El 18 de julio la Federación de Periodistas del Perú (FPP) cumplió 62 años y Bernardino Rodríguez, su actual presidente, invitó a CARETAS a la celebración.
Existía una razón cronológica y un buen grado de parentesco profesional. CARETAS también nació en 1950 y su orientación editorial se acerca al pluralismo que vinculó a periodistas de diversas tendencias durante la dictadura de Odría.
Además, en 1979, en el salón de actos de la FPP, 8 miembros de CARETAS y 11 de otros periódicos realizaron una huelga de hambre de 9 días.
Esta finalmente empujó al gobierno militar a levantar la clausura que les había impuesto.
La de CARETAS duró cinco meses, como otra perla en la accidentada economía de la revista.
Esto sucedió hace 33 años y el discurso de orden que pronunció en la ceremonia Pablo Truel, el vicepresidente de la FPP, acentuó la sensación que estábamos en un madurado túnel del tiempo.
Hace bien recordar nombres, batallas, ilusiones.
Versión completa del discurso de Pablo Truel
en la Federación de Periodistas del Perú.
62 años cumple hoy la Federación de Periodistas del Perú, la genuina institución gremial que agrupa en sus registros a los auténticos periodistas de todo el Perú a través de sus 57 Centros Federados en igual número de ciudades del país.
Su filosofía está sustentada en la libre expresión de sus miembros y en la solidaridad plena de todos para defender el derecho que cada quien tiene para expresar las suyas.
Bajo estas banderas, durante sus 62 años de existencia la FPP ha librado batallas por el imperio de la democracia y el Estado de Derecho y es enemiga de toda forma de dictadura, cualquiera sea su orientación. Se enorgullece, por tanto, de haber tenido dirigentes y afiliados en general que han sufrido acoso, persecución, presidio y destierro, por defender sin claudicar estos principios.
Pero a la vez que lucha defendiendo la libertad para la verdad, lo es también para la severa responsabilidad en la expresión. Estas son las lecciones que nos legaron quienes el 18 de julio de 1950 dieron vida a esta organización, enseñándonos en ellas a preservar el derecho que nos asiste y la ética profesional que nos compromete.
Lima de entonces era más o menos la décima parte de lo que es hoy, una ciudad pequeña que albergaba a familias cuyo tronco venía de muy atrás. No se había producido la invasión masiva de la provincia que es característica actual. En 1950 Lima tenía cinco grandes periódicos, El Comercio, La Prensa, La Crónica y Ultima Hora. La Tribuna, que ya existía, sufría entonces una de sus tantas clausuras políticas. Gobernaba el Perú el régimen del General Manuel A. Odría, producto entonces de una elección amañada que metió preso al candidato opositor. Como todos los dictadores, Odría renegaba de la libertad de prensa y al periódico o periodista que hacía oposición terminaba en la clausura o preso, respectivamente. Esta situación fue el motivo principal que propició la creación de una institución fuerte que agrupará al mayor número de periodistas que demandaban hablar con verdad y el hacerlo significaba dominio de la libertad de prensa.
Con el mayor sigilo se hicieron los contactos, y la convocatoria llegó a hasta las provincias. No había tiempo para dilaciones ni discusiones estériles, y en forma expeditiva, imprevista para el gobierno, nació la Federación de Periodistas del Perú, con la inclusión de los periodistas de tres grandes diarios de la capital: La Crónica, La Prensa y Ultima Hora, y otros medios de Lima y Callao, como La Noche, Jornada, El Callao, 1950, Ultimas Noticias, Combate. La cosa fue expeditiva, imprevista para el Gobierno que cuando se enteró ya había prestado juramento la Directiva encabezada por Gastón Aguirre Morales de La Crónica, y al que acompañaban Dante Bottino, Genaro Carnero Checa, gestor y principal organizador de la FPP, Juan Francisco Castillo, Pedro Morales Blondet, Ernesto More y Gerardo Uzátegui. Adherían y formaban parte de los padrones periodistas de La Voz de Trujillo, El Comercio del Cuzco, el Pueblo de Arequipa, El Oriente de Iquitos, La Voz de Huancayo, La Opinión de Ica, Noticias de Arequipa, La Industria de Trujillo y de Piura, el Eco de Puno, Actualidad de Ica, La Voz del Pueblo de Cañete. Y firmaban el padrón corresponsales de La Semana de Río de Janeiro, Excélsior de México, Mundo Porteño de Buenos Aires, Agencia France Presse, Agencia United Press International, Agencia Asociated Press. Asombrosamente en esta grandiosa construcción hubo una omisión lamentable: los grandes ausentes fueron los periodistas de El Comercio, por disposición expresa de los dueños de ese periódico.
