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Los Consejos de Bernales
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Enrique Bernales ve necesaria una reforma integral. |
Mentor del Primer Ministro mueve la mirada de la PCM a la balcanización del Parlamento.
El constitucionalista y ex parlamentario se mueve hoy entre la academia, su intensiva afición por la ópera y los consejos a su gran amigo Juan Jiménez. Apuesta por la bicameralidad pero necesariamente dentro de un paquete de reformas.
–¿Cómo observa al actual Parlamento? Uno encuentra que muy pocas cosas llegan al pleno.
–En ninguna parte del mundo puede funcionar bien un Parlamento fraccionado en 7, 8 agrupaciones. Eso dificulta la configuración de oposición y mayoría y hace más tensas y exige una mayor negociación. Los mejores parlamentos del mundo son aquellos bipartidarios o de tres agrupaciones con poder, fuerza y capacidad de diálogo para establecer grandes acuerdos. Los resultados son meses de meses sin Defensor del Pueblo, magistrados del TC y directores del BCR.
–¿Qué sabor le deja la conducción oficialista del Parlamento?
–Para dirigir el Parlamento no basta ganar una elección. Hay que tener una bancada que sepa ser parlamentaria y ese oficio se adquiere con el tiempo. A mucha gente no le gustará pero cuando el APRA ha tenido mayoría en el Parlamento ha habido una mayoría parlamentaria orgánica, que sabía qué leyes aprobar y cuáles no, que sabía cómo neutralizar. Había una concepción de ejercicio del poder parlamentario. Eso no lo hay. En algún momento también lo tuvo Acción Popular en su segundo mandato. Si vemos el comportamiento de Perú Posible, del fujimorismo en el 90-91, Gana Perú, lo que encontramos es falta de oficio. Tienen que consolidar una experiencia de vida parlamentaria que van a obtener solo como un partido socialmente proyectado, enraizado. Analicemos la composición del congreso norteamericano. En Inglaterra, Francia, Alemania, el buen parlamentario dura. Es un punto de articulación y puede estar 15, 20 años y a nadie le parece mal.
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Para Bernales, la opción bicameral reservaría las políticas de Estado para el Senado. |
–¿Le gusta el giro del gabinete? –La pregunta me toca el corazón. Juan Jiménez fue mi secretario de la vicepresidencia en el Senado y luego entramos a trabajar juntos en el Instituto Constitución y Sociedad y más tarde en la Comisión Andina de Juristas. Lo llevé como mi asistente a la cátedra de Derecho Constitucional en la Católica. He tenido con él una relación óptima, productiva, afectiva y además soy un garante de su honestidad, transparencia y vocación de servicio. Tengo grandes esperanzas de que sea un excelente Primer Ministro. Ya no se puede dudar de su disposición al diálogo. Nadie podrá decir que le ha temblado la mano para tomar decisiones para que se respete el principio de autoridad en el país.
–Hoy se lo percibe como consejero. ¿Dónde está parado Enrique Bernales políticamente?
–He recuperado mi vida académica, que es lo que me da identidad. No soy abogado en ejercicio ni hombre de gremios. He pasado por la Democracia Cristiana y el PSR sin vincularme orgánicamente por mucho tiempo a ambos. Me siento más cómodo en un desarrollo académico, intelectual, que me permite estar un poco por encima de la pelea de lo cotidiano y al mismo tiempo estar en la capacidad de proporcionar un buen consejo. Todo lo que he hecho en la vida me ha ayudado a eso porque el Senado no dejaba de ser una consejería. Lo que se me ha pedido siempre es piensa, analiza, propón y veamos si eso nos ayuda.
–¿Qué consejo le ha dado a Jiménez?
Le he recomendado que tenga paciencia.
–No parece iracundo.
–Justamente, que no se deja ganar por la ira y que maneje con mucha tolerancia su relación. Que no se queme, que deje lo secundario para otros cargos y que él esté siempre en lo principal.
