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Juan Jiménez: Premier para Creer

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Juan Jiménez se estrenó frente a la PCM en la Cadena Interreligiosa por el Diálogo y la Paz, en que participó el presidente de la conferencia Episcopal, monseñor Salvador Piñeiro.

Además de fe, el nuevo primer ministro promete un radical –y científico– cambio en la resolución de conflictos. Juan Jiménez se estrenó frente a la PCM en la Cadena Interreligiosa por el Diálogo y la Paz, en que participó el presidente de la conferencia Episcopal, monseñor Salvador Piñeiro.

Como para comenzar una nueva página, el cambio de gabinete llegó cinco días antes del discurso presidencial de Fiestas Patrias. Las voces palaciegas señalan que, mientras que la primera dama Nadine Heredia se inclinaba por un relevo casi total, el presidente Ollanta Humala impuso un retoque parcial. No había suficientes cuadros.

La designación de Juan Jiménez Mayor como primer ministro marca el ritmo. Reformas en la Policía y el sistema penitenciario serán dos de los anuncios que hará el Presidente en su discurso. Para llevarlas a cabo el Ejecutivo pedirá facultades legislativas por 90 días. En sus últimos días en la cartera de Justicia, el propio Jiménez explicó los detalles a las bancadas. Estructura orgánica, régimen de personal, capacitación y disciplina son los cuatro pilares de la reforma de la PNP. Dos nuevos programas sociales también formarían parte de la batería de anuncios con la que el Presidente intentará renovar los aires de su administración.

Soy el primer sorprendido de estar sentado en esta silla”, confiesa el primer ministro Juan Jiménez Mayor. Apenas un par de horas antes le ha transferido el cargo a su sucesora en el despacho de Justicia, Eda Rivas, quien a la vez se desempeñaba como su viceministra.

La sorpresa es compartida parcialmente por buena parte de la opinión pública. Su nombre sonó constantemente en el bolo para suceder a Óscar Valdés (CARETAS 2240) pero no fue tan frecuentemente mencionado como otros miembros del gabinete.

De pronto, y por lo menos desde el viernes 20, Jiménez (47) se entregó a la tarea de visitar en sigilo a quienes espera que sean sus colaboradores de primera fila en la tarea encomendada por el presidente Ollanta Humala. Tres días después juramentaba en Palacio de Gobierno.

Lo adelantado por Jiménez sobre las prioridades de su agenda adelanta el tono que tendrá el discurso presidencial del próximo 28 de julio. La tarde del martes 24 reiteró la impronta prometida del “gabinete del diálogo” cuando caminó los pasos que separan su nuevo despacho del atrio de la Iglesia de San Francisco, donde participó en la Cadena Interreligiosa por el Diálogo y la Paz en la que figuraron el presidente de la conferencia Episcopal, Salvador Piñeiro, y los “facilitadores” del diálogo en Cajamarca, monseñor Miguel Cabrejos y el padre Gastón Garatea.

Además de Rivas, hay otras cuatro nuevas fichas en el Consejo de Ministros. Pedro Cateriano (Defensa), que integraba el equipo de Jiménez en Justicia, más específicamente en la defensa de los Comandos Chavín de Huantar; Wilfredo Pedraza (Interior), con quien el premier coincidió durante el gobierno de Transición; Midori de Habich (Salud), especializada en el tema de cobertura y de experiencia reciente en el PNUD y antes en el BCR; y Milton Von Hesse (Agricultura), que venía de encabezar Proinversión.

En un año, este gobierno ha realizado 20 cambios ministeriales. Récord de inestabilidad en las carteras, más si se toma en cuenta que, a estas alturas, Alan García había hecho dos en su segundo gobierno y Alejandro Toledo, 10.

De saque, Jiménez se comprometió con la reforma del SNIP y sacar adelante un paquete legislativo para combatir el crimen organizado. Es obvio que en el gobierno leen las encuestas con atención. La última de GFK-Conecta publicada por La República el domingo 22 confirma la tendencia en el descenso de la popularidad presidencial, que alcanza el 36%.

Jiménez ha desarrollado su carrera muy cerca de su alma máter, la hoy convulsionada Universidad Católica (ver nota aparte). Allí se graduó de abogado, se especializó en derecho constitucional y es docente de investigación jurídica desde 1994. Hasta ser designado ministro de Justicia era director de la Clínica Jurídica de Acciones de Interés Público en la PUCP. Participó en misiones de observación electoral de la OEA en Guatemala y Paraguay y desde 2003 es profesor de la Academia de la Magistratura. Asesoró al Consejo de la Prensa. Fue viceministro de Justicia durante el gobierno de transición y comenzó con el mismo cargo en la actual administración.

