Opinión “La verdad y la contra verdad conviven lógicamente, con lo cual anulan simple y llanamente a la verdad”.
Los Fantasmas no Existen Pero Vienen
LIMA, 31 DE AGOSTO DE 2012La señora María lava unas presas de pollo sobre una larga mesa cubierta de hule, puesta en lo que fuera el ingreso al suntuoso comedor de la casa. Esta pieza da a un jardín interior por el que se comunica con salones franceses, salas de música, dormitorios y boudoirs. La fachada de la casona es de estilo italiano, tiene una grandísima balaustrada que delimita el jardín frontal del resto del mundo y hasta hoy conserva una finísima reja de hierro y bronce, de los buenos tiempos, coronada con el monograma de la familia, que lleva la M de Montero. Esta mansión atrabiliaria surge en medio del bosque seco, cerca del pueblo lambayecano de Jayanca, uno de los tantos que se ubican en la antigua carretera que une Chiclayo con Piura. La casa pertenecía a la hacienda La Viña, célebre por sus toros de lidia, y cayó en decadencia no por la Reforma Agraria sino, al decir de los pobladores del caserío que la rodea, porque la familia decidió abandonarla.
La señora María, su esposo curandero y un montón de niños que son hijos de ambos, ocupan lo que fuera el comedor. Hasta llegar a La Viña no he hecho sino escuchar historias terroríficas sobre aparecidos, curas sin cabeza, rubias con los pies volteados y chununas que se devoran a los hombres, como los frecuentes visitantes de la casa. Se lo pregunto a la señora María. Ella, sin dejar la presa de pollo se ríe, “no señor, nada de eso hay, no hay que creer en esas cosas que no existen. A veces nomás viene don Montero a ver sus tierras…”. Intrigado, le pregunto, “¿viene desde Lima, en carro, en camioneta?”. “¡No, señor, don Montero ya está finadito hace como cuarenta años!”.
Después que Villa Stein con sus aires de patricio abolengudo hiciera el cagadón de retirar la lesa humanidad de la denuncia a los miembros del grupo Colina y conseguir así que se les rebajara las penas a estos chacales del fujimorismo, se armó la pampa que tenía que armarse y el Estado peruano decidió ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos de San José, a defender el cuestionamiento a la peligrosa sanción dada por Villa Stein y sus vocales. Pero resulta que en lugar de que el gobierno envíe a un procurador con una posición, se mandaron dos con dos posiciones absolutamente contrapuestas. La otra era, obviamente, auspiciada por Villa y jugaba a favor de la sanción de la Suprema.
Con muy buena intención y mejor disposición, considerando que la derrota del terrorismo debe ser más política y social que militar, el premier Jiménez y la ministra de Justicia Eda Rivas, proponen al Congreso la famosa Ley del Negacionismo. Esta, siguiendo el ejemplo de algunos países europeos, sancionaría a quienes defendieran a los movimientos terroristas, o se limitaran a relativizar o a negar la cruel dimensión de su accionar. Cuando leí en los diarios que existía esa posibilidad me puse a pensar, “de acuerdo, no diré nunca públicamente (porque no lo creo así), que Sendero fue la reacción inevitable y comprensible ante la injusticia y la marginación de millones de peruanos. Pero, ¿podré afirmar que las fosas comunes con víctimas del ejército, las mujeres violadas por soldados, las ejecuciones sumarias y las torturas por parte de las fuerzas armadas, sí que fueron justas y necesarias?”. Resulta que sí, porque la ley solo se refiere al terrorismo, no al terrorismo de Estado.
¿Qué hay entre la señora María, el linajudo Villa Stein y esta tan absurda como bienintencionada ley? No sé bien, pero se trata de algo así como un pensamiento dual, que admite plenamente la validez de su contrario. La verdad y la contra verdad conviven lógicamente, con lo cual anulan simple y llanamente a la verdad. O un hemisferio cerebral se nos quedó sin gasolina o ambos están funcionando en la misma dirección, pero acá hay algo tan raro como normal e incorregible. (Escribe: Rafo León)