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Londres 2012

Londres 2012: Peso del Oro

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Ezekiel Kemboi (Kenia) vuelve a morder el oro de los 3,000 metros con vallas, ocho años después de ganar en Atenas 2004.

Reyes del deporte y una amplia corte de notables se reparten los premios de los Juegos Olímpicos. Perú mira de lejos.

Bolt lo hizo otra vez. Phelps, solo –y, según sus propias palabras, “viejo”–, sumó más medallas que 154 países. Serena Williams avasalló todo lo que se mueve camino al oro en singles y dobles, junto a su hermana Venus. Isinbayeva saltó mal y apenas le dio para el tercer lugar, pero igual se declara “contenta”. Mientras bajamos de los cielos, Londres 2012 nos entrega las proezas de Óscar Pistorius, campeón paralímpico que alcanzó las semifinales de los 400 metros. Aliya Mustafina ganó en barras asimétricas y le otorgó a Rusia su primer oro en gimnasia artística desde Sidney 2000. Estados Unidos acaba de quedarse sin liga profesional de fútbol femenino, pero sus jugadoras juegan por una nueva y, en el minuto 123, vencieron 4-3 a Canadá en semifinales sobre el venerado Old Trafford.

Son algunos de los nombres que aparecieron en portada durante estos Juegos Olímpicos, y que llenarán los balances de quienes no quieren olvidar tan rápido. Los británicos quedarán felices porque el Team GB suma medallas como si de los Juegos de la Commonwealth se tratase –ya supera las 40 medallas, su anterior marca en unos mismos Juegos–, y las demás potencias también porque, salvo Australia, todas aumentarán su saldo de preseas. Lo que quiere decir que alguien más las está perdiendo.

POWER SUDAMERICANO

Excepto en deportes muy específicos –como el fútbol y el vóley–, la región nunca fue gran potencia medallera. Estos eventos son, más bien, para las grandes ligas, y las hazañas de sus héroes son como un banquete delante de unos pobres soñadores, bastante contentos ya por fotografiarse con ellos en la Villa Olímpica. Si buscamos una buena lid sudamericana, lo estamos haciendo en el lugar equivocado.

Pero estos Juegos han sido particularmente decepcionantes. Vencidos desde los dos segundos que la televisión le dio a nuestra delegación en la ceremonia inaugural, la mayoría de nuestros atletas cayeron eliminados antes del quinto día de competencia, y siempre tan lejos que no pudimos vibrar con ellos como sí lo hicieron los colombianos con Rigoberto Urán y Caterine Ibargüen –plata en ciclismo de ruta y salto alto, respectivamente–, o los chilenos con Tomás González, gimnasta finalista en salto de potro y ejercicio de suelo, que se quedó en las puertas del podio en ambas ocasiones. Argentina sabe copar la programación de ESPN con todos sus deportistas, pero Del Potro la sudó contra Federer y Djokovic para llevarse el bronce, y el hockey femenino tiene una medalla casi asegurada.

En Perú, Inés Melchor llegó en puesto 25 en la maratón, batió el récord sudamericano (2:28:54) y mejoró un poco el ánimo colectivo. Y, aunque nos sepa a poco, la marca es uno de los hitos de la región en estos Juegos.

SUFRE PERUANO

Todos nuestros deportistas –como el resto de los 10.463 atletas en Londres– han luchado cada día por llegar a la gran cita, y solo estar allá es una verdadera victoria. Sin embargo, comparando con los vecinos, ganar una medalla se ha vuelto tan utópico como llegar a un mundial de fútbol.

¿Es una cuestión de dinero? Nadie es particularmente rico por estos lares, ni lo son Rumania, Kenia o Jamaica, países con una cantidad de medallas bastante grande en comparación con su PBI. Las familias de Ryan Lochte (campeón de natación) y Gabby Douglas (campeona all around de gimnasia), entre otros deportistas de élite estadounidenses, están endeudadas por las carreras de sus hijos. El deporte es caro, y son realmente pocos y excepcionales quienes pueden vivir de él. Y, sin embargo, hay campeones por todos lados, mientras la última de nuestras cuatro medallas fue la plata de Juan Giha en tiro, en Barcelona 1992 (recordatorio de que, más allá de las lágrimas frente a la bandera, los logros son individuales).

