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Nacional

Nuevo Informe de la ONU, Nueva Hoja de Ruta Posible

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Naciones Unidas presenta informe de futurología política para el Perú. Y las rutas posibles darán que hablar.

Cuatro caminos, como dice la ranchera. Cuatro vías las que puede tomar el Perú de aquí a 2016. Y la tonada que se cante marcará el ritmo del país por muchos años más. El Proyecto Análisis Político y Escenarios Prospectivos (PAPEP) perteneciente al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó esta semana su informe de país “Perú: La Oportunidad de un Nuevo Ciclo de Desarrollo”, que aventura las posibilidades para los próximos cuatro años. El trabajo también cuenta con el concurso de Idea Internacional.

El documento tiene un lado anecdótico que ahora recobra pertinente significado. Sus conceptos se fueron gestando cuando, como presidente electo, Ollanta Humala fue el huésped del PNUD en sus instalaciones del Puericultorio en Magdalena. El especialista boliviano Antonio Araníbar, hijo del ex canciller de ese país con el mismo nombre, fue el coordinador del informe y en su momento le presentó a Humala las tendencias que iban apareciendo con el trabajo de campo, las encuestas y focus groups.

Ahora se sabe que varias de esas ideas iniciales sirvieron de insumo para el discurso inaugural del 28 de julio pasado.

En resumen, la futurología política toma en cuenta el cruce de dos variables, dos preguntas esenciales en torno a las cuales los manifestantes incendian Espinar y los columnistas practican cartomancia en las páginas de opinión.

La primera tiene en el centro al Estado: ¿su reforma busca que sea de base más ancha e inclusiva?

La segunda toca el bolsillo: ¿la agenda económica prioriza el crecimiento?

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Ambas respuestas positivas configuran lo que podríamos llamar un cuadrante virtuoso, de “inclusión democrática y socio productiva”. El rol planificador del Estado, concepto hereje, parece adquirir nuevo peso. “Las dinámicas de inclusión combinan de forma deliberada la acción del Estado, del mercado y de la sociedad”, se lee. “En la agenda económica, la calidad del crecimiento pasa a ser la preocupación central, avanzando en políticas que buscan deliberadamente cerrar las brechas productivas sectoriales y territoriales”. Es necesaria la preservación de los equilibrios macroeconómicos pero también una mayor regulación capital-trabajo que mejore las condiciones laborales y la implementación de una política que incentiva la innovación “en sectores generadores de empleo de baja productividad”.

El término clave es “reformas concertadas entre el capital y el trabajo promovidas desde el Estado”. Si no fuera el PNUD quien lo propone sino algún ministro, cabe imaginarse los alaridos que alertarían la involución de ya devaluada Hoja de Ruta a la Gran Transformación. De hecho, la doctora Beatriz Merino, liberal doctrinaria convicta y confesa que presentó el informe el miércoles 20, puede tener opiniones divergentes.

Este modelo contempla reformas laborales –a favor del trabajador– y tributarias –para gravar más al capital– con un costo en el crecimiento económico, que estaría entre el 4% y 5%, pero acompañado de mayor inclusión y un efecto pacificador en la conflictividad social. La integración económica con la economía “neodesarrollista” brasileña se acentuaría.

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Ojo, se reconoce el efecto “polarizador” que tendrían las reformas pero también se considera que a la larga no pondrían en riesgo los cimientos del modelo.

Informes de Naciones Unidas ya propusieron una política de reformas tributarias en América Latina (CARETAS 2146) y el PAPEP no es la excepción. En verdad, propuestas como esa suenan provocadoras a la luz de la aparente solidez del modelo actual y el mírame y no me toques de la economía global.

El propio presidente Ollanta Humala ha reconocido de varios modos que su conversión política se explica en parte en la velocidad de crucero con la que viaja la economía peruana.

Investigaciones como la que capitaneó el economista Richard Webb registraron los indudables cambios experimentados durante los últimos años en las regiones de mayor pobreza del país (ver “El Modelo Responde” en CARETAS 2182). El repunte de la inversión pública en el lustro pasado fue notable.

