
Pregunta obligada para la mesa de diálogo: ¿por qué mueren los animales de la comunidad vecina a la mina Tintaya?
REPORTAJE ESPECIAL: En Espinar las Ovejas Nacen Muertas
 |
Comuneros de Alto Huancané muestran las ovejas muertas y fetos abortados que, aseguran, “son el producto de 30 años de minería”. |
El sangrado se detiene a medida que el fierro caliente cauteriza los vasos sanguíneos del tejido conjuntivo. El becerro de ocho meses muge de dolor y sacude el rabo. Flavio Huanqque se apoya sobre el morro del animal para inmovilizarlo y le da un par de palmadas a modo de disculpa.
A cuatro mil metros de altura y con ingresos de pobreza, una sierra de carpintero y un fierro de construcción calentado al carbón es lo único que hay para cortar los incipientes cuernos entre los más jóvenes del rebaño. Cuando lo liberan, la vaca más grande del grupo se acerca, muge y le lame las heridas.
“Es su mamá”, confirma Huanqque (44). “De más wawita no le hubiera dolido, pero se nos pasó el tiempo con tanto problema que hubo”. Es ganadero de toda la vida y presidente del sector centro de la comunidad de Alto Huancané, colindante con la presa de relaves de la minera Tintaya. “Ahora solo tengo vacas, que son más resistentes que las ovejas. Ya no aguantan”, cuenta. “El año pasado siete de mis ovejas abortaron de golpe. Es la consecuencia de treinta años con la mina, porque toman el agua que se filtra de la presa. Toda mi vida he tenido y pastaban tranquilas”.
 |
Proyectos mineros y comunidades campesinas al sur de Espinar. |
Muestra una oveja muerta a los pocos días de nacida y los fetos abortados que guarda en su casa. “En la parte más cercana a la presa ya nadie tiene”, insiste.
El jueves 21 de junio el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar Vidal, lideró la la mesa de diálogo que terminó por levantar el estado de emergencia en la provincia cusqueña de Espinar (CARETAS 2238).
Faustina Noñoncca (50) estuvo entre las lugareñas que se quedaron fuera de la reunión. En su colorida manta guardaba cinco fetos de ovejas que no pudo enseñar a la comitiva oficial. A CARETAS le asegura que son cosa generalizada en Alto Huancané. La comunidad guarda los animalitos muertos como la prueba ácida de los problemas que la aquejan.
LAS AGUAS SALADAS
Más de cuarenta mamachas daban vueltas por la plaza de Espinar en la mañana de ese viernes. “Hoy pagan lo del programa Juntos”, informa una mientras se une al grupo que hace cola esperando que abra la sucursal del Banco de la Nación. Mientras ella come una papa sancochada, “la señora china”, a solo dos cuadras, sirve arroz con pollo de desayuno y pasa el noticiero en moderno plasma de 42 pulgadas. Los trabajadores de Tintaya firman su consumo y a fin de mes la empresa cancela la cuenta. El progreso no chorrea por igual.
Menos de una hora en carro basta para llegar a Alto Huancané, comunidad ganadera asentada sobre un terreno ondulante que tiene al proyecto minero Tintaya como vecino por el oeste y al río Salado como límite natural por el este. El nombre no es casual: un grupo de baños termales mineraliza el agua cuenca arriba y dispara los niveles de metales pesados como el arsénico. La contaminación natural existe y no es nueva. A medida que recibe afluentes ‘limpios’ los indicadores bajan, aunque tienen un ligero repunte en la cuenca baja.
La casa de Faustina Noñoncca tiene suelo de piedra y paredes de adobe. En la parte baja se notan manchas de humedad producto de filtraciones en el suelo. Desde su puerta, a lo lejos, se pueden ver unos andenes de piedra de más de treinta metros de alto que unen dos cerros. “Esa es la presa de la que se filtra el agua”, señala. “Si subimos una lomita va a ver todo”.
No ha llovido, pero cerro abajo se acumulan charcos de agua sobre los que hay unas vacas. En algunos puntos el manto de pasto seco se hunde y el agua moja por encima de los tobillos. “Antes veías esto llenecito de ovejas pero ya no aguantan”, afirma Noñoncca, “en esta época ya se debería haber secado la lluvia, esa agua es lo que filtra de los relaves”. Cerro arriba se siente la altura y el aire es ralo. Tras media hora de subida se puede ver la presa, la planta y el tajo.