Hay algo más que dinero, entonces: competencia y organización. ¿Voilà? Nada nuevo, pero no está de más repetirlo. Colombia –el más exitoso caso sudamericano de estos Juegos, sin contar a Brasil– llevó 104 deportistas a Londres y suma cuatro medallas, su mayor cosecha histórica. Más de cien deportistas deben emerger de una buena selección de potenciales olimpistas, y no de unos pocos, como suele ser la bandeja peruana en todo excepto en fútbol. ¿Cómo la buscamos? Se podría comenzar por la educación física obligatoria y las instalaciones deportivas que promuevan la ambición de unos pocos por ser un poco más grandes. Va a demorar, así que paciencia. Y un par de velitas este jueves a Peter López por una medalla y el play de honor.(Liliana Michelena)

Padre Coraje

Ser un olimpista peruano es un sacrifico. Lo explica la familia Rivero.

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En nombre de Claudia: Valeria y Juan Carlos Rivero.

Luego de su eliminación de Londres 2012, Claudia Rivero no pudo ocultar su frustración por la derrota y declaró a un medio local: “Me gusta el bádminton y juego cada día, pero he alcanzado mi techo, he logrado mis objetivos. Es hora para un nuevo capítulo y otras metas”.

En casa de los Rivero, Juan Carlos, padre de Claudia y Valeria, la hermana mayor, también tienen algo que decir.

“Claudia clasificó a los Juegos Olímpicos de Londres por mérito propio”, dice el papá de Claudia, mientras enseña orgulloso sus múltiples medallas, entre ellas, las 3 de oro traídas de los Juegos Sudamericanos de Medellín 2010. “El año pasado, mi hija fue medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, donde les ganó a rivales de Canadá y Estados Unidos. Así llegó al puesto 43 del ranking mundial y clasificó a su segunda Olimpiada”, agrega.

Sin embargo, la fortuna determinaría que Claudia tenga que enfrentar en la primera ronda de los juegos olímpicos nada menos que a la número 3 del mundo, la china Xuerui Li. Luego, se vio las caras con la española Carolina Marín, número 29 del ranking mundial. El resultado lo dice todo. “Queda claro que el verdadero nivel medallero en Olimpiadas está en Europa y Asia. Claudia debió prepararse allá, con rivales del más alto nivel. Lamentablemente, eso no fue. posible”, dice Juan Carlos Rivero.

Por su parte, la hermana mayor de las Rivero, Valeria, afirma: “Aun cuando Claudia hubiera podido irse al extranjero a entrenar, habría abandonado la universidad por completo y todos sabemos que en el Perú nadie puede subsistir solo con el deporte”.

Ex campeona nacional de bádminton en dobles, Valeria Rivero también recuerda los momentos dramáticos que le tocó vivir como deportista. “En 2006, cuando Claudia y yo asistimos al mundial de Madrid, nos embarcaron en un vuelo con escala de 6 horas en Panamá. Llegamos agotadísimas. Encima, en el hotel donde se hospedaban las delegaciones, nos dijeron que el Comité Olímpico Peruano solo iba a cubrir un consumo diario de 10 dólares por persona, por lo que tuvimos que irnos a un hospedaje para mochileros, sin gimnasio ni movilidad para asistir a los entrenamientos”.

Esta y otras experiencias negativas obligaron a Valeria a cambiar el deporte de la pluma por la carrera de Administración. “Yo creo que Claudia a sus 25 años está experimentando lo mismo que yo sentí hace tiempo y me temo que terminará siguiendo el mismo camino”.

Razones no le faltan. El viaje a Londres significó para Claudia una travesía de 48 horas, con escalas. Esperó en el aeropuerto dos horas más a que la recogieran y la trasladaran a la Villa Olímpica. No cumplió los 15 días de estadía previa a la competición sugerida por la Comisión Olímpica Internacional y, a decir de sus familiares, tuvo que costear su propia indumentaria deportiva, incluyendo las raquetas. (Orlando Bardales Nogueira)


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