Restaurantes Los orígenes de una experiencia culinaria que empieza a asomar en Lima.
El Menú de Degustación
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Con Acurio entre ellos, la cumbre anual convocada en Tokio acordó publicar la Historia de la Cocina Moderna. |
Han pasado cincuenta años desde que surgió el movimiento de la
Nouvelle Cuisine Francaise encabezado por un puñado de cocineros franceses influenciados por las técnicas de cocina japonesa, que entendieron la necesidad de aligerar la cocina compilada por Escoffier que reinó en hoteles y restaurantes de la Belle Epoque. Era una rebelión contra una cocina barroca, grandilocuente, fastuosa y de alguna manera emparentada con la arquitectura. Valga señalar que una de las conclusiones del Basque Culinary Center, luego de la reunión anual que culminó el lunes pasado en Tokio, fue recoger los textos publicados en el mundo para publicar un libro de Historia de la Cocina Moderna, el primero después de Escoffier.
La nouvelle cuisine estableció “una cocina de mercado”, con productos del terruño y de la estación, cocciones más breves, abierta a técnicas e ingredientes propios y foráneos y con especial cuidado en la decoración. La manera de nombrar los platos también cambió y se hizo más descriptiva, más personal y ciertamente más larga porque se quería marcar distancia con los productos anónimos para poner en valor tanto la región de procedencia como la frescura del producto.
A partir de la segunda mitad de los setenta la nouvelle cuisine llega a España y hace carne gracias a cocineros inquietos del País Vasco, Madrid y Cataluña, tanto que desde entonces son los que marcan la vanguardia gastronómica en el mundo, aunque con los ojos puestos en las cocinas de Japón y Perú, como propone Ferran Adrià, uno de los cocineros más influyentes del planeta.
En esa década prodigiosa para la gastronomía española reaparecen los menúes-degustación (omnipresentes en los banquetes orientales y franceses) como una reinterpretación del tapeo: esto es, un número significativo de platos servidos en pequeñas cantidades donde los cocineros cuentan “su” percepción de la cocina. Paralelamente, el vino, la enología y las bebidas espirituosas comienzan a tener importancia para el público y se integran a la experiencia gastronómica.
En el Perú podríamos decir que la presencia del menú-degustación es relativamente nueva y en vías de expansión, aunque ningún restaurante se pueda dar el lujo, todavía, de presentarlo en exclusiva, como sucede en muchísimas otras ciudades, no solo porque es caro y demandante para el cocinero, sino porque los comensales no están habituados a consumirlo.
Astrid & Gastón pone un menú de primavera de altísimo nivel que cuenta la historia del Perú en 17 pasos (335 soles sin bebidas). Incluye librito con fotos y CD.
Central de Virgilio Martínez titula el suyo Experiencia Origen inspirado en diez puntos geográficos (280 soles. Si opta por maridarlo con diez copas de vinos top de Alemania, Austria, Estados Unidos y Francia sume 180 soles más). El menú impreso en tela, como una suerte de servilleta, se lleva de souvenir.
Maido de Mitsuharu Tsumura inaugura un amplio menú-degustación de 22 platos con un refinado concepto de la nueva cocina peruano-japonesa (275 soles; con bebidas, que incluye vinos y cervezas artesanales, suma 390 soles).
Fiesta Gourmet de Héctor Solís no tiene propiamente un menú-degustación establecido, más bien ofrece una experiencia privada para diez comensales con cocina en vivo y productos estrella de la cocina lambayecana preparada en el Gabinete del Cocinero. Por S/. 350 el comensal puede solicitar tantos platos inéditos como sea capaz de comer.
Maras, el restaurante que dirige Rafael Piqueras tiene un menú-degustación basado en productos de la temporada. Estos meses las estrellas son las papas nativas presentes en 7 pasos a S/. 200 sin bebidas.
La experiencia toma varias horas, que vale la pena invertir y, según el caso, incluye visita al interior de la cocina, allí donde se cuecen las habas. Cincuenta años después, bien vale la pena el intento.