Seguridad
Masacre en Mazángaro
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Los muertos son muchachos del servicio militar voluntario, en su mayoría provenientes de Cajamarca, Loreto y Ayacucho. |
Trágica emboscada en Junín recuerda por qué el gobierno va por su cuarto ministro de Defensa.
Fue una cadena de desaciertos. Cinco soldados han muerto esta vez en la localidad selvática de Mazángaro, en el distrito de Pangoa, Satipo, Junín.
Las FFAA no acusaban un golpe semejante desde abril pasado, cuando la ‘Operación Libertad’ que montó el gobierno para liberar a 36 rehenes del consorcio Camisea en La Convención y cazar al terrorista ‘Gabriel’ dejó cuatro muertos y desató una crisis que acabó con la renuncia de los entonces ministros de Defensa e Interior, Alberto Otárola y Daniel Lozada; y el relevo de los mandos militares.
Cuatro meses después, nada parece haber cambiado.
La tarde del miércoles 18, dos patrullas de 16 soldados cada una partieron de la Base Contrasubversiva de Mazángaro rumbo a un puesto de vigilancia ubicado a 1 kilómetro de distancia de dicha instalación militar.
Era una operación que debió realizarse durante las primeras horas del día, según fuentes militares de alto nivel. En los dos últimos años, la base fue atacada más de 15 veces. El último incidente ocurrió el domingo 12 de agosto, cuando francotiradores senderistas asesinaron al suboficial EP Tito Ramírez, quien era uno de los centinelas de la base.
La selva de Satipo, por otro lado, es de un clima tropical con lluvias inclementes y una neblina densa. Con los terroristas acechando y el tiempo en contra, patrullar de noche significaba, como lo fue, una muerte segura.
El Batallón Contrasubversivo No 42 partió primero y atrás, como resguardo, la Compañía No 2 ‘Lince’. Llegaron al puesto de vigilancia, relevaron a un grupo de soldados que estaban destacados allí desde el pasado viernes 10 y emprendieron el retorno. Los terroristas, agazapados, aguardaban.
A eso de las 8 y 20 pm, cuando el Batallón Contrasubversivo No 42 se encontraba a unos 50 metros de la base de Mazángaro, se desató el infierno.
Los terroristas aparecieron por la retaguardia y abrieron fuego abatiendo a los sargentos del Ejército William Tuesta (23), Eber Chávez (25), Segundo Amasifuén (22), Fabián Fonseca (22) y al cabo Junior Pozo Ñaupa (19).
La patrulla No 2 ‘Lince’ intentó repeler el ataque, pero los senderistas desaparecieron dejando a otros seis soldados heridos.
CRISIS EN INTELIGENCIA
En enero de este año y ante las sucesivas emboscadas en el Valle de los Ríos Apurímac Ene y el Mantaro (VRAEM), el presidente Ollanta Humala ordenó a las FFAA replantear los lineamientos de la lucha antisubversiva.
Se establecieron nuevos protocolos de patrullaje que incluían el uso de fuerzas especiales con “soldados profesionales” y se habló de una “fusión” de las unidades de inteligencia (CARETAS 2224). Pero aquí ocurrió lo contrario.
Los muertos y heridos son muchachos del servicio militar voluntario, en su mayoría provenientes de Cajamarca, Loreto y Ayacucho con ralo entrenamiento y desconocimiento del terreno de operaciones. El ex presidente del Comando Conjunto de las FFAA, almirante AP (r) Jorge Montoya, recordó que en las operaciones contrasubversivas de hace varios años era usual la participación de estos soldados. “Pero antes el entrenamiento era riguroso. Hoy existe poco presupuesto y serias carencias para su formación”, se lamentó.
Tampoco hubo inteligencia previa, ni patrullaje de reconocimiento. “No se pueden usar a jóvenes inexpertos. Es un delito. Eso demuestra que la estrategia sigue fallando porque se supone que había inteligencia y fuerzas profesionales”, sostuvo el analista Rubén Vargas de InfoRegión.
En contraposición, el terrorista Leonardo Humán Zúñiga, ‘Alipio’, el único cabecilla senderista del VRAEM que no es un Quispe Palomino, controla Junín desde hace una década. La zona es un conocido corredor de la droga que va desde el Río Ene hacia Satipo y la Carrera Central.
El No 1, Víctor Quispe Palomino, ‘José’, jefatura la selva de Ayacucho y Huancayo; ‘Gabriel’ seguiría en La Convención.
¿Cómo se ha llegado a esta situación de emergencia?
El ex ministro de Defensa, general EP (r) Ricardo Chiabra declaró a CARETAS que, en 1999, cuando se cambió el servicio militar de obligatorio a voluntario, las bases pasaron de tener 80 soldados a 15. “Y encima se recortó el presupuesto”, dijo. Allí empezó todo. En todo el VRAEM hay unos 3,000 soldados. Colombia tiene 275.000 uniformados luchando contra las FARC en la selva, de los cuales 95,000 son miembros de las Fuerzas Especiales.
Cuando asumió el mando, Ollanta Humala anunció una lucha frontal contra el ‘narcoterrorismo’, pero en un año de gobierno ha habido ya cuatro ministros de Defensa: Daniel Mora, Alberto Otárola, José Urquizo y Pedro Cateriano.
El martes último, tras su presentación en el pleno del Congreso, Cateriano declaró que se su portafolio cuenta con S/. 300 millones que no se habían ejecutado por los sucesivos relevos. Anunció que se invertirán en el VRAEM.
El dinero servirá para mejorar las condiciones en las que viven los soldados en la selva, pero diversos expertos coincidieron en que hasta hoy el gobierno no ha ejecutado medidas efectivas para potenciar la indispensable inteligencia.
Según Vargas, “los voceros de las FFAA señalan que enfrentar a los senderistas del VRAEM no solo es un tema de seguridad, pues el terrorismo es consecuencia de la pobreza, de la desigualdad, del abandono del Estado. Dicen que el terrorismo desaparecerá cuando haya desarrollo en la selva”.
Vargas afirmó que se trata del mismo discurso que se manejó cuando Abimael Guzmán estaba libre. “Y al final fue un equipo policial el que, con inteligencia y recursos limitados, lo atrapó”, sostuvo. Dos décadas después se repitió la historia con el escurridizo ‘Artemio’ en el Valle del Huallaga. Bastó una escopeta y mucha inteligencia.