, 17 de junio de 2012

La noche de Jueves a Viernes Santo en la comunidad cajamarquina de Porcón es un infarto en el tiempo y el espacio. Los porconeros, quechuas de origen y tradicionalmente marginados entre los marginados por la sociedad cajamarquina, mantienen su lengua, su unidad y una comprensible actitud defensiva frente al foráneo. Esa noche se velan las gigantescas cruces construidas con ramas y palmas y decoradas con retratos de santos y espejos que según se dice, representan al agua, un bien preciado como ningún otro en esta parte de la sierra norte del Perú. Yo estaba observando, pasmado, a los viejos comuneros canturreando salmos que leían de libros del siglo XIX cuando vi aparecer a una figura familiar, que se ubicaba discretamente entre la feligresía que adquiría movimientos fantasmales con las sombras creadas por los centenares de velas que veneraban el salón comunal. Era el padre Marco Arana, ya en ese entonces conocido por su liderazgo en la defensa de las comunidades afectadas por la minería. Arana había sido párroco de Porcón por varios años y nunca fallaba a su compromiso de visitar su querida comunidad en esta imponente celebración de la Semana Santa.

Nos saludamos y salimos al patio del local a conversar. Me impresionó de entrada la serenidad de una persona que recibía un fuego cruzado incesante por su causa pública y que incluso había sido víctima de un reglaje sistemático por parte de una empresa de seguridad que daba servicios a la minera. Pero no fue de eso que conversamos aquella noche sino de antropología de las religiones, un tema que Marco Arana demostró dominar ante un lego muy interesado. Su discurso era integrador, tributario de la Teología de la Liberación con el añadido del respeto a la naturaleza como parte de una ética religiosa que cuida como obra divina y obra humana, lo espiritual tanto como lo material. Mi admiración por Marco Arana se fundó en ese momento y fue aumentando a medida que el compromiso que él había asumido crecía en dimensión y en riesgo.

Hasta que de pronto ese hombre de mente grande, que me había explicado también su posición frente a lo que él consideraba debía ser una minería responsable, en los últimos meses se ha reducido a un líder de plaza que al lado de un oportunista e incoherente Gregorio Santos, hace de la intransigencia una bandera y del callejón sin salida, un sendero político. ¿Qué pasó? Marco Arana es el mismo hombre de aquel Jueves Santo y sin embargo su imagen está tan recortada y disminuida que ahora solo se le ve fraguando su candidatura presidencial para el año 2016. ¿Es el rol que él deliberadamente ha elegido o se trata del papel que se le ha asignado en esta especie de auto sacramental en que se ha convertido el tema Conga?

El alcalde de Espinar Óscar Mollohuanca, militante de Tierra y Libertad, el partido que creó Arana, es un hombre que desde su actuación pública obliga a deslindarlo de posiciones como las que sostiene el delirante Santos. Es más, el mismo Mollohuanca ha declarado que fue sorprendido cuando Santos lo visitó en el penal de Cachiche. “No lo esperaba, sabía que sería utilizado políticamente como al final ocurrió”. La actitud serena de Mollohuanca, su ponderación aún ante el inconstitucional traslado a la jurisdicción de Ica y el hecho de que haya abierto el diálogo en Espinar con el gobierno sin ningún tipo de condicionamiento, son datos que abonan a favor de la confianza por este personaje de poco hablar y escasa retórica. Es bueno, es urgente, que en momentos de convulsión social se distingan los matices entre personajes y movimientos. Tierra y Libertad no es Patria Roja. Ahora no sé bien quién es Marco Arana pero sí que Óscar Mollohuanca no es Gregorio Santos, pues da la impresión de estar recogiendo ese discurso de lo posible en relación a una convivencia constructiva entre la industria extractiva y los derechos de las comunidades que me transmitió Arana entre cruces y espejos. Sin embargo, si fue el poder lo que retaceó a Marco Arana hasta lo que hoy aparenta, nada garantiza que no vaya a ocurrir lo mismo con alguien como Mollohuanca, que ahora representa la opción de la sensatez. Pues salvo el poder, todo es sensatez. (Escribe: Rafo León)


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista