Obituario 1927 - 2012
Juan Gunther Doering
En mis tiempos de reportero llegué a su casa muchas veces, sediento de información; y él, dejando acaso alguna tarea pendiente, me hacía pasar a su biblioteca y allí, en medio de anaqueles rebosantes de libros, planos y fotografías, despejaba mis inquietudes periodísticas sobre los más diversos hechos y personajes históricos de la ciudad que lo encandiló desde el día que vino de Trujillo —la cuna de su nacimiento— para estudiar Arquitectura en la antigua Escuela de Ingeniería.
Era la época cuando Lima vivía los años más venturosos de su historia. La Plaza San Martín era entonces el corazón de la ciudad: en ella convergían los tranvías y los buses, y allí mismo rayaban, por todo lo alto, el Bolívar, el Club Nacional, el Embassy. Mientras, el bar Zela congregaba a los grandes bohemios de esa hora, liderados por Sérvulo (Gutiérrez), a quien más de una vez vio llegar a ese histórico bar, pues entonces él hacía sus primeros diseños en una oficina de los altos del famoso bar. Nunca olvidaría esta imagen de la ciudad.
Lima arrobó al estudiante Juan Gunther Doering, a tal punto que fue el tema de su tesis de graduación, cuyo título, “Remodelación de una manzana en el centro de Lima”, reflejaba ya su preocupación por el deterioro de la ciudad. En 1952 partió a Europa para hacer un posgrado en Urbanismo en París, y dos años después trabajó en Argelia; pero como allí el ambiente estaba muy caldeado por la lucha de independencia, se vio precisado a abandonar la ciudad antes de lo previsto. Tuvo entonces una propuesta para trabajar en China por cinco años, pero dijo ‘nones’ y regresó a Lima. De vuelta a casa, retornó a su alma mater (ya convertida en la Universidad Nacional de Ingeniería) como catedrático principal.
Como arquitecto realizó proyectos muy importantes: las bases aéreas de Pisco y La Joya, el aeropuerto de Arequipa, la sede del actual edificio del Ministerio de la Mujer, los planos reguladores de Iquitos, Lambayeque y Huaral, entre otros, que le valieron el Premio Chavín, máximo reconocimiento otorgado por el gobierno del Perú a los arquitectos.
Lima fue sin duda la ciudad de sus sueños. A ella le dedicó 55 años de su vida; se sumergió en su historia, estudió a profundidad su desarrollo urbanístico, la defendió de los estropicios y agresiones; y, en fin, quiso siempre que “se consolidara como una de las capitales más hermosas del continente, en la que convivan armoniosamente lo histórico y lo moderno”. Tarea, amor, pasión, que lo llevaría a fundar, junto con otros amantes de la ciudad, el Patronato de Lima y, luego, a ser uno de los promotores del Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Lo visité tantas veces, que nos hicimos amigos. Y en esa suerte, pude redondear una serie de notas sobre Lima: por ejemplo, cómo era la capital cuando llegaron los españoles. Así, en 1983, bajo la pupila de Enrique Zileri, preparamos un suplemento sobre Lima que titulamos “De la Alameda al Futuro”, una visión de cómo podrían ser algunos lugares de la ciudad 25 años después. Fue un trabajo espectacular, que nos valió el segundo puesto de un concurso periodístico convocado por la Municipalidad de Lima, entonces administrada por el Tío Frejolito.
Gunther atesoraba el archivo gráfico y bibliográfico más importante de Lima. Recopilación o registro que fue nutriendo a lo largo de 50 años y cuya sección gráfica, especialmente, facilitaba
—hasta hace poco— a muchos medios de comunicación.
–¿Ha hecho un inventario de su biblioteca? –le preguntaron una vez.
–No, pero sé muy bien lo que tengo –respondió.
En esos estantes hay escritos desde la época virreinal...
–A ojo de buen cubero –respondería a otra pregunta— debe de valer unos 300 mil dólares.
En los últimos años dividía su tiempo entre sus labores editoriales —publicó varios libros sobre Lima— y la dirección de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de San Martín de Porres. Y en ese azar, me reveló que había sufrido varios infartos y lo habían clasificado como paciente de alto riesgo, lo que lo obligó a llevar una vida más sosegada.
Su partida, inesperada para muchos, abrumó a sus colegas y amigos. Gunther deja un vacío difícil de suplir. (Domingo Tamariz L.)