Entrevistas El politólogo Juan Claudio Lechín habla sobre la trampa del “socialismo del siglo XXI”.
El Comunismo es el Rey del Disfraz
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Multifacético, Lechín ha incursionado también en la literatura, cine y teatro. Estudió marxismo desde los 12 años. |
Juan Claudio Lechín Weise (56) es un politólogo nacido en Bolivia cuyo pensamiento ha ido cambiando a través del tiempo, de acuerdo a las vicisitudes que le tocó vivir desde niño. Su padre, Juan Lechín Oquendo, gran figura del sindicalismo boliviano, fue líder y Secretario General de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) desde 1944 a 1987, y de la Central Obrera Boliviana (COB) desde 1952 a 1987, y también fue Vicepresidente de Bolivia entre 1960 y 1964 durante el gobierno del Presidente Paz Estenssoro, fundando el Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional (PRIN). De sobra está decir que Juan Claudio Lechín Weise, mi entrevistado, nació y vivió una gran parte de su vida arrullado por las aguas torrenciales de la política de las izquierdas de ese entonces. Pero también los torrentes tienen remansos y éstos fueron aprovechados por Juan Claudio para penetrar en muchos terrenos culturales como la literatura, el cine (productor y director) y el teatro (autor, director y actor), llegando a trabajar en el Perú con Orlando Sacha y Elvira de la Puente en “La comedia de las equivocaciones” de Shakespeare en la AAA, con Ricardo Roca Rey como director. Pero la vida sigue y el río se va ensanchando conforme las ideas políticas de Lechín se amplían. Los márgenes fluviales son ahora más distantes entre sí con el acontecer de la experiencia, y por esa razón esta entrevista, en el restaurante Costa Verde, se centra específicamente en el tema político latinoamericano, en el que hoy día estamos inmersos todos. Veamos lo que nos puede contar.–Su padre fue defensor a ultranza de la clase obrera y el más destacado líder del sindicalismo boliviano durante más de 40 años. ¿Fue troskista o comunista?
–Mi padre trabajó con todos aquellos que los trabajadores elegían en sus comicios sindicales: troskistas, comunistas, anarquistas, nacionalistas, pero también falangistas. Su mayor logro fue conservar la pluralidad política en los sindicatos bolivianos y no permitir que una fracción, sobre todo los comunistas, se apropiaran del sindicato. Que participaran, mi padre lo promovió así para cautelar la democracia sindical, pero que se apropiaran del movimiento obrero, no. De ahí el odio inveterado de comunistas y troskistas, pues mi padre siempre fue un palenque, un freno para el deseo de las internacionales comunistas de controlar los sindicatos bolivianos.