Fútbol
Fútbol: Cancha Salada
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Juan ‘Chiquito’ Flores (arquero del León de Huánuco) y Francisco Pizarro (preparador de arqueros de Alianza Lima) se liaron a golpes en pleno partido e incluso recibieron la invitación de un promotor boxístico local. |
Analizando la mala fortuna del fútbol nacional: entre la desidia y la torpeza.
"¡Maricón!”. Combo. “Ven pégame si eres hombre”. Patada voladora. “Nos vemos a la salida”.
Suena a conato de bronca de colegio primaria, pero es el usual trash talk del fútbol. Una mecha constantemente revisitada por el jugador peruano, un glosario que alcanza para entender todo lo que sucede en la cancha, y que no se termina ahí. No solo porque ‘Chiquito’ Flores y ‘Pancho’ Pizarro estuvieron a punto de trasladar su pelea a un ring de box, sino porque la impulsividad y el descontrol se replican en otros ejemplares, como el del bromista del aeropuerto y el borracho de selección. El ‘extranjero’ lesionado y goleador entra dentro de otra categoría, igual de frustrante, que siempre termina en la expresión desesperanzadora: “todos son iguales”.
A pocos días de los partidos de eliminatorias contra Venezuela y Argentina, son los incidentes extrafutbolísticos los que copan nuestras portadas. La malacrianza sobre los resultados (que no hay), las mañas sobre la habilidad (que se resiste a aparecer), el escándalo sobre nuestras opciones de clasificar al mundial (que casi no existen). A falta de una solución rápida –es un poco tarde para enseñarles que la violencia no lleva a nada, que no se bromea con armas en un aeropuerto, que hay que sentir la camiseta–, podemos buscar explicaciones a la clase de futbolistas que tenemos. Puestos frente a un espejo, se parecen mucho al Perú.
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Explorando las pulsaciones extradepotivas que habitan en la psiquis del futbolista nacional. |
INCOMPRENDIDOS
“Es difícil pensar al futbolista peruano fuera del contexto nacional de violencia, de la falta de un proceso de integración, donde las cosas se resuelven a golpes verbales o físicos”, explica el psicoanalista Leopoldo Caravedo, psicólogo de la selección peruana en el año 1993.
“Pizarro no vino acá porque el club no lo dejó ir, pero si viene acá, lo presionan, lo maltratan. Es una carga extra, y por ella (los ‘extranjeros’) van a ser agredidos”, explica. “Hay que buscar una situación donde los futbolistas se sientan mejor, se diviertan, y no se espere tanto de ellos, que no van a resolver los problemas de los demás”.
Según Caravedo, situaciones como la de John Galliquio en Costa Rica solamente replican la vida cotidiana: “El contexto cultural nacional es de poca tolerancia a que a uno le llamen la atención, está extendida la costumbre a no reconocer ni responsabilizarse por los errores propios. No está bien, pero es parte de la realidad”. Además de los problemas relacionados a la educación familiar (“en su formación muy temprana no aprendieron a regular sus impulsos”), Caravedo resalta la falta de autoestima, que se compensa con la sobreestimación. “Son extremos que llevan a conflictos”, asegura.
Sin embargo, la violencia y la intolerancia no son únicas en el Perú, ni los futbolistas irresponsables y derrochadores. Están en Brasil, están en Inglaterra (David Beckham proviene de uno de los barrios más pobres de Manchester), pero dentro de la cancha no les va mal. Para Caravedo, el tema no podría quedarse en una “falta de habilidad”.
“En Brasil viven en un contexto de éxito en el fútbol, con gente exitosa alrededor, se aprende de los otros. Además, muchos jugadores se forman en el club, lejos de sus familias. Tienen otro proceso de preparación, un esquema competitivo distinto”, asegura.
Es justo en ese momento de la formación donde ve un vacío. “En Alianza (donde trabajé hace unos años), el problema era que nadie se hacía cargo de la psicología del futbolista en la transición de menores a mayores. No se ha considerado un problema, pero esa es la tarea: qué hacer para que no repitan los errores de quienes los antecedieron”.
RUDO Y CURSI
Hay otro factor común entre los jugadores que pasan por la Videna: los carros deportivos. “Hay una sobrecompensación. La mayoría proviene de sectores de bajos recursos y accede a un nivel económico que no se imaginó que podría alcanzar. Las cosas son sinónimo de éxito. Ellos están atrapados en un ambiente con esas expectativas, y se vuelve un tema compulsivo”, señala Caravedo.
Por eso, resalta que el problema no es solo del fútbol. “Constantino Carvallo hizo un gran esfuerzo con el Colegio Los Reyes Rojos para trabajar en el lado intelectual y educativo de los chicos (Farfán y Guerrero pasaron por sus aulas), pero, después de un tiempo, los chicos volvían a comportarse igual”.
“Es necesario un replanteamiento no solo en el fútbol, sino en los dirigentes, en las instituciones. No se puede buscar el éxito por sí solo, se debe pensar cómo queremos que sean las personas”, asegura. Sin esa reflexión, el fútbol seguirá con los mismos problemas porque no son exclusivos a él. Será un paso indispensable, antes de un perdón pelotero colectivo porque no saben lo que hacen.