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Entrevistas

Rubio, Cipriani y la PUCP

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Tras comunicado del Vaticano que retira títulos de “Pontificia” y “Católica” a la PUCP, Rubio muestra documento que pretendió rescatar el Arzobispado luego de medio siglo.

Marcial Rubio revela que el Cardenal pretende controlar el presupuesto de la PUCP, según modelo de 1957. Tras comunicado que retira títulos de “Pontificia” y “Católica” a la PUCP, Rubio muestra documentos ya desempolvados por el Arzobispado.

La tarde del viernes 20 una carta de la Secretaría del Vaticano confirmó los rumores. El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, prohibía a la Pontificia Universidad Católica del Perú hacer uso de ambos títulos en su denominación, subrayando, eso sí, que la universidad seguiría sometida a la ley canónica por ser “persona jurídica pública de la Iglesia”.

A pesar de que el cardenal Juan Luis Cipriani dijo no sentirse ganador sí manifestó que las autoridades universitarias deberían reconocer su error. El lunes 23, la asamblea universitaria emitió un comunicado en el que deplora el decreto recibido, afirma que “hará prevalecer el compromiso que tiene para con sus estudiantes”, reitera su compromiso con los valores católicos y respalda la gestión realizada por el rectorado. En esta entrevista, el rector Marcial Rubio ofrece reveladores detalles sobre la negociación de abril último, que estuvo muy cerca de lograr la “solución integral” planteada por la universidad. Es decir, la que saneaba la controversia por el destino de los bienes legados por Riva Agüero, en disputa en el Poder Judicial peruano, y la adaptación de los estatutos exigida por el Vaticano.

–¿En qué punto se rompieron las negociaciones?
–El miércoles 4 de abril, luego de haber arreglado todo con unos intermediarios, el cardenal me mandó un correo en que me dijo: ‘el tema del Estatuto está ok, pero en el tema de la herencia –que ya había sido conversado– tenemos que afinar la redacción’. Cuando pasa la semana Santa, el domingo (8) salen sus declaraciones en El Comercio diciendo que lo esencial es el tema del Estatuto, que es lo que espera la Santa Sede, y que el resto lo podemos conversar pero que vayamos avanzando. Entonces yo dije: “está claro que no hay arreglo”, porque esperábamos una solución integral. Ahí me llama el intermediario de Cipriani, cuyo nombre no puedo revelar, y me dice que tenemos que hablar del asunto de la herencia. Arreglamos el problema pero el cardenal lo bloqueó. Y lo que el cardenal ha dicho que quería era una cosa que se aprobó en la Junta de 1957, por la cual esta administraba toda la plata de la universidad y el rector solo firmaba los papeles. ¿Yo cómo voy a aceptar eso? Imposible, mejor renuncio. Esto es lo que me pidió el cardenal y esto es lo que pide (el abogado) Natale Amprimo.

–Y el modelo actual que usted negoció con el intermediario del cardenal, ¿cuál era?
–La Junta Administradora (estipulada en el testamento de Riva Agüero) expresaba su conformidad como requisito para la transferencia de propiedad o gravamen de los bienes inmuebles de la herencia existentes al momento de su fallecimiento –no de todos los bienes–, facultando además a la Comisión Económica (que se iba a introducir en los estatutos, formada por un designado por el rector, uno por el Arzobispo y uno por la Conferencia Episcopal, y que iba a revisar todo el presupuesto de inversiones) para que apruebe la venta o gravamen de estos bienes. Yo le dije que no tiene sentido que si una Comisión lo aprueba –donde la Iglesia está dos a uno–, tengamos que además pedirle permiso a la Junta. Que lo hagan ellos, total ahí la Iglesia manda, era mayoría. La universidad se encargaba todavía de llevar la contabilidad y se acordaba desistir de inmediato de los procesos en curso y levantar la inscripción de la sentencia del TC. Así mismo la Universidad se comprometía a dejar sin efecto la demanda interpuesta ante la CIDH.

–Lo que decían en el Arzobispado era que la universidad quería desaparecer del todo la Junta y que eso no se podía hacer porque era una disposición del testamento.
–Yo no tengo problemas con la Junta. Yo lo que no quiero es encargarle a Luis Muñoz Cho (tesorero de la Junta designado por el Arzobispado) la administración de una universidad con US$ 220 millones anuales de caja, para la que necesito un equipo de diez personas para manejarla. Somos una de las pocas universidades privadas que tiene todo lo importante en la web y no es un problema de supervisión, lo que pasa es que no es como la ejecución de una parroquia. Nosotros no estamos contra la Junta ni tenemos problema en que nos revise.

