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Salud La historia de una comunidad terapéutica estatal que, aplicando una férrea disciplina científica, muestra éxitos en lugar de tragedias.

El Modelo Ñaña: Cura para la Adicción

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En un periodo mínimo de 10 meses, en Ñaña se intenta reconstruir a una persona. Esto pasa por diversas competencias que deben de ser “reinsertadas” en el esquema de los pacientes.

En la Comunidad Terapéutica de Ñaña, los pacientes entran y salen a voluntad. No hay barrotes en las ventanas, y sus corredores lucen limpios, las camas impecablemente listas y los resultados, desde su gestación en 1982, son meritorios. Con un nuevo reglamento de comunidades terapéuticas aprobado recién en junio de este año, los promotores del “Modelo Ñaña” buscan repartir las semillas en otros puntos del país. Increíblemente, este centro es una dependencia del Hospital Herminio Valdizán, ente del Estado Peruano.

Julio recuerda haber estado ya en seis centros de rehabilitación; a todos llegó por la fuerza. En todos ellos lo golpearon y, en algunos casos, hubo de dormir en colchones compartidos con otros dos pacientes como él, veterano consumidor de pasta básica de cocaína, un administrador profesional que había llegado a vender su televisor para solventar sus dosis. “Mis hermanos y mi mamá ya estaban cansados de internarme con engaños y verme recaer”, dice, a sus 45 años, divorciado de una esposa hastiada y con dos hijos que han crecido viéndolo ahogarse en su consumo. “Ya no soy un chiquillo”.


 


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