Turismo Congreso en Quito ofreció el antídoto para no hacer del turismo una trampa mortal. Y la historia de la peruana que retó al mismísimo pishtaco.
TURISMO Para no Hacer Agua
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¿Caída libre? Con mil millones de turistas, Taleb Rifai, de la OMT, lo puso así: “Sin responsabilidad, esto puede ser una pesadilla”. Foto: cascada de San Rafael, Ecuador. |
Salir a flote. Sin duda, no hay otro concepto que calce mejor con la experiencia de la peruana Cristina Suaña, presidenta de la Asociación de Turismo Vivencial “Uros Khantati”. Suaña, nacida en una de las islas flotantes de Puno, logró vadear la pobreza enfrentándose hasta al mismísimo pishtaco cuando emprendió su negocio de hospedaje a pesar de que su familia le increpara que los gringos que pretendía meter en su casa eran la encarnación del demonio andino come grasa. Su historia de éxito arrancó aplausos en el evento internacional de Turismo Consciente celebrado en Quito, Ecuador, del 11 al 13 de setiembre pasado. Fue la estrella.
La cita, que fue el marco para el II Congreso Internacional de Ética y Turismo de la Organización Mundial del Turismo (OMT) y el XX Congreso Interamericano de Ministros y Altas autoridades de Turismo-OEA, reunió también a emprendedores particulares para establecer un diálogo a través del concepto de turismo consciente acuñado por la canadiense Anna Pollock en el año 2010. O, lo que es más o menos lo mismo: un turismo sostenible o “lento”, en alusión al movimiento mundial Slow Food. Como lo recordó el ministro de Turismo de Ecuador, Freddy Ehlers: “El turismo consciente es una experiencia de vida transformadora; actualmente, un turista usa veinte veces más agua que el habitante de la ciudad visitada… el derecho al desarrollo no debe ser el derecho al colapso”.