miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2249

13/Set/2012
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre FútbolVER
Acceso libre DeportesVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Acceso libre GastronomíaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Harold Forsyth
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Seguridad

Las Fichas de Huamanga

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

Ver galería

“Sendero sostuvo una guerra de 12 años en la que canalizó un sentimiento social buscando un cambio”, dice Alan Tapia (24), líder del Movadef.

El Movadef, la izquierda trotskista y la actual resistencia estudiantil contra Sendero en lo que fue el bastión del terror.


"Sendero Luminoso fue el movimiento más grande de transformación social del siglo pasado”, dispara Alan Tapia (24), metro sesenta de estatura, estudiante de derecho y líder ayacuchano del Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef).

Hay fiesta en la plaza de armas y Tapia tiene que levantar la voz para imponerse a la orquesta. “Ha sido un partido que ha puesto en jaque al gobierno democrático del Estado peruano, le ha sostenido una guerra de doce años en la que canalizó un sentimiento social buscando un cambio”, continúa.

“La amnistía es jurídica, pero no es impunidad porque no hay olvido histórico”, explica. Mientras habla de la contradicción marxista y la constante lucha entre clases sociales, acepta que “una guerra siempre es posible y depende del Estado”.

“Pero eso no es lo que queremos”, se cuida. Para él, la “persecución hacia los comunistas, marxistas, leninistas, maoístas, pensamiento-Gonzalo”, es clara. En la última semana tuvo que declarar dos veces ante la División Contra el Terrorismo de Ayacucho por investigaciones de apología al terrorismo.

Veinte años han pasado de la captura de Abimael Guzmán y en las calles de Huamanga todavía se percibe el peso de haber sido la cuna de Sendero.

El hito temporal es crítico: más de la mitad de los casi 700 mil ayacuchanos tiene menos de 25 años y ha crecido bajo la sombra indirecta de los años de violencia.

LA SAN CRISTÓBAL

Guzmán entró como profesor de filosofía a la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNSCH) en 1962, cuando albergaba a poco más de 400 alumnos.

Hoy una placa con su nombre enmarca las paredes de la Facultad de Sociología. Con más de 10 mil alumnos, la UNSCH es todavía un escenario clave para los grupos radicales. Prueba de ello es la fotografía que salió a la luz en marzo de 2010, de cinco estudiantes, fusil en ristre, en un campamento del VRAE (CARETAS 2135).

Uno de ellos era Ulser Pillpa, ‘alias Jhonny’, dirigente estudiantil que no solo visitó el Congreso días antes de ser capturado, sino que logró fugar rápidamente a Bolivia. Otros dos estudiantes se encuentran en el penal de Yanamiya procesados por terrorismo y Michael Ochoa, entonces presidente de la Federación Universitaria, está hoy en la clandestinidad.

El hoy rector, Humberto Hernández, insiste en que no hay movimientos políticos. Sin embargo, otra autoridad de su entorno reconoció que “la UNSCH sigue siendo un campo importante que ciertos movimientos querrían tener de cantera”. Eso sí, “desde el escándalo de la foto se mueven con mucha más discreción”. Se habrían dividido en dos corrientes: los que apoyan a SL-Proseguir y los que van con el Movadef.

José Luis Pajares (42), es uno de sus alumnos más viejos. “Sendero Luminoso y el Movadef son cojudeces, solo tienen tácticas oportunistas”, dice mientras camina por la residencia universitaria.

Cita a Mao mientras conversa y se define como trotskista. Estudia antropología y tiene problemas para involucrar a otros en su ideario.

“A los estudiantes de ahora la indignación les dura cinco años. A nadie le importa nada. Quieren terminar su carrera y trabajar”. “Ni hablar de teoría, pregunta por Marx y hay gente que ni lo conoce”.

Los números en la biblioteca le dan la razón: de las últimas 56 tesis indexadas en Antropología, solo una tiene que ver con el período de violencia. En el último año “El Capital” fue retirado solo nueve veces y los “Siete ensayos de la realidad peruana”, de Mariátegui, dos.

EL PROFESOR INFANTE

La importancia de los profesores de la UNSCH en el entorno de Guzmán perdura como un sello de la casa. Dos profesores habrían pasado a la clandestinidad tras el escándalo de las fotos de 2010. “Pregunta por Infante, te dará una sorpresa”, sugirió una autoridad universitaria.

Carlos Infante (40) es doctor en sociología por la UNMSM, director de la revista mensual Con Sentido y profesor de la facultad de Ciencias Sociales.

El recelo es comprensible: su padre fue el periodista ayacuchano Octavio Infante, asesinado junto a su tío en Uchuraccay. Su hermana, Maritza Infante, aún purga condena por terrorismo. Él mismo pasó dos años en Castro-Castro (1992-1994) esperando juicio por terrorismo.

En abril de este año la Primera Fiscalía Supranacional de Ayacucho, que despacha el fiscal Andrés Cáceres Ortega, le abrió un proceso por presunta colaboración con el terrorismo a partir de la publicación de una entrevista a Osmán Morote.

“Es una mentira del tamaño de una catedral”, dice sobre las versiones que lo relacionan con el Movadef. “La violencia fue una doble tragedia; nos dividió como peruanos y, en mi caso, como familia”. ¿Amnistía? “Es un tema polémico, hay necesidad de darle salida a los problemas. No soy partidario, pero tampoco eludo el debate”.

EL CENTRO

“Los grupos se aprovechan de situaciones coyunturales para dirigir la indignación y empujar a los estudiantes a protestas”, dice Yanibel Hurtado (22), del Movimiento Estudiantil por la Renovación Universitaria (MERU).

Entre abril y mayo hubo varias protestas con cierre de locales y tomas de carretera de por medio. “Los grupos extremistas empujan a la masa, ganan presencia pero al final no logran nada”.

Curiosamente, protestaban por el pago de S/. 120 millones como reparación a la universidad por los años de violencia.

Según Iván Mitma, uno de sus fundadores, el MERU apuesta por “renovación en la dirigencia y soluciones que provengan del consenso democrático”. Llevan cinco años de formación y ya con una presencia nada despreciable en la universidad, apuntan incluso a salir de las aulas con partido propio: “Liga por una nueva república”.

“Tengo tíos que han sido asesinados”, dice Jonathan Jurado, también del grupo, “la violencia no la hemos vivido, nos la han contado, pero sería descabellado regresar a eso”.

El sábado 8, por la noche, hubo una demostración de marinera en el centro cultural de la universidad. Una chica con solo 15 años, campeona regional, se roba los aplausos.

Describe a Abimael Guzmán como “un señor de malos pensamientos”.

“Sendero Luminoso era un grupo malo, atacaban a la gente pobre y abusaban. Fujimori lo solucionó, pero mató a gente inocente para coger dinero”.

–¿Podría volver a pasar?

–Dicen que están volviendo… me daría un poco de miedo. (Israel Guzmán)


Búsqueda | Mensaje | Revista