Libro Dos volúmenes presentan resultados de 30 años de investigación en el centro ceremonial de barro más antiguo del mundo.
Cahuachi: Los Ritos de Nazca
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Vista de la Gran Pirámide de complejo de culto que abarcaba 24 kilómetros. Vivió su esplendor entre el 400 a.C. y 400 d.C. |
No solo de líneas vive Nazca. Desde hace exactamente treinta años, el arqueólogo italiano Giuseppe Orefici comanda un proyecto que ha centrado sus esfuerzos en la zona del conjunto arquitectónico de Cahuachi.
En el prólogo de los dos extraordinarios tomos recién editados por el Fondo Editorial de la Universidad San Martín de Porres, el arqueólogo Federico Kauffmann Doig recuerda que cuando comenzó este trabajo “solo asomaban aquí y allá, en medio de un paisaje desértico y desolado, algunas colinas como restos también de vetustos muros. Estos remanentes evidenciaban que aquellos promontorios, aparentemente naturales, ocultaban antiguas construcciones”.
Kauffman cita ahora al historiador Josué Lancho Rojas, que califica a Cahuachi como el “centro ceremonial de barro más antiguo del mundo”. Fue, como el nombre de la publicación lo indica, la capital teocrática Nazca y su construcción habría sido iniciada hace casi dos mil años. Su esplendor lo vivió entre el 400 a.C. y el 400 d.C.
A lo largo de su trabajo, Orefici y su equipo, asistidos por instituciones italianas, se han dedicado a retirar con cuidado las capas aluviales acumuladas durante siglos y al mismo tiempo desarrollaron los trabajos de restauración de construcciones, como las dos grandes pirámides, con la segunda elevada a casi 50 metros sobre el nivel del río Nazca, y el Templo Escalonado. Los libros también revelan los tesoros textiles, cerámicos y humanos cosechados en todo aquel viaje. El tránsito de la cultura Paracas a Nazca es registrado entre los muros del complejo de 24 kilómetros.
“Cahuachi se convirtió en un lugar que atraía a multitud de peregrinos desde los lugares más lejanos donde se había difundido la religión Nazca”, escribe Orefici, “y funcionó durante siglos como un lugar de paz y de intercambio entre los grupos que lo miraban como el centro cultual y cultural de su propia expresión religiosa”. Hasta allí llegaban los pobladores de una zona que comprende desde el sur de Lima hasta Acarí, en la actual Arequipa.
Luego de revisar estas páginas, es difícil contener el impulso de salir a la Panamericana, traspasar los vientos nazqueños y llegar hasta allí, como los peregrinos milenarios.