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Seguridad

Guerra en Camisea

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Fotografía obtenida por La República muestra a ‘Alipio’ dirigiendo asalto a helipuerto de TGP, el 6 de junio pasado.

El reciente ataque narcoterrorista de ‘Alipio’ en Kiteni, Cusco, aviva temores de un atentado mayor al corazón energético del país.


La presencia del camarada ‘Alipio’, el Nº 2 de la organización terrorista de los hermanos Quispe Palomino, en la selva cusqueña de La Convención, configura un nuevo y peligroso escenario: la posibilidad de un ataque mayor al corazón energético del país, el proyecto Camisea.

La semana pasada, un alto funcionario del Gobierno aseguró a CARETAS que, de acuerdo con una reciente interceptación radial hecha por la Dirección Antidrogas (Dirandro), ‘Alipio’ se habría dirigido hace tres semanas desde Junín al Cusco, burlando el “cerco” tendido por las Fuerzas Armadas desde abril de este año.
Pero las espectaculares fotografías publicadas por el diario La República el martes 9, en las que se observa a ‘Alipio’ dirigiendo el asalto en Pomoreni, demuestran que el terrorista llegó al menos en junio.

“Camisea ha pasado a ser un blanco militar para los terroristas”, sostiene el analista de InfoRegión, Rubén Vargas. “Es un objetivo de evidentemente mayor importancia que una unidad militar. Un ataque al proyecto Camisea sería muchísimo más bullicioso y devastador para el Gobierno y ellos lo saben muy bien”.

LA CARTA DE ‘ALIPIO’

El sábado 6, a las 00:30 horas, una columna de entre 25 y 30 senderistas armados irrumpió en el aeródromo de Kiteni y destruyó tres helicópteros que prestaban servicio a la compañía Transportadora de Gas del Perú (TGP).

Dos de las aeronaves, un Bell 212 y otro Mi-17, pertenecían a la empresa Servicios Aéreos de Los Andes. El restante era un Eurocopter AS350 B3, propiedad de Helisur.

Los senderistas dejaron una “nota de prensa” en la que amenazaron al consorcio. “Ustedes señores, con la fachada de ‘desarrollo’, ‘progreso’, ‘cuidaré del medio ambiente’ y otras fresecillas (sic) están haciendo un verdadero saqueo, destrucción del medio ambiente, despojo a los campesinos de sus tierras y todo el hábitat de los pueblos originarios, etc”, dice, y añade:

“La lucha armada con ustedes se está dando debido a la intransigencia frente a las propuestas planteadas por el Partido y cada vez más (se) están militarizando, utilizando como carne de cañón a las… FF.AA. y PNP. Y hasta que respondan la propuesta, las acciones militares del partido irán desarrollándose”.
En resumidas cuentas, exigen un cupo de guerra.

OBJETIVO: EL GASODUCTO

En todo este tiempo, TGP ha buscado mantener una neutralidad en el conflicto para evitar ser identificados por Sendero Luminoso (SL) como el “enemigo”.

La voladura de sus helicópteros en Kiteni esta semana al menos obliga al consorcio a definirse.

El punto crítico del gasoducto en territorio apache es la estación de compresión PC2 ubicada en el distrito de Echarate. Su destrucción dejaría inoperativo al gasoducto y al país pataleando por electricidad durante largos meses.

“La vulnerabilidad es muy grande”, sostuvo una fuente del consorcio.

TGP –operador del gasoducto– ha suspendido las obras de potenciación (‘loop’), y el mantenimiento del tubo a lo largo de 200 km en la selva, después del secuestro de sus 36 trabajadores en Kepiashiato, en abril.

El junio, la columna senderistas con ‘Alipio’ a la cabeza asaltó el helipuerto de TGP en Pomoreni, cuyas fotos publicó el diario La República esta semana.

En septiembre, SL emboscó un helicóptero del Ejército dando muerte al “gatillador”, el suboficial EP Jhonny Huatarango. La patrulla se movilizó ante una alerta de “humo” y fallas en la línea de fibra óptica vital en el funcionamiento del ducto.

A fines del mismo mes, SL intentó atacar una válvula de gas en el sector de Alto Laguna. Un contingente militar repelió la incursión subversiva.

ALUCINACIONES DE ESCRITORIO

“El polo petroquímico en el Sur, el etanoducto y el “loop” son alucinaciones de escritorio si no se resuelve el problema de seguridad”, se advierte.

Ya la costa recibe menos gas del que debería, por la falta de capacidad de transporte del ducto para atender la mayor producción de la planta de Las Malvinas incrementada de 1,150 MPC a 1,580 MPC al día en agosto.

El gasoducto tiene 729 km de largo desde los yacimientos de Camisea hasta Ica y Lima, de los cuales 200 kilómetros corren por territorio apache.

El 40% de la energía eléctrica del Perú es generado con el gas de Camisea. El gas ha reducido los costos de energía y de combustible. Un sabotaje al suministro volcaría a la opinión pública en contra de SL.

Informes de inteligencia indican que los terroristas bajo el mando de ‘Alipio’ y ‘Gabriel’ no pasan de los 40 aunque están bien armados y dominan el terreno.

Las FF.AA. han enviado tropas especiales al Cusco, acantonadas en Quillabamba, pero los esfuerzos bélicos –sin inteligencia operativa adecuada– son insuficientes para resguardar el gasoducto.


 


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