Opinión “¿Por qué la protesta contra el baguazo no fue tan intensa como la del reality chileno con los boras?”.
¿Qué Seríamos Sin Chile?
LIMA, 11 DE AGOSTO DE 2012Nos reíamos a carcajadas de nuestras torpezas, errores, metidas de pata ante la cámara. Ninguno de los protagonistas teníamos experiencia en actuación pero ya estábamos ahí, todos contratados por la misma empresa, con una paga más que razonable en el bolsillo y qué remedio. Ellos se representaban a sí mismos según la imagen que el peruano promedio les ha adjudicado y yo hacía exactamente lo mismo, llegaba hasta a ridiculizar al personaje que me he construido para un programa de televisión. Ellos, comuneros bora de San Andrés, en Iquitos, debían teatralizar su bienvenida a un foráneo, invitándolo a comer suris vivos. Yo, por mi parte, aterrorizado ante la posibilidad de llevarme a la boca un animal en sinuoso movimiento, dudaba, miraba para todos lados hasta que volteo y encuentro que el camarógrafo se ha zampado el suri con todo y cabeza y no me queda entonces otra que hacer lo mismo. Y luego, decirle en off al televidente que tanto esfuerzo desplegado demanda que él vea mis programas en un sistema determinado de televisión.
Desde que Iquitos se abrió al turismo en los años cincuenta, las comunidades próximas a la ciudad pertenecientes a los pueblos amazónicos bora, yagua y huitoto, comenzaron a incluirse como parte de los atractivos para el viajero, lo que significaba que la vestimenta tradicional que ya habían comenzado a dejar, se la pusieran de nuevo cuando llegaban los gringos; lo mismo las danzas, replanteadas con coreografías que hicieran más sencilla la incorporación de los visitantes a que hagan sus dengues y merengues convencidos de estar bailando con quien se lo podría comer cocinado en una olla gigante de greda. Estas comunidades aprendieron también a adaptar su artesanía utilitaria a objetos decorativos. Tejidos con fibras, pinturas sobre corteza, entrelazados de semillas, tallas en madera. Y todo muy claro. Los acuerdos con los operadores de turismo exigen un producto a cambio del que se paga, con la idea de que el turista salga satisfecho. Hasta donde yo sé, ni en mi experiencia haciendo un spot con los boras, ni en la dinámica comercial de las comunidades con los empresarios, median el engaño ni la explotación. Que haya gente –entre la que me incluyo– a la que no le gusta este tipo de exhibición turística, es otra historia que tiene que ver más con la libertad de elección que con la antropología.
¿Por qué, entonces, ese necio lío con Chile por el reality llamado “Amazonas”? En primer lugar, es obvio, porque se trata de una producción chilena. Ni el uno por ciento de escándalo se habría producido de haber sido colombiana o brasileña. En segundo lugar –como sostiene Fernando Vivas– los verdaderos generadores del escándalo no han sido los protagonistas del reality sino esa mierdosa televisión del chisme que igual que en Chile, la tenemos aquí de sobra. Pero lo que importa de todo este asunto, creo yo, es que una vez más se pone de manifiesto el falso chauvinismo que reina entre nosotros y que se expresa en todas sus gamas a través de las redes sociales. Yo me pregunto, si tanto escandaliza al peruano promedio la agresión a los pueblos amazónicos, ¿por qué la protesta contra el baguazo no fue tan intensa como esta? ¿Cuál es el motivo por el que no hay manifestaciones contra el proyecto de construir una carretera en Yavarí, o contra las concesiones mineras próximas a las comunidades del río Santiago? Cuando Vargas Llosa se pronuncia sobre la cultura del espectáculo, en realidad está hablando más del televidente que del emisor. (Escribe: Rafo León)