A partir de la conversación con CARETAS destacan algunas ideas fuerza de la personalidad política del nuevo primer ministro. Rasgos que seguramente debieron ser tomados en cuenta por Humala.

Primero, este constitucionalista destaca constantemente los valores republicanos que animaron la construcción nacional del Perú. La palabra “austeridad” es repetida y los más leales a Humala, como es el caso del propio Jiménez, tampoco se cansan de atribuirle al mandatario el cultivo de esa virtud.

Segundo, y en relación con la concepción anterior, evita calificarse como de izquierda o derecha. La cerrada defensa que hace de los Derechos Humanos, expresada en su reciente encontrón con el juez supremo Javier Villa Stein (ver nota aparte), es definida como principista. No ideológica. Su recorrido público tiene a Valentín Paniagua como faro político. Y, de hecho, el discurso de Jiménez parece por momentos reflejar los valores nacionalistas del acciopopulismo auroral.

Tercero, ya en lo que compete al ejercicio del cargo, Jiménez trae una y otra vez a colación metodologías, estándares, números y procedimientos “casi científicos” para solucionar los conflictos sociales (ver recuadro). Un buen comienzo para quien busca logros objetivos que mostrar, pero también un misterio pendiente sobre la muñeca política que necesitará.

“A nadie le enseñan a ser ministro en el Perú”, consiente con necesaria humildad en el contexto con el que le toca operar. “Y menos primer ministro”.

Pero añade con optimismo: “Hay que creer”.

–Se especuló mucho sobre el perfil conceptual del nuevo gabinete antes de saber quién era el premier. ¿Por qué cree que el Presidente se decidió por usted?
–Difícil saber lo que pensó el Presidente. Estuve muy sorprendido cuando me convoca y me hace la propuesta. Es su decisión la que cuenta acá. Me explicó lo que él consideraba que se debería aportar. Lo que pienso es que si había una cuestión preconfigurada de cómo debería perfilarse el gabinete él fue evaluando las posibilidades y competencias de cada ministro y así fue verificando lo que necesitaba. Pero, como lo dispone la Constitución, el gabinete se estructura sobre la base que propone el primer ministro. La composición sigue siendo de ministros muy técnicos y competentes, sobre todo en el área productiva y social.

–¿Y cuáles fueron las ideas que le transmitió el Presidente?
–El Presidente no quiere más muertos. Quiere que seamos un gabinete con mucha prudencia en el manejo de la cosa pública, en los temas sociales y la seguridad. Habrá mucho trabajo en el ámbito de los conflictos sociales. Las primeras ideas que le he transmitido a la opinión pública son nuestras vigas maestras: diálogo, seguridad ciudadana, orden interno, impulso a la inversión, desarrollo, probidad. Un pasivo que tenemos los que debemos sostener la gobernabilidad es la comunicación. Debemos comunicar mejor lo que estamos haciendo, que son muchas cosas. La prensa juega un papel fundamental en la democracia. Uno extraña en cierto modo los momentos más críticos del país, cuando el periodismo desenmascaró a los malos políticos. Mi padre y mi tío fueron periodistas de El Comercio. Me sentiría muy cómodo en el oficio pero tengo la mala suerte –o buena– de ser abogado. Hace poco me reuní con la relatora de libertad de expresión de la OEA, Catalina Botero, y me expresaba su satisfacción con el tema de la libertad de expresión en el Perú. Son cosas que no se ven y ese es un símbolo del primer año. A pesar de que el Presidente ha tenido una prensa muy dura y muy adversa demuestra que es un estadista que va más allá de los vaivenes de la política.

–Usted prometió abordar de un modo totalmente distinto la temática de conflictos. ¿Qué puede adelantar?
–Vamos a reestructurar el tema de conflictos. Es un fenómeno contemporáneo muy fuerte, está en América Latina, en todo el mundo. Es la expresión de un proceso de desarrollo económico. Donde hay pobreza no hay conflictos. Solo se presentan donde hay algo que distribuir. O redistribuir. Vale la pena hacer algunos comentarios sobre metodologías. En la PCM hay un criterio idóneo para catalogar cuáles son, propiamente, conflictos. El personal ha hecho un trabajo estupendo en ciertos ámbitos pero necesitamos, por decirlo así, una versión 2.0 de la estructura. En democracia tenemos que aprender a resolverlos de ambos lados. Desde el Estado se espera razonabilidad y proporcionalidad en la reacción. Vamos a diseñar una estructura nacional para tratar los conflictos, con mayor participación de los gobiernos regionales y sectores ministeriales. La PCM debe ser la última instancia a recurrir, no la primera. Introduciremos metodologías de diálogo, alertas tempranas para no esperar que la situación escale. Vamos a crear un directorio conformado por expertos y personalidades del mundo académico y social. Al frente estará una persona con liderazgo nacional. Tenemos un software de Naciones Unidas que ya fue donado a la PCM y esperamos instaurarlo rápidamente. Un grupo de expertos extranjeros llegó hace unas semanas para entrenamientos en diálogo y negociación. Acá ya hablamos prácticamente de una ciencia, de metodologías científicamente comprobadas de resolución de conflictos.

