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Entrevistas Diálogo insólito con discretísimo embajador de España, Juan Carlos Sánchez Alonso.

‘España Quiere Invertir en el Perú’

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Oriundo de Asturias, cuyas dos terceras partes son territorio natural protegido, Sánchez lleva 23 años de carrera.

Un diplomático de carrera altamente profesionalizado es, antes que todo y que nada, un servidor público de su país de gran responsabilidad que, para ejercer bien su cargo, ha tenido previamente que configurar su ego a través de grandes dosis de discreción y buenas maneras. Y eso es lo que ha hecho cabalmente Juan Carlos Sánchez Alonso (51), Embajador de España en Perú. Justo este viernes 12 es el día de España, país que ha llegado a alcanzar un gran avance tecnológico pero que hoy pasa por momentos muy difíciles debido a la crisis que azota a varios países europeos. Entrevistar a Juan Carlos Sánchez no es cosa fácil. Es un hombre amable, cálido y extraordinariamente discreto en sus respuestas, las que jamás van “a levantar olas”, ya que es esto justamente lo que un diplomático “comme il faut” no debe hacer. Contesta a todo, aunque hay que hacer el esfuerzo por leerle entre líneas y entenderlo. Lo tengo frente a mí, en el restaurante Costa Verde, enfrascados ambos en una luenga conversación que se deshace en la noche. Estamos en España. Vamos allí.

–¿De dónde proviene? Hábleme de sus padres.
–Soy asturiano, de Oviedo. Mi padre era Director de la Caja de Ahorros de Asturias. Soy un producto típico de esa clase media a la que no le falta nada para vivir con gran decencia, pero tampoco le sobra para extralimitarse en el lujo. No soy (ni mi familia lo ha sido tampoco) político en ningún sentido, lo que hoy se entiende como político ideologizado. Éramos de donde estábamos, sin inmiscuirnos en amarguras y recuerdos provenientes de la guerra civil española. Yo nunca he tenido remezones provenientes de la conflagración, a pesar de que había razones de parte y parte, ya que mi abuelo paterno estuvo en la zona nacional franquista y mi madre era oriunda de zona republicana. Nunca sentí el desgarro de las dos Españas. Nos aplicábamos a vivir y punto.


 


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