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Opinión ¿Por qué hacemos esas cosas? ¿Será el miedo a cambiar, la inseguridad frente a lo que viene de afuera y no garantiza nada?

Tres Actos Gratuitos

LIMA, 5 DE AGOSTO DE 2012

Lo leo en el periódico de hoy y me hace acordar una infinidad de hechos como el narrado, gratuitos, insensatos, incomprensibles. En el mes de septiembre del año que pasó se colocó en la quebrada de Apacheta, en Caylloma, una placa conmemorativa del descubrimiento del punto donde se origina el río Amazonas. Este importante hecho científico estuvo a cargo de una expedición polaca encabezada por el explorador y periodista ítalo polaco Jacek Paliewicz. En 1996 los investigadores pudieron precisar, por fin, cuál es el origen del río más caudaloso y largo del planeta, un diminuto manantial a más de cinco mil metros sobre el nivel del mar. Durante décadas, si no siglos, se había debatido el lugar de origen del Amazonas, una discusión que se entroncaba con la sostenida a raíz del río Nilo y que aún ahora pone en cuestión la supuesta identidad entre nacimiento y cabecera de río. El descubrimiento fue en ese sentido de un relieve extraordinario. Y los polacos decidieron, por eso, clavar en una piedra de la árida quebrada de Apacheta, una placa que recuerde los hechos.

Pues bien, a inicios de este mes otra misión polaca dirigida por Jalek Majchervzak volvió a la quebrada y encontró que la placa no está. Por supuesto, el asunto no tiene mayor importancia al lado del significado del descubrimiento del origen del Amazonas, pero sí que tiene un enorme peso en relación a cómo es que somos. Indagando, los polacos descubrieron que la placa se encuentra en la oficina del alcalde de Lari, distrito al que pertenece Apacheta, y nadie da razón de cómo ha llegado allí ni qué se va a hacer con ella. Un acto gratuito.

Hace cosa de diez años un suculento proyecto binacional destinó una buena cantidad de fondos para poner orden en el Santuario Histórico Natural de Machu Picchu. El monto era irresistible, pero el embajador del país donante en persona se ocupó de su manejo para evitar las metidas de mano. Por supuesto que no se pudo ejecutar ni un dólar, si no había coima, ¿a quién le iba a interesar trabajar más por nada? Conocí a ese embajador, vivía enfermo por no entender qué era lo que pasaba. En su apuro por actuar consiguió independizar los intereses de los fondos y con estos hacer algunas obras de señalización en el Camino Inca, así como instalar unos baños secos en los campamentos, para terminar con el inmundo sistema de las carpas/letrina, que lo único que hacen es contaminar con papeles usados que terminan tirados en la ruta. Al mes tuve la oportunidad de estar en el Camino Inca con un delegado del embajador. Tanto los señalizadores de acrílico, impecables, como los baños, habían sido destrozados a hachazos. Los guardaparques lo único que pudieron decir fue que el daño se había hecho de noche y que, se sospechaba, los autores eran vecinos del kilómetro 88, donde está la última población antes de las fronteras del parque. A hachazos, un acto gratuito.

La funcionaria de un consorcio que tomó en concesión una serie de aeropuertos provincianos del Perú me contó que una vez terminada la remodelación de la mayoría, se hizo estudios sobre el comportamiento del usuario de la nueva infraestructura. En todos los relanzados aeropuertos ocurría lo mismo. Gente que tomaba asiento en las sillas nuevecitas y en minutos ya las estaba raspando, con una llave, con una moneda, hasta con la uña. Actos gratuitos en sala de espera.
¿Por qué hacemos esas cosas? ¿Será el miedo a cambiar, la inseguridad frente a lo que viene de afuera y no nos garantiza nada? Porque robar la placa, rayar la silla o tirarse abajo a hachazos carteles y letrinas, no le trae ningún beneficio a nadie y sí en cambio un grave prejuicio a muchos. Entonces, ¿por qué hacemos esas cosas? Estoy seguro de que en su insignificancia, la respuesta a esta pregunta retórica nos explicaría mucho sobre los conflictos sociales que nos están estragando. (Escribe: Rafo León)


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