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Opinión Nerviosos apuntes del Nobel de Economía.

Mistificación Monetaria

NUEVA YORK – Los Bancos Centrales a ambos lados del Atlántico adoptaron extraordinarias medidas de política monetaria en septiembre: la tan esperada «QE3» (tercera dosis de flexibilización monetaria por parte de la Reserva Federal estadounidense) y el anuncio del Banco Central Europeo (BCE) sobre la compra ilimitada de bonos de los gobiernos de los países en problemas de la eurozona.

Los mercados respondieron con euforia. En EE.UU. los precios de las acciones alcanzaron máximos posrecesión.

A la derecha política principalmente le preocupa el impacto inflacionario de las recientes medidas monetarias en el futuro y que fomenten un gasto gubernamental desenfrenado.

Tanto los temores de los críticos como la euforia de los optimistas son injustificados.

Con capacidad productiva actualmente subutilizada y perspectivas económicas tan sombrías en lo inmediato, el riesgo de una inflación grave es mínimo.

Sin embargo, las acciones de la Reserva Federal (FED) y el Banco Central Europeo (BCE) envían tres mensajes que deben brindar un respiro a los mercados.

En primer lugar, que las acciones previas no han funcionado. Los bancos centrales más importantes son en gran parte responsables de la crisis. Pero la capacidad para revertir sus errores es limitada.

En segundo lugar, el anuncio de la FED de mantener las tasas de interés en niveles extraordinariamente bajos hasta mediados de 2015 significa que no espera una pronta recuperación. Eso es un aviso a Europa, cuya economía es actualmente mucho más débil que la estadounidense.

Finalmente, la FED y el BCE indican que los mercados no recuperarán el pleno empleo rápidamente por sí solos. Es necesario un estímulo. Es una respuesta a quienes exigen exactamente lo opuesto tanto en Europa como en EE.UU.: mayor austeridad.

El estímulo –a ambos lados del Atlántico– debe ser de carácter fiscal.
La política monetaria ha demostrado ser ineficaz. Es improbable que más de lo mismo logre que la economía recupere el sendero del crecimiento sostenible.
En los modelos económicos tradicionales, la mayor liquidez produce más créditos para los inversores y a veces para los consumidores, lo que incide positivamente sobre la demanda y el empleo.

Pero en España, donde tanto dinero ha huido del sistema bancario –y continúa haciéndolo mientras Europa juguetea con la implementación de un sistema bancario común–, el simple hecho de agregar liquidez, mientras se aplican políticas de austeridad, no reavivará la economía española.

Y en EE.UU., los bancos más pequeños, principal fuente de financiamiento de las pequeñas y medianas empresas, fueron desatendidos.

El gobierno federal –tanto durante la presidencia de George W. Bush como la de Barack Obama– asignaron cientos de miles de millones de dólares para apuntalar a los megabancos, pero dejaron que cientos de estos prestamistas más pequeños quebraran.

Dada la magnitud de la capacidad ociosa en bienes raíces, las menores tasas de interés afectarán poco los precios de los inmuebles y mucho menos impulsarán otra burbuja de consumo.

Por supuesto, no pueden descartarse efectos marginales: los cambios pequeños en las tasas de interés de largo plazo debido a la QE3 pueden producir pequeños aumentos en la inversión.

Algunos ricos aprovecharán los mayores precios de las acciones para consumir más y unos pocos propietarios podrán refinanciar sus hipotecas y reducir sus pagos, lo que también permitirá impulsar el consumo.

Pero la mayoría de los ricos saben que las medidas temporarias solo generarán una efímera señal en los precios de las acciones –insuficiente para permitir un aumento significativo del consumo.

Los informes sugieren que pocos beneficios por las menores tasas de interés de largo plazo se están filtrando a los propietarios de viviendas. Los principales beneficiarios serían los bancos.

En otras circunstancias, EE.UU. se beneficiaría por el debilitamiento del dólar que se deriva de las menores tasas de interés –una suerte de devaluación competitiva mediante políticas de «empobrecer al vecino» a expensas de los socios comerciales estadounidenses.

Pero, dadas las menores tasas de interés europeas y la desaceleración global, es probable que los beneficios sean pequeños incluso en este caso.

En resumen, los beneficios son, en el mejor de los casos, pequeños.

En Europa, la intervención monetaria tiene un potencial de ayuda mayor –pero el riesgo de empeorar las cosas es similar.

Si se aplica en condiciones de austeridad –impuestas sin medidas conjuntas significativas para impulsar el crecimiento– serán más semejantes a una sangría: el paciente debe arriesgarse a morir antes de recibir medicinas genuinas.

Tanto para Europa como para Estados Unidos, el peligro reside en que los políticos y los mercados crean que la política monetaria puede revivir la economía.

Su impacto principal en este momento es el de distraer la atención de medidas que verdaderamente estimularían el crecimiento, incluida la política fiscal expansionista y reformas en el sector financiero que impulsen el crédito.

La caída actual, que ya dura media década, no tendrá una pronta solución. Eso, en síntesis, es lo que están afirmando la FED y el BCE. Cuanto antes lo reconozcan nuestros líderes, mejor. (Por Joseph E. Stiglitz*)

________
Traducción al español por Leopoldo Gurman.
*Joseph E. Stiglitz recibió el premio Nobel de Economía. Se desempeña como catedrático en la Universidad de Columbia. Su último libro es The Price of Inequality: How Today’s Divided Society Endangers our Future (El precio de la desigualdad: la sociedad dividida actual y su peligro para nuestro futuro). Copyright: Project Syndicate, 2012. www.project-syndicate.org


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