Entrevistas
"Los Más Radicales No Son los Más Pobres..."
"...son los que están en un proceso de ascenso". Así lo afirma el economista, docente e investigador Javier Iguíñiz (66) que desde noviembre pasado ocupa el cargo, en relativo silencio, de Secretario Ejecutivo del Acuerdo Nacional.
El economista, docente e investigador Javier Iguíñiz (66) es desde noviembre del año pasado el secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional. Dicho foro trabaja en relativo silencio pero cocina a fuego lento consensos fundamentales para los próximos años, como el de las políticas de agua. “No se agota el problema del agua ni del medio ambiente en problemáticas como la de Conga”, advierte. Acaba de coeditar el libro “Desigualdad Distributiva en el Perú: Dimensiones”, publicado por la Universidad Católica. Es el punto de partida de la conversación.
–En la introducción del libro cita uno de los trabajos: “Al final del período del liberalismo notabiliario la sociedad estaba más integrada, aunque por lo mismo la desigualdad se volvió más evidente y sublevante”. ¿Puede haber un punto de referencia para la actualidad?
–Creo que el carácter sublevante de la desigualdad no es solo producto de la desigualdad sino también de su reducción. Paradójico. Cuando se reduce la desigualdad la gente empieza a sentirse más cerca. A creer que está a su alcance y no lo está. Le indigna más. Y hay mucha gente crítica y hasta resentida que tiene títulos de doctor en el extranjero y son unos radicales en su fuero interno, sensibles ante cualquier discriminación. Ya han comprobado que no tienen sitio, no por no ser capaces, sino a pesar de serlo. No son aceptados en clubes, ciertas asociaciones y grupos. Menor desigualdad abre mayores resentimientos.
–¿Hay otro radicalismo, distinto a ese experiencial?
–Los más radicales en el Perú no son los más pobres. Son los que están en un proceso de ascenso. Basta recordar el nivel educativo de los presos de Sendero. Creo que el radicalismo está asociado al acercamiento frustrado y no al distanciamiento clásico, eterno, de gente que se consideraba tan distinta que no aspiraba a acercarse.
–Además de la Salud, la Educación y los programas sociales, ¿dónde está el rol del Estado para reducir la desigualdad? Naciones Unidas propone la reforma tributaria.
–Eso corresponde con lo propuesto por el equipo de campaña, en el cual participé. En eso el gobierno está siguiendo la recomendación del AN de elevar la recaudación tributaria a no menos del 18% del PBI. Es decisivo porque el desamparo y la conflictividad que puede haber en el país es mucho mayor que la que estamos experimentando. Debemos lograr generar maneras de sobrevivir decorosamente para cantidad de personas que no van a recibir apoyo del Estado porque la recaudación tributaria es baja.
–Pero son dos discusiones distintas: la del combate a la informalidad y la evasión, y modificar el régimen tributario.
–No diría que el reto viene por combatir la informalidad de la microempresa. Creo que viene por el lado de crear más pequeñas y medianas empresas competitivas. Ese es el único trabajo que va a tener las características que permitan el aspecto contributivo a la previsión social. El futuro al final termina siendo un buen empleo.
–A partir de lo anterior, ¿cree que el malestar expresado en la encuestas proviene de la percepción de los bandazos del gobierno o la sensación de desorden ante los conflictos?
–Tiendo a creer que la gente tiene diversas motivaciones, simultáneas, para la adhesión y la oposición. Es muy pragmática y no se frustra tanto porque un gobernante cambia de punto de vista. Combina ese aspecto con resultados muy concretos. Claro, si se suma el engaño a la falta de resultados, cambio de expectativas y crisis económica, digamos, es más complicado.
–¿Y el desorden?
–Es que yo creo a partir de las encuestas que los resultados no están definidos todavía entre la propia población. Cualquiera diría que con las cosas que han sucedido el gobierno debería estar en 20% y no es así. Todavía domina un beneficio de la duda.
–Este beneficio de la duda tiene que ver con la crítica al “tono” que usted hace del gobierno anterior. ¿Ahora lo manejan mejor?
–En el gobierno anterior había más coherencia entre el trato a la gente y la acción del gobierno. Pienso en el Perro del Hortelano. Todavía hay una diferenciación entre lo que creo que se busca y lo que de hecho se está haciendo. Sigo creyendo que estamos ante un proceso abierto, no ya definido para muchos efectos. Hay quienes no lo consideran así. El gobierno actual tiene una sensibilidad bastante especial en lo que son políticas de Estado, de largo plazo, una mentalidad planificadora.
–¿Y eso se relaciona con el origen militar del Presidente? Porque recién suscribió el AN poco antes de ganar las elecciones.
–No es por ser militar, podría ser profesor o funcionario de los que han visto pasar gobiernos y ministros mientras ellos seguían con sus actividades institucionales. Todas esas personas que viven experiencias en las que ven que gentes notabilísimas vuelven a ser ciudadanos y soldados rasos tienen esa sensibilidad hacia la continuidad. Les fastidia mucho ver cambiar gente e interlocutores sin saber a qué atenerse cuando se acercan al Estado.
–Sin embargo este gobierno se está acercando a un récord en término de cambios de ministros. ¿Eso no refleja un grado de inestabilidad?
–No sé si llamarlo así. Es obvio en cierto sentido, pero no como un rasgo estructural sino como un proceso de asunción de una responsabilidad que requiere de muchos más elementos de los que parecerían necesarios. No es lo mismo que pertenecer a un partido con trayectoria y miles de cuadros. Creo que la estadística misma no es lo suficientemente ilustrativa de lo que significan esos cambios. No son crisis de gobierno ni huidas despavoridas.
–Pero se dice que la bancada nacionalista no acude al AN.
–Es curioso. El Ejecutivo asiste con gran regularidad y voluntad de participar. Atribuyo la baja presencia del partido de gobierno a sus dificultades internas más que a una decisión oficial de cercanía o no con el AN. Creo que no es un problema nuestro.
–¿Qué pasó con el ministro José Urquizo, que llegó la semana pasada a la asamblea del AN con el objetivo de cambiar varias políticas de Estado sin previo aviso?
–Creo que hubo una confusión de su parte entre el concepto de revisar los acuerdos, entendido como cambiarlos, y el que usamos algunas veces acá, que es el de la revisión para evaluar su cumplimiento. Es un matiz pero no es pequeño. Un gobierno recién iniciado tiene que mirar al AN como compuesto por políticas de Estado que tienen que ver con el anterior y el que lo antecedió, y por lo tanto cada gobierno no establece sus políticas de gobierno como de Estado. El AN existe para que las políticas sean consensuadas y multipartidarias. Incluyen al gobierno anterior y seguramente al próximo. (Entrevista: Enrique Chávez)