La presa de Ccanacmayo tiene capacidad para albergar 70 millones de toneladas de minerales desechados de la planta de óxidos ubicada al sur. Ésta opera desde 2002 con una capacidad de procesar diez mil toneladas por día, lixivia los minerales con ácido sulfúrico y mediante un proceso electroquímico produce cátodos de cobre al 99.999% de pureza. La presa recibe los relaves y, aunque a simple vista parece llena de agua, Luis Rivera, director de operaciones de Tintaya, explica que casi todo el contenido es tierra y lodo molido. “El agua va hacia arriba y la arena hacia abajo. De hecho, el agua la bombeamos y recirculamos hacia la planta; aunque tenemos permisos de vertido, no la botamos”.
Los famosos estudios de Censopas que reveló la congresista Verónika Mendoza no incluyeron esta área, pero monitoreos realizados por la mesa de diálogo de la minera Tintaya desde 2002 señalan puntos de agua con exceso de arsénico (estándar OMS), hierro y selenio (estándar Clase III). En el suelo también se encontró exceso de arsénico, cobre y manganeso (estándar de Canadá). Y en el estudio organizado por la Vicaría de Sicuani y realizado por la ONG alemana Misereor en setiembre de 2011, se encuentran puntos de agua con exceso de aluminio, arsénico, cobre, hierro y manganeso (estándar Clase III). El recojo de las muestras fue inopinado y no es reconocido por Xstrata Tintaya.
¿Por qué mueren entonces las ovejas? “El problema de la zona es el pastoreo”, sostiene Rivera. “Los animales beben en pozos donde defecan y se contagian la fasciola hepática, que afecta al hígado, y la neóspora, que hace que el feto se pierda. Para ayudarlos hemos desarrollado proyectos de mejora ganadera construyendo cuatrocientos establos y más de cinco mil cobertizos”. En su defensa, Xstrata Tintaya no ha sido sancionada por la OEFA, cuenta con la acreditación ISO 14001 y otros 16 certificados de sostenibilidad.
Los comuneros, por su parte, reiteran que los niveles de mortandad y abortos de los animales son inusitados. Claramente, la tarea más difícil para la mesa de diálogo será organizar un monitoreo que sea aceptado por ambos lados, pues los pergaminos presentados hasta ahora no convencen a la señora Noñoncca.
–¿Quién tendría que hacer el estudio para que le crea?
–Cuando no se mueran mis ovejas, ahí les voy a creer. Y que hagan todas las minas que quieran. (Escribe: Israel Guzmán)
Mesa Pendiente
Nuevos monitoreos y participación social en la agenda de debate.El jueves 12 tendrá lugar en Espinar la segunda reunión de la mesa de diálogo instalada por el Ejecutivo para solucionar los conflictos con Xstrata Tintaya. El alcalde Óscar Mollohuanca y el presidente del Frente de Defensa, Herbert Huamán, lideran el grupo de 55 representantes que trabajarán en las tres comisiones propuestas por el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar Vidal: ambiental, de desarrollo y de responsabilidad social. El peso recae sobre la primera, que en palabras de Pulgar Vidal, “tendrá que establecer un plan de trabajo sobre cómo se puede hacer un monitoreo creíble”.
Aunque Xstrata Tintaya todavía no ha designado a sus representantes, Luis Rivera, director de operaciones de Xstrata Tintaya, señala que confían en el diálogo y están listos para enviar delegados a las comisiones no bien reciban una invitación formal.
No es para menos. Mientras que el proyecto Tintaya entierra el pico con cierre programado para el primer trimestre de 2013, Xstrata lleva más de US$ 1,500 millones invertidos en Antapaccay, ampliación cuprífera con por lo menos 20 años de vida útil, que utilizaría el actual tajo de Tintaya como presa de relaves y tendría un rendimiento 60% superior. Si en 2011 aportaron US$ 10.3 millones por el Convenio-Marco, Rivera estima que en 2013 podrían pasar los US$ 15 millones. Antapaccay lleva un avance superior al 80% y debería entrar en su fase productiva en octubre de este año.
“El problema es que la empresa termina siendo un factor de desunión”, dice Mollohuanca. “¿Queremos hablar de nueva minería? No hablemos de ‘cuánto’ (es el aporte), sino de la contaminación y la intromisión política”. Más allá de las acusaciones de financiar candidatos, es bastante clara la dicotomía generada en la que todos los pobladores de las comunidades cercanas tienen una postura fuerte a favor o en contra de la mina. Ruth Luque, de la vicaría de Sicuani, concluye que aun con buenas intenciones, “han querido ayudar a todos y en ese camino han creado altas expectativas en la población, creen que tiene que dar más que el Estado”.
La investigación sobre las muertes de Rudecindo Manuelo y Walter Sencia en los disturbios del lunes 28 de mayo siguen su curso en la fiscalía de Ica, mientras que las cuentas municipales permanecen bloqueadas.