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Opinión La mirada intercultural de la embajadora del reino de Marruecos en el Perú, Oumama Aouad, a propósito del ataque a las sedes diplomáticas de los EE.UU.

El Choque de Ignorancias

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El asesinato del embajador norteamericano en Libia, Christopher Stevens, el 11 de septiembre, fue acompañado de violentas protestas por la película.


Cada cierto tiempo la actualidad internacional nos trae desgracias que vuelven a cuestionar el ya precario diálogo entre oriente y occidente. La difusión de una película infame que difama al profeta Muhammed está convulsionando al mundo, por las violentas e insensatas respuestas que ha desencadenado en algunos países musulmanes.

Se percibe en ciertos comentarios de la prensa y opinión pública peruanas una tendencia a veces a juzgar estos acontecimientos desde la perspectiva dicotómica o maniquea de una confrontación entre valores modernos y visión atrasada, o sea civilización occidental, cristiana versus barbarie oriental, musulmana. Una percepción heredada de la visión orientalista y colonialista, corroborada por la famosa teoría de Huntington sobre “El choque de civilizaciones”.

Si bien bajo ningún concepto se pueden justificar las violentas reacciones a la odiosa película, menos aun el abominable asesinato del embajador Christopher Stevens, tampoco se pueden justificar discursos profundamente racistas, aduciendo la libertad de expresión.

Desgraciadamente las interpretaciones a veces equivocadas o epidérmicas acrecientan el hermetismo entre los dos mundos, y nos hacen retroceder, exigiendo un mayor esfuerzo de conocimiento mutuo.

Son varios los malentendidos que levantan un muro de incomprensión y alimentan la visión fatalista del imposible diálogo o encuentro entre el oriente islámico y occidente.

Desde la época de las cruzadas, el inconsciente colectivo de la cristiandad occidental viene marcado por una visión muy negativa del Islam (véase el admirable estudio de Edward Said sobre el orientalismo). Son estas y otras heridas no cicatrizadas (el colonialismo) o abiertas (la cuestión palestina) con su secuela de resentimientos atávicos, las que desatan la furia anti-occidental de sectores radicales del mundo musulmán.

Con razón, Amin Maalouf, el gran escritor libanés decía en su libro Las identidades asesinas : “Son las heridas las que determinan la actitud violenta de los seres humanos (…) En el seno de cada comunidad herida, surgen líderes. Rabiosos o calculadores, prometen venganzas”.

La violencia de algunos grupos fanáticos no obedece a la esencia del Islam, sino a las circunstancias existenciales de ciertos sectores que no representan para nada la mayoría de los musulmanes. Según últimas estimaciones, los que se han manifestado de forma violenta contra la odiosa película representarían entre el 0,001 y el 0,007% de la población musulmana!

El asesinato del embajador Christopher Stevens ha sido condenado por varios gobernantes musulmanes y numerosas voces, entre ellas las del gobierno marroquí y las altas autoridades religiosas del país que pidieron no manifestarse contra instituciones de países occidentales. El llamado a la calma ha sido acatado.

El Islam, como religión y civilización es plural, no es monolítico, y como las demás religiones está atravesado por diversas corrientes. ¡Cuántas veces tuve que afirmar insistentemente mi identidad africana, árabe y musulmana! Como mi figura y apariencia no parecen corresponder a la imagen estereotipada que suponen estas pertenencias, le cuesta a cierta gente creerlo. Y para confortar la visión exótica, se me buscan raíces europeas que no son ciertas: “¿Pero usted debe tener orígenes europeos?”.

Para colmo, las últimas reacciones violentas de algunas turbas justo cuando la “Primavera Árabe” prometía un futuro democrático para sus pueblos, parecen corroborar la idea según la cual, el Islam es una religión realmente fanática e incompatible con la democracia y los valores universales de libertad.

El Islam y la cultura árabe no tienen que demostrar su compatibilidad con los valores de convivencia, democracia, y modernidad. Sin meternos en debates de tipo religioso para aducir argumentos teológicos que demuestren que el Islam no es una religión ni inferior ni superior a las otras religiones monoteístas, basta recordar el maravilloso legado de la civilización árabe-musulmana a la ciencia, al pensamiento y a la cultura universales. ¿Acaso la convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes que prevalecía durante los ocho siglos de la época de al-Ándalus, no ilustra la capacidad del Islam y de los árabes de instaurar un sistema de valores de coexistencia pacífica, respeto y libertad de culto, de una modernidad deslumbrante e impensable en la Europa medieval? ¿Qué hubiera sido del pensamiento occidental sin la admirable labor de Averroés que rescató del olvido los textos de Aristóteles?

Aunque nadie tiene derecho a invocar la religión para justificar actos de violencia, o menosprecio al otro, basta revisar la historia de las tres religiones monoteístas, para ver que ninguna ha sido inmune a actos de violencia endógenos o exógenos, ni está a salvo de una interpretación fanática o de una instrumentalización ideológica.

Para contrarrestar estas crispaciones y mejorar las percepciones mutuas, hay que multiplicar las iniciativas que fomentan el diálogo intercultural para derrocar las barreras mentales, más imaginarias que reales.

A este respecto, saludo la reciente celebración de un importante encuentro intercultural e interreligioso organizado por la Biblioteca Nacional Peruana. Al explorar las aportaciones recíprocas y las confluencias culturales, vemos que los seres humanos somos mucho más parecidos de lo que algunos prejuicios o ideologías trasnochadas nos hacen creer. El diálogo interreligioso, a cargo de eminentes representantes de las tres religiones monoteístas, puso énfasis en la necesidad de sustituir el concepto de una blanda tolerancia, por un profundo respeto al otro con sus diferencias, o sea un diálogo desde una perspectiva horizontal, de igual a igual y no vertical, porque ninguna cultura o religión puede pretender ser superior a la otra.

El diálogo intercultural inscrito en el espíritu de la Próxima Cumbre de ASPA (América del Sur-Países Árabes) nos puede traer un mensaje de esperanza y de paz, que demuestre que culturas y civilizaciones distintas puedan no solo entenderse sino intercambiar lo mejor que atesoran para avanzar juntos.

Recordemos lo que decía Goethe: “No hay nada más espantoso que la ignorancia activa” (Escribe: Oumama Aouad *)

__________
* *Embajadora del Reino de Marruecos en el Perú


Encuentro de Fe


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Mientras tanto, en Lima, la Semana árabe de la Biblioteca Nacional del Perú convocó numerosas expresiones culturales y religiosas como parte de El lenguaje de las aves: diálogo inter religioso y la alianza de las civilizaciones. El evento –organizado a partir de la III Cumbre ASPA 2012– se llevó a cabo del 18 al 21 de septiembre y contó con la participación de varios exponentes del mundo de las artes y las letras. Se juntaron el padre Carlos Rosell De Almeida, sacerdote de la Arquidiócesis de Lima (Perú); Imam Ahmed Mohammed Mahmoud Aly, Imam de la Asociación Islámica del Perú (Egipto); y el rabino Guillermo Bronstein (Argentina).


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