–Desde algunos sectores se vuelve a instalar un ánimo bicameral. ¿Es posible que cuaje si se toma en cuenta la impopularidad del Parlamento?
Hoy en el mundo entero todos los parlamentos son impopulares. Guste o no guste, el ritmo con el que se actúa para tomar decisiones es mucho más rápido y eficaz por parte de los ejecutivos. El Parlamento es una institución de una estructura de organización y atribuciones muy anclada al siglo XIX.
–Poco telegénica, además.
–Muy poco, y hasta puede provocar ira o risa por lo patético de ciertos debates. Miraba la interpelación de la ministra Patricia Salas y no dejaba de sentir una sensación de malestar por los términos del debate, el pésimo uso de la gramática, la poca información de algunos representantes, la cantidad de generalidades o el ir a un debate con posiciones tomadas. La gente no es tonta y se da cuenta que eso es una pérdida de tiempo. El debate político no tiene nada que ver con los de la cámara de diputados cuando había un Cornejo Chávez, un Benavides Correa, un Ramírez del Villar, un Zamora Valdés y mucho menos con la calidad de los senadores. Había partidos, la sociedad era más pequeña, la afinidad de la relación entre Congreso era muy fluida. Esos factores de referencia han cambiado.
–¿Si en nuestro escenario hay una crisis de partidos y hay diagnósticos sobre su reforma, la opción bicameral puede ayudar en algo?
–Siempre y cuando sea dentro de un paquete. Creo que tiene reformarse totalmente el diseño de cómo se integra la representación política y el sistema legislativo. Nadie puede pensar, si es que tiene un mínimo de vocación democrática, que la solución es desaparecer el Legislativo. El problema es que, yo siendo partidario del Senado, planteo no solamente la reforma. Deben generarse condiciones para la recuperación o el nacimiento de nuevos partidos, hay que ir a un mejor criterio de representación para ese poder entre la cantidad de población y el territorio. Además, el voto preferencial tiene que desaparecer. Con todo el respeto que le tengo a la prensa, no puede ser que el orden del día esté determinado por los titulares. Tienen que haber centros de investigación, recojo y acopio y sistematización de la información, tiene que haber una planta de asesoría profesional de primer nivel. Por otro lado, hay que desacralizar su función. No puede ser un supra-ciudadano.
–Si se tocan todas esas teclas, ¿qué papel cumpliría una cámara de senadores moderna?
–No creo en un Senado que duplica o siquiera revisa. Creo en un Senado que casi viene a suplir lo que en muchas democracias europeas es el Consejo de Estado. Es un Senado chico, que tiene una representación territorial con una relación de cercanía con los gobiernos regionales, donde tienen que estar algunos de los temas importantísimos en la escena mundial y sin embargo no existen. Que esté en capacidad de revisar la participación del Perú en los TLC, en las integraciones de carácter regional y subregional, que tienen la capacidad de incluso limitar la soberanía de los países, somos socios del mundo, no estamos aislados. Igual de importante es la política de defensa nacional. Tendría que ser conocida e informada por una alta cámara que no politice el debate.
–¿Hablamos de verdaderas políticas de Estado?
–A lo grande. El Acuerdo Nacional en gran parte está debatiendo lo que no se debate en el Congreso, por falta de Senado. La cámara única está abocada a lo cotidiano. Las políticas del CEPLAN y del propio AN deberían estar presentes en el Senado. Los grandes lineamientos. Los debates que están mirando a un plazo de 10, 15 años. Debería tener una capacidad de revisión solo de la ley general de presupuesto, de las leyes orgánicas y de las leyes de desarrollo constitucional. Lo que es la legislación ordinaria puede continuar en una sola cámara.
-¿Ha hecho un cálculo de cuántos representantes debería tener esta cámara?
En EEUU el Senado tiene dos representantes por estado federativo. En nuestro caso estaríamos hablando de un Senado de no más de 50 miembros.(Entrevista: Enrique Chávez)