Lo más graneado del periodismo peruano participó de esta gran empresa. Por La Prensa aparecían, entre otros, Alfonso Grados Bertorini, años más tarde Ministro de Estado, Embajador Plenipotenciario y Congresista de la República, Juan Rodó, Federico La Rosa Toro, Miguel Yi Carrillo, Pedro Felipe Cortázar, Jorge Castro de los Ríos, Manuel Doria, Jorge Donayre Belaunde, “El Cumpa”, Fernando Fouche, Mario Miglio Manini, Jorge Moral Silva Santisteban, Manuel Beltroy, Ricardo José Maldonado, César Martín Barreda, Manuel Aguirre Roca, años más tarde, Presidente del Tribunal Constitucional, Arturo Salazar Larraín, que también fue diputado. Oscar Diaz Bravo, Rodney Espinel, Marcelo Diaz.
De Ultima Hora figuraron, Guido Chirinos Lizares, Guido Monteverde, Luis Curi Gallegos, Jorge Wiesse, Rodolfo Espinar, Guillermo Cortez Nuñez, Raúl Villarán Pasquel, fundador de otros tres periódicos, Efraín Ruiz Caro, Jorge Luis Recavarren, Luis Loli Roca, Bernardo Ortiz de Zevallos, Julio Farlie, Mario Escudero, Carlos Patiño.
De La Crónica firmaron, entre otros más, Pedro Morales Blondet, Tito Rázuri Seminario, Oscar Paz, Alfonso Delboy, Augusto Chávez Costa, Pedro Alvarez del Villar, Alfonso Pocho Rospigliosi, políticos de la talla de Manuel Cisneros Sánchez, años después Presidente del Consejo de Ministros, Víctor von Hesse, Pedro Otiniano, Litman Gallo, “Gallito”, Julio Málaga Grenet, Carlos Paz Caferetta. Este diario tenía tres ediciones, La Crónica de la mañana, La Segunda que salía al medio día y La Tercera al caer la tarde.
De publicaciones diversas hubo inscritos que merecen citarse: el historiador César Angeles Caballero, Luis Felipe Angel de Lama, “Sofocleto”, Ernesto Balarezo, Juan Barturen , Miceno Carnero Checa, Miguel Cavero Eguzquiza, años después Fiscal de la Nación, Hildebrando Castro Pozo, Ricardo Espinoza, líder de los periodista hípicos.
El mismo año de fundación, 1950, se creó la revista Caretas en el mes de octubre y lógicamente Doris Gibson, su creadora, se inscribió ahí mismo en la FPP, como años después lo hizo Enrique Zileri Gibson.
Cinco años más tarde, cuando asumió la presidencia Manuel Prado Ugarteche, y quedó atrás la dictadura odriista, en la misma sesión de instalación del Congreso de la República, se derogó la llamada “Ley de Seguridad Interior de la República”, pudiendo a partir de entonces ejercer libremente su profesión los periodistas de La Tribuna, y consecuentemente se inscribieron en la Federación de Periodistas del Perú. Recordemos algunos nombres, Manuel Seoane Corrales que venía de dirigir la poderosa empresa editorial chilena Ercilla, Luis Alberto Sánchez, tres veces rector de San Marcos y presidente del Senado, Armando Villanueva del Campo, más tarde presidente del Senado y de la Cámara de Diputados, Roberto Martínez Merizalde, Luis Carnero Checa y su hermano Laureano, el poeta Julio Garrido Malaver, Enrique Rivero Velez, presidente la Cámara de Diputados.
La Federación reunió, pues, a los más selecto del periodismo peruano, gente capaz, inteligente, de distintas tendencias políticas desde la izquierda recalcitrante, hasta la derecha liberal, pasando por el aprismo, y el socialismo moderado. Y todos tenían los mismos derechos institucionales y todos participaban activamente de la conducción de la Federación. En cada periódico se creó el Círculo de Periodista, que constituía la base matriz de la FPP, y los periodistas que trabajaban en revistas, semanarios y publicaciones diversas, formaron sus propios Círculos, como el de la Prensa Chica, o el de los periodistas hípicos. No había discriminación y por el contrario una solida unión en el cumplimiento y defensa de sus principios. Diez años después, se inscribieron los círculos de los nuevos diarios, Correo, Ojo, La República.
