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Restaurantes Dos escalas propicias para recorrido gastronómico de Fiestas Patrias.

Huariques de Nuevo Cuño

Gourmet políglota Yannick Banik, artífice de La Friterie Belga.

Hace tiempo que el huarique dejó de ser el huequito escondido, barato, frecuentado por conocedores que buscaban “el” plato especial de la casa. En los últimos años, algunos se han reconvertido en recreos turísticos con kilométricas Cartas, donde ofrecen de todo; y otros han devenido más bien en restaurantes “de culto”, por llamarlos de alguna manera, que atienden a puerta cerrada, no tienen Carta sino platos especiales por los que cobran precios altos.
Sin embargo, hay pequeños negocios que están prosperando y andan a caballo entre la taberna, el huarique y el bar de tapas. Dos ejemplos para ilustrar el concepto: La Botica y La Friterie Belga.

El primero ha tomado el nombre de la antigua Botica Maggiolo donde se ubica, manteniendo el hermoso piso ajedrezado y la barra de madera de antaño, para montar un simpático local que ofrece sánguches y chilcanos amén de platos del día en un menú criollo, casero, con reminiscencias del mercado, donde destacan las “mollejitas de mi suegra” (S/. 17), caucau de mondongo, escabeche de bonito (S/. 18), pejerrey arrebozado, papa rellena o tallarín verde con apanado. Buena sazón la del cocinero Reinerio Hernández que no tiene más pergaminos que el de haber pasado por varias cocinas de barrio. Porciones generosas servidas rápidamente en un local de alta rotación y sin etiquetas atendido personalmente por sus dueños Rómulo Vinces y César Bedoya.


 


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