–¿Por el lado de las reformas de los estatutos estaba conforme?
–Yo estaba conforme pero eso lo tenía que aprobar la Asamblea. Yo se lo comuniqué el lunes 9 y se generó toda una discusión porque no todos los miembros de la Asamblea estaban de acuerdo. Eso es público y notorio, nosotros somos democráticos. Sin embargo, todos los que discreparon han firmado en apoyo al comunicado que ayer (lunes 23) hemos emitido.

–La carta de Bertone es tremendamente agresiva con su persona. ¿Cómo interpreta eso?
–Es la estrategia del cardenal Cipriani. Él ha dicho que el responsable soy yo, Marcial Rubio. Yo no soy responsable. La Asamblea decide. Mi conciencia está tranquila y yo me voy al juicio final con la mochila en orden. Como estrategia sí me parece perversa. Tratar de buscar un chivo expiatorio y personalizar en alguien para que yo cargue con las culpas, eventualmente sea censurado y se desarticula la universidad. Creo que el cardenal Bertone no ha tenido tino y se ha dejado llevar por lo que dice el cardenal Cipriani. Es muy raro que piense igualito. Su decreto y su carta, todo se puede sacar de textos de Cipriani. Inclusive las mentiras de que aquí hay serias observaciones a la disciplina moral de la Iglesia. ¿Cuáles son? Ningún libro que yo haya escrito, ni de los que publica el fondo editorial. Yo creo que Bertone le ha dicho ‘hermano cardenal, hazme la carta y yo la firmo’.

–¿Por qué este resultado final es tan tajante por el lado del Vaticano y no parece recoger matices?
–Mi opinión personal es que el cardenal Bertone está en una turbulencia tremenda y necesita alianzas. Yo creo que gente cercana o del Opus Dei que está en el Vaticano, para ayudar a Cipriani, le ha dicho a Bertone: ‘mira, pon la universidad en manos del cardenal Cipriani’. Y el cardenal Bertone ha pensado: ‘bueno, total esta universidad pequeña en las indias occidentales frente al Pacífico…’, y le ha dado todo el poder. Tanto poder que en esa carta que está circulando en la cual Bertone le jala las orejas a Salvador Piñeiro, en el fondo parece decirle que antes de hacer algo como presidente de la Conferencia Episcopal, ‘pregúntale a Cipriani’. Cuando un cardenal se sale de sus casillas no hay autoridad en la Iglesia –no peruana, en la Iglesia– que lo pueda regresar. El único es el Papa. No es broma y Benedicto XVI lo ha dicho expresamente.

–¿Y el Papa está un poco fuera de juego ahorita?
–Si yo no puedo ver los detalles de mi humilde universidad siendo rector, cómo el Papa va a poder mirar un asunto de una universidad con el cardenal Arzobispo.

–¿Están tranquilos con la continuidad de la universidad?
–Esta es una universidad peruana sometida a la ley peruana. No lo digo yo, lo dice el Estatuto, y dentro de la ley peruana somos una institución perfectamente legalizada. Nuestro nombre está inscrito en Indecopi, nuestro estatuto en SUNARP y está en la ley universitaria; por lo tanto, tenemos Asamblea Universitaria legítimamente elegida.

–En su editorial, El Comercio considera cínica la posición de la universidad, al negarse a cambiarse de nombre.
–En el caso de El Comercio hay una profunda presencia de sectores conservadores de derecha en su conducción, con una clara presencia del Opus. La estrategia del cardenal es una estrategia maquiavélica en el sentido de que ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’. Por ejemplo, Correo, ¿qué tiene en común Cipriani con Correo? Que es enemigo de la universidad.

–¿Cipriani quiere hacer su propia universidad?
–Yo creo que el cardenal Cipriani quiere ser el estado Vaticano metido autárquicamente dentro del Estado peruano. Habilitar la ley canónica, decir que la universidad es de la Iglesia, que los bienes son eclesiásticos. Si no le sale no sé qué hará, pero yo he oído que va a hacer una universidad del Arzobispado. Inclusive hay quien me ha dicho que se va a llamar Bartolomé Herrera.

–Qué inconveniente para la Iglesia católica perder una institución como la universidad, ¿no?
–El cardenal Cipriani ha estado aislando a la Universidad Católica de la Iglesia y ha logrado que el Vaticano la aísle. Él, con eso, ha empequeñecido un poco más a la Iglesia Católica.


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