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Urbanismo El jardín del Centro Cultural Casa Ninfa es un ‘biotopo‘ en el centro del distrito y un milagrito de vida.

Centro Cultural Casa Ninfa: Edén Repentino en Miraflores

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Profesores de Permacultura, Antonio Cilloniz y Omar Ananías han demostrado que en la cuidad sí es posible darle un espacio a la naturaleza.

El 5 de septiembre de 2011 el jardín del Centro Cultural Casa Ninfa era una playa de estacionamiento. Hoy, 10 meses después, lo que vemos es un edén urbano. “Aquí lo que simplemente se ha hecho es darle un espacio a la naturaleza”, asegura Antonio Cilloniz, presidente de la Asociación Cultural Peruana de Permacultura, organización a la cual pertenece Casa Ninfa.

Casa Ninfa –centro en el cual se enseñan artes holísticas y los principios de la Permacultura, donde el ser humano debe ser consciente de que es y será parte de la naturaleza– queda en la calle Manuel Irribarren 337 en Miraflores, y el tipo de jardín que tiene se conoce como ‘biotopo’, un espacio reservado para la vida y para la recuperación de la flora y fauna de la zona. En tan sólo 133 mts2 hay 12 tipos de árboles –entre paltos, plátanos morados, lulo y otros forestales–, 12 especies de palmeras, 13 de heliconias, además de 16 tipos de orquídeas, 20 tipos de bromelias, 10 diferentes hierbas aromáticas, 6 tipos de tréboles, incluido el de cuatro hojas y muchas otras cosas más.

El 95% de las plantas de Casa Ninfa son nativas del Perú. El 40% de ellas exclusivamente de la costa y algunas matas inclusive son “únicas en la ciudad”, señala Omar Ananías, director de Casa Ninfa. Entre estas exclusividades está la lippia dulcis, “una planta con propiedades medicinales, que a pesar de ser oriunda del Perú, los aztecas la consideraban una planta sagrada”.

Para crear este biotopo, Cilloniz utilizó los principios de la Permacultura y una técnica ecológica llamada ‘cama instantánea’. Sobre la playa de estacionamiento puso una capa de tierra vegetal y humus, seguida por una capa de poda de diferentes árboles y ramas, gran cantidad de hojas, guano y materia orgánica. Encima de eso plantó árboles, además de culantrillos y helechos rescatados de los botaderos de maleza de la ciudad, “donde las plantas supuestamente enfermas o pasadas de moda fueron llevadas como desecho”.

Esta es ahora un área intangible que viene a ser además un refugio para picaflores, diferentes tipos de aves de Lima y murciélagos, aparte de una serie de sapos y otros insectos controladores que protegen orgánicamente el jardín de todo tipo de plagas.

Biotopos como este había por todo Lima, pero la ciudad los ha ido perdiendo. A diferencia de los distritos en Lima llamados ‘ecológicos’, en el jardín de Casa Ninfa no se usa ni un pesticida y las plantas han sido escogidas también en función a su tolerancia de agua.

Este espacio es un ecosistema donde todo está mezclado y donde las plantas se potencian porque una tiene lo que la otra necesita. Por ejemplo, “en los troncos de árboles caídos que están en proceso de degradación hay microorganismos que son toda una vida y que ayudan a que las plantas coman lo que necesitan”, explica Antonio Cilloniz. “Básicamente es un ciclo constante de vida y muerte”. Aquí está demostrado que a diferencia del hombre, la naturaleza nunca crea basura. (Diana Zileri).


 


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