Conviene aquí mencionar lo que constituía el contenido de los diarios y revistas. Y antes hay que advertir que no existía la televisión y que el periodismo radial estaba en pañales. La prensa escrita tocaba temas de actualidad y se daba preferencia a los que atraían la atención del mayor número de lectores, pero se cuidaba mucho de la redacción, de la intencionalidad, del lenguaje. Cada diario se esforzaba en ganar primicias y dar a sus lectores un compendio completo de lo que acontecía, en Lima, en el Perú y el mundo. La página de política abarcaba informaciones de todos los partidos y columnas críticas de la más alta calidad. Cada periódico publicaba un resumen diario de la Cámara de Diputados y del Senado, resaltando lo más interesante y si era necesarios transcribiendo párrafos textuales de la intervención de uno u otro parlamentario. Había página de Locales, donde se trataba a cabalidad los asuntos de la ciudad, del tránsito, de los mercados, de los problemas urbanos, como había página Internacional con los cables que llegaban del extranjero y página de Provincias con las notas de los Corresponsales. No faltaban Deportes ni Hípica y hasta Página de Sociales. Por supuesto el espectáculo, la farándula tenía su propio lugar con columnistas de renombre, como había también la Sección Policial y Pagina de Economía. Y al otro lado de la información estaba la opinión, la Página Editorial. La gente pues, el lector, común y corriente, tenía la oportunidad de estar bien informado, a cabalidad, conocer los problemas, los programas y proyectos del gobierno, saber como marchaba su país. No se ocultaba nada y por supuesto había graves denuncias cuando el hecho lo ameritaba.
De ese periodismo que conocimos al iniciarnos por los años 50 en la comunicación masiva veraz, objetiva y honesta, hoy no queda ni el recuerdo. El periodismo ha cambiado radicalmente, hoy es otro en crisis moral, estructural. La sociedad peruana esta condenada a recibir como mensaje de todos los días la violencia, la intimidación, el terrorismo, la provocación y la amenaza.
Estamos contribuyendo a crear, o mejor incrementar ya una sociedad violentista. Claro que el primer responsable de este estado de cosas es el propio gobierno por su falta de acción, su tolerancia inadmisible, su pasividad, su timidez, pero la trasmisión masiva de acciones de esta naturaleza corre a cargo en diarios populares.
Antier, escuché el comentario del periodista Alfredo Barnechea en su espacio por una emisora de radio. Alarmado, pero con mesura, tocó el tema de la comunicación social y el acontecer nacional. Cuando se habla de pandillaje agresivo, de cierra puertas en ciudades, de asaltos a diestra y siniestra, de toma de carreteras, golpizas en locales públicos o privados, del rechazo a la autoridad y el desacato de leyes y dispositivos legales. Cuando en el colmo de la barbarie se toman comisarias, se golpea, hiere y mata a policías y el desborde, la criminalidad, amenazan con aumentar día a día, uno tiene que preguntarse qué nos está pasando en el Perú. Y ahí aparece una interrogante que los periodistas y mayormente los responsables de los medios de comunicación deberían hacerse ellos mismos. Qué está llevando a la sociedad peruana a este nefasto estado de cosas. Resumamos titulares y contenidos de las primeras páginas de medios de comunicación impresos. Qué se dice a diario en las primeras páginas de los periódicos que aparecen colgados en los puestos de venta, qué temas se buscan y tratan con énfasis y despliegue de ilustraciones: la violencia, el revanchismo, la decisión a golpes. Se habla de violaciones, secuestros, asesinatos de hijos a padres, atracos masivos a locales públicos, enfrentamiento y rechazo a dispositivos que dicta el gobierno, robos, saqueos, desfiguración de rostro, y en fin la barbarie, la ferocidad, la incultura como pan de cada día. Y eso lee la gente y eso es lo que aparecen en los medios de comunicación masiva, sin visos de cambio, porque cuando se formula un cuestionamiento a este estado de cosas, con el mayor desparpajo se responde: “eso es lo que quiere la gente”, “Eso es lo que impone el raiting”, “la gente quiere el periodismo morboso”. Y este fenómeno no solo se da en los diarios que llamamos chicha para definir el amarillaje periodístico, sino también y no pocas veces en la prensa formal.
Y así no es la cosa. Ese facilismo de responder “así quiera le gente”, -que nos negamos a creer- no puede en último de los casos aceptarlo la prensa como un objetivo impuesto por los lectores. El deber de la prensa es informar con verdad, sin ningún ocultamiento, es cierto, pero apelando siempre a la cordura, a la prudencia, a la sensatez, al compromiso ético de informar y orientar con verdad pero teniendo como paliativo el sano juicio, la responsabilidad social que asume el periodista en el cumplimiento de su deber.
Revisemos el periodismo que se hacía en la década de los Años 50 y 60, cuando los medios de comunicación estaban en poder de sus legítimos dueños, y había una competencia descomunal entre los medios para ganar una mayor preferencia del público lector. Por supuesto que esa competencia se fue al diablo cuando el gobierno militar que derrocó a Belaunde, se apoderó de los medios de comunicación escritos, radiales y televisivos. Pero ni aún así, jamás se llegó al amarillaje perverso del que se hace gala hoy en día.
En este 62 aniversario de nuestra Gloriosa Federación de Periodistas meditemos con seriedad sobre estos aspectos de degradación moral que pueden estar dañando gravemente a la sociedad peruana y poniendo en riego su futuro.
Viva la Federación de Periodistas del Perú
Muchas Gracias.