–El proyecto Conga se ha convertido en el rasero de este gobierno.
–Es un tema difícil. Tengo que decirles que tengo la esperanza de que pueda tener un diálogo sincero, respetuoso, tolerante con Cajamarca y sus representantes. No conozco al señor Gregorio Santos pero veremos la manera de fijar una agenda con los que van a plantear el diálogo. Lo que es seguro es que son más las coincidencias. Ninguna de las autoridades puede renunciar al agua y esa es la prioridad.

–¿Por qué se inclinó por el derecho constitucional?
–Es mi pasión desde el punto de vista académico. Tuve varios maestros. Enrique Bernales y Domingo García Belaunde son pilares del derecho constitucional y por suerte ambos fueron mis profesores. La Universidad Católica es mi segunda casa.

–¿Cómo se definiría políticamente?
–Mire, me quieren catalogar. Algunos quieren llamarme caviar. Era un estudiante universitario normalito, cumplidor, pero no hacía política. Lo que ocurre es que he trabajado en puestos públicos en momentos determinados. Tengo experiencia en el campo de los Derechos Humanos, pero eso no significa que me cataloguen de izquierda o derecha. Esto no debería dividirnos. Como los DDHH son rechazados por un sector ideológico generan algunos tipos de resistencia pero son parte de la identidad personal, consustanciales a la persona. En el Ministerio de Justicia intentábamos hacerlo, y Eda Rivas lo va a seguir haciendo, en el sentido de tener una agenda de inclusión que no divida los DDHH, sino todo lo contrario. Hay que vincular los DDHH de las personas con las políticas de Estado. Hablamos de rediseñar este enfoque. México ya tiene pilotos con las políticas de agua, los programas sociales y el agua. Es un sistema nacional de DDHH así como existe, por ejemplo, un sistema financiero. Este sistema se va a controlar por parámetros tecnológicos, regulado de manera estricta con estándares internacionales. Hay indicadores de cuál debe ser el consumo de agua per cápita, cuál es la distancia mínima que un ciudadano debe tener a una fuente de agua.

–Pero hace un par de semanas se dio a conocer el nivel de ejecución de inversión del gobierno nacional, que se encuentra en 20% a mitad del año.
–Es un problema que ya habíamos detectado hace varias semanas. Es monitoreado permanentemente y tenemos un seguimiento por hacer. Estamos seguros que en el segundo semestre tendremos un impulso en la ejecución del gasto público, pero siempre eficiente y dentro del principio de austeridad republicana.

–Se refiere repetidamente a la austeridad. Es un término que también usa el Presidente.
–Eso es un tema de conocer la historia del Perú. Algo que aprecio del Presidente es que es un gran lector de la historia. Eso viene de casa, de sus padres, saber cómo se organiza el Estado desde el siglo XIX luego de la trayectoria de la colonia, lo que construyen los padres fundadores de la patria. Un modelo liberal que consolida los derechos fundamentales. Los grandes hombres de la historia peruana nunca usufrutuaron el poder de modo personal. Muy diferente a cuando comienza el tema del transfuguismo, pasarse de una fila a otra, las coimas, los golpes de Estado, los actos de corrupción que quedaron registrados en videos. Creo que es la negación absoluta de lo que es el Perú, de los hombres y mujeres que dieron lecciones de decencia. Me viene de casa, mi padre era un intelectual y un soñador. Mi madre era ama de casa y cuidaba a los chicos. Éramos cinco hermanos. Tuvimos esa riqueza del cariño al Perú. Me precio muchísimo de haber trabajado en el gobierno más austero al menos de los últimos 30 años, que fue el de Valentín Paniagua. Lo que enseñó en esos 8 meses de gobierno fue clave para demostrar que no todo estaba perdido. Marcó una senda importante. En el caso del presidente Humala lo veo de manera mucho más cercana. Son los mismos valores, principios. No se aprende al llegar al poder, está insertado en el ADN. (Entrevista: Enrique Chávez)


 


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