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Personajes A sus 72 años, el periodista anuncia su próxima mudanza y la puesta en venta de todos sus libros.

Guillermo Giacosa: Argentino de Remate

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Junto a su colección de la mítica revista argentina Crisis. El anuncio de su venta de garaje lo publicó en su cuenta de Facebook.

Hay viajes para los cuales se debe llenar la valija. Pero para éste debo ir vaciándola”, dice aún risueño y a sus 72 años de edad. Es Guillermo Giacosa, argentino de nacimiento y peruano por consentimiento. El rosarino aún se lanza a hacer chalacas en los partidos de fin de semana, aunque su espalda lo resienta. Habiendo sobrevivido a dos hiperinflaciones –la argentina y la peruana– el resto es, literalmente, pichanga. Sobre todo para un peronista militante, de esos que aún ven con buenos ojos a Cristina Kirchner. La catarata no tiene nada que ver con eso, ojo. Y es que en algunos temas Giacosa confiesa no haberse movido. Luego de 32 años en el Perú, admite que es el país el que giró a la derecha. Él, en cambio, sigue considerándose de izquierda, aún prepara parrilladas y mantiene cerca a sus amigos de siempre. Solo cambiará de casa porque la que habita es muy grande para él, y “el cuero ya no da para pagar tanto en alquiler”.

Es consciente de que mucha gente lo extraña. Siempre lo paran en la calle, cuándo volvés, cuándo te veré en la televisión, y esto que otro. Para cuándo otro libro de tus memorias, le dicen y lo abrazan. Acá la gente es tan cariñosa, claro, muy simpática y amorosa desde siempre, ojo. “Mi madre me decía Guillermito, qué educados son los limeños”, recuerda como si hablara de otro planeta. Eran tiempos distintos, eso sí. Se conversaba en la calle y en las plazas. Se discutía en los cafés y en la televisión. “El argentino es más bestia, más invasivo”. No parecés argentino, piropean, y la señora planta un beso: muac. Por eso escribió un artículo: “Parezco y soy argentino”. Lo colgaron en el consulado, dice. Porque allí está Messi para tumbarse el mito. Se casó con la novia de toda la vida y luego de jugar se escapa a ver a la viejita, aunque gane 36 millones de euros al año. Y allí está Ricardo Darín, que contesta todas las preguntas con amabilidad, con o sin Oscar. Dice que su sobrino es igual, salvando las distancias. Con solo 12 años ya cuidaba su dieta, y de los goles no hablaba en la mesa. Hubiera sido como hablar de trabajo en plena cena familiar. “Eso le falta al fútbol peruano: disciplina”, sentencia. Y el hogar, claro, el cuidado del hogar. No se imagina a Messi borracho. “Quiero mucho a Alianza Lima”, advierte. “Son simpatiquísimos y muy divertidos para trabajar, pero son unos vagos”. ¿La clase alta de Lima? “Esa sí es de plomo”, ríe. Cuenta que hay peruanos que creen que los taxistas y mozos argentinos son malcriados. “Lo que sucede es que acá tratan a los mozos con la punta del pie”, explica. “El peronismo acabó con eso”.


 


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