Si bien el PAPEP celebra tales avances, pone el reflector sobre las brechas y advierte que la precariedad institucional se ve reflejada en el incendio de protestas que prende al país.

Los conflictos sociales iniciaron una escalada que parecía imparable a principios de 2008, año del “Moqueguazo”, y alcanzaron un pico alrededor del trágico “Baguazo” en junio del año siguiente. A partir de entonces la oleada se reduce ligeramente, aunque igual triplica los niveles de dos años antes, y se mantiene en una convulsionada meseta hasta hoy.

Rebeca Arias, representante residente del PNUD en el Perú, y Kristen Sample, jefe de misión de los países andinos de Idea Internacional, interpretan en la introducción del informe que la expectativa de cambio de los peruanos no responde a una tendencia radical y se entiende “como un giro que prioriza la atención a los sectores más vulnerables de la población y al acceso equitativo a los beneficios que genera el mercado”. Todos quieren entrar.

En ese escenario, “la base del crecimiento se sigue asentando en la inversión en sectores primarios, por lo que el conflicto vinculado al campo socio-ambiental no se encuentra ausente; sin embargo, existen mejores condiciones políticas y de gestión para resolverlos institucionalmente y vía acuerdos”.

Devolver la política al centro de la discusión y en su dimensión de intermediación implica también una reforma del sistema de partidos del estilo de la que impulsa Fernando Tuesta en el Congreso (CARETAS 2233).

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Otro escenario es el de la “inclusión vulnerable” que, a grandes rasgos, es la que se vive hoy. La política centrada en la promoción de las inversiones “para sostener un crecimiento económico acelerado, que se ve fortalecido por un contexto externo moderadamente favorable”. Prevalece la asociación con Chile y México, además de las economías emergentes de Asia. El crecimiento va a razón de 6%-8% anual.

La competitividad marca la hora. “Se implementa gradualmente una agenda de modernización de la gestión pública, focalizada en el aparato gubernamental y orientada a contribuir a la eficiencia del gasto público. Al interior del gobierno predomina una visión que prioriza lo técnico sobre lo político, visión que se ve reforzada por la presión que ejercen algunos grupos de poder y medios de comunicación”.

Las políticas de programas sociales son focalizadas y se concentran en reducir las filtraciones.

Todo ello también trae beneficios palpables. Hay mejoría relativa en la distribución de los excedentes, se sostiene la reducción de la pobreza monetaria y son ampliadas las fuentes de trabajo. De otro lado, con la política relegada y sin reforma del sistema, “la voluntad de la población se ve, muchas veces, sobrepasada por los intereses de los poderes fácticos, que han capturado la agenda, redundando a la larga en frustración de las expectativas de la mayoría de la ciudadanía y una profundización de una valoración negativa hacia la política y los políticos”.

Es casi, casi, la discusión en teoría entre los acentos que representan los dos primeros ministros que han acompañado hasta el momento a Ollanta Humala. Algo parece decir el punto de quiebre alcanzado en los últimos días por las encuestas, cuando Alan García enfrentó el mismo punto de inflexión en el que la desaprobación supera a la aprobación, antes de los 11 meses de mandato.

Los otros dos escenarios previstos en el PAPEP abandonan el actual modelo. Uno, el de la inclusión trunca, deja al Estado como está y es además complicado por un contexto económico internacional poco favorable. Así, el crecimiento se mueve entre 0% y 1%. La protesta se criminaliza y los movimientos antisistema ganan más y más espacio.

El escenario de la “inclusión tutelada” refleja un Estado que asume “un rol protagónico como organizador de la sociedad” y desarrolla una Economía Nacional de Mercado (el glosario de La Gran Transformación vuelve a la mente) con un buen margen de regulación en los sectores estratégicos de la Economía y extendidos programas sociales asistencialistas que garantizan su popularidad. Su aproximación a los actores sociales le otorga más espacio para solucionar los conflictos sociales pero la disuasión de las inversiones provoca que, en el mejor de los contextos, el Perú crezca entre 2% y 3% hasta 2016.

Como para demostrar la versatilidad política del actual mandatario, era ese el escenario temido por sus opositores. (Escribe: Enrique Chávez)


 


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