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Historia El registro pictórico del asalto de Manco Inca en un cuadro que de la Catedral del Cusco no se sabe cómo llegó a un museo de Luján, Argentina.

Una Pintura con Historia

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Ambrosetti dio cuenta del cuadro en 1912.

Se trata de un óleo ejecutado a fines del siglo XVI, por uno de los pintores que llegaron al Cusco, posiblemente don Mateo Pérez de Alesio. Este nacio en Alesio, Italia, y con Vitti y otros fueron a la capital del Imperio para crear escuela pictórica con el fin de enseñar a los infieles nativos la bondades de la religión católica y los peligros de no creer en ella. Se trata de un verdadero tesoro documental para graficar un episodio de la historia peruana. Dicha pintura, de grandes dimensiones, estuvo enmarcada y colgada en el retablo de la Antigua, frente a la Puerta del Perdón, de la actual Iglesia Catedral del Cusco, según el historiador y sociólogo José Uriel García*. Hoy dicho cuadro, indebidamente, está en el Complejo Museográfico Enrique Udaondo, en la localidad de Luján, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

La importancia de esta pintura radica en la representación más ajustada a la verdad que existe sobre el asalto y sitio del ejército de Manco Inca para expulsar a los conquistadores de la capital del Imperio de los Incas. El pintor representó con exactitud las edificaciones que aún no habían sido destruidas en 1535. Se puede observar el torreón en la cima de Sacsayhuamán que fue destruido por los conquistadores años más tarde. Otro atributo de este cuadro es que muestra quizás una de las representaciones más vívidas de las auténticas vestimentas de los soldados incas con elaborados diseños que aún queda por descifrar su significado. Principalmente representa la aparición de la Virgen María quien, acompañada de querubines, esparce un efluvio para apagar los incendios del primer templo provocados por los invasores y rechazar a los mismos. La pintura, atribuida a ese maestro o a algunos de sus discípulos, fue elaborada para, precisamente, atemorizar a los levantiscos quechuas que todavía existían unas décadas después del intento de Manco Inca para expulsar a los invasores españoles. En la leyenda que describe el asalto del ejército libertador incaico dice:

Hallándose los conquistadores deste Reyno acosados de una multitud de indios ynfieles y rreducidos a las paredes de un galpón en donde su fuerza inhumana le pegó fuego por todas partes para acavar las Reliquias que los pocos Españoles cuando se dejó ver en el ayre a MARIA S.S.N. como Divina Aurora esparciendo de su Glorioso Manto un copioso rocío con que apagó la voracidad del fuego … (Tomado del propio cuadro, desde una copia fotográfica a color).

En 1910, el estudioso argentino don Juan B. Ambrosetti, historiador y arqueólogo, como homenaje al XIII Congreso de Americanistas que se reunió en la ciudad de Buenos Aires, publicó un folleto describiendo la mencionada pintura, que dijo era de su propiedad. Así mismo, detalló la manera casual en que descubrió en la ciudad argentina de Tucumán dicha pintura en condiciones de abandono**. (sic):

Después de más de dos siglos de quizá cuántas vicisitudes, arrancado de un bastidor, vejado de mil modos, expuesto al sol y a la lluvia y convertido en un trapo inmundo, de haber servido para cubrir la escasa troja del maíz cosechada en el interior de un convento de provincia, ejercía las altas funciones de cielo raso para tapar goteras en la pobre celda de un cándido fraile.

Nuestro personal interés para estudiar esta pintura se basa en el uso imaginario de las apariciones celestiales, por cronistas de todas las denominaciones cristianas –desde Alaska a Patagonia, y desde el Reverendo Cotton Matter hasta Garcilaso– para proteger a los europeos invasores. Esos conquistadores esparcieron, entre los Yndios ynfieles la creencia que la viruela, sarampión y gripe fueron envíos de Dios para castigarlos por sus creencias apóstatas. Por ejemplo, en Nueva Inglaterra los peregrinos del Mayflower, en agradecimiento al Altísimo, crearon una oración: God Sent Small Pox; ya que los indios, que los iban a exterminar, murieron por viruela. Tal como, suponemos, ocurrió con las tropas de Manco Inca. Estas plagas solamente atacaban a los nativos. Se cuidaron de mencionar que los invasores europeos habían sobrevivido a estas plagas del continente europeo siglos atrás.

Resulta obvio que esta obra pictórica fue sacada de la Catedral del Cusco de manera ilícita, en tiempos en los que no se honraba los principios de la intangibilidad de los tesoros culturales de nuestra patria. Por ello es que la Academia Nacional de Historia, consustancial defensora de nuestro acerbo documental, debe gestionar la intervención de los poderes del Estado peruano para conseguir ante los estamentos del Estado argentino la repatriación de tan valioso documento y su colocación en el lugar que representa tan bellamente y del que nunca debió ser sacado. (Por: Uriel García Cáceres y
F. Uriel García Vidaurre)

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1. Registro del Torreón de Sacsayhuamán con sus andenes que lleagaban a la Plaza Mayor, donde se encontraba el Sunturhuasi.

2. Detalle mostrando el Sunturhuasi construido por los Incas. En Machu Picchu hay uno igual, lugar donde se construyó la Iglesia del Triunfo.

3. Los “infieles” incendiando
el refugio de los españoles. El giro de 180 grados de las cabezas es característica de Pérez de Alesio.

4. Soldado inca muerto.
¿Será a causa de viruelas?

__________
(*) García, José Uriel: “Machu Picchu”. 1961, Cuadernos Americanos. NO 4, p. : 201. El autor hizo mención a esta pintura con ocasión de mostrar el Sunturhuasi de Machu Picchu, que es similar al que se muestra en dicha pintura.

(**) Ambrosetti, Juan B.: Un Documento Gráfico de la Etnografía Peruana de la Época Colonial. (Facultad de Filosofía y Letras, Publicaciones de la Sección Antropología, No 8. 1910, Imprenta y Casa Editora “Juan A. Alsina”, Buenos Aires). Este trabajo está ilustrado con fotografías en blanco y negro.


 


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