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18/Oct/2012
 
 
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Nacional A 266 años del terremoto que asoló la capital el 28 de octubre de 1746, un libro analiza las réplicas políticas. Un extracto.

El Terremoto Que Destruyó Lima

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Detalle de retrato del virrey José Antonio de Manso de Velasco, conde de Superunda, frente a la Catedral de Lima en ruinas.

El 28 de octubre de 1746, a las 10:30 p.m., unos 350 km de la placa tectónica de Nazca se sacudieron debajo de la placa continental a 160 km de la costa peruana, provocando un terremoto masivo que destruyó la ciudad de Lima, la capital del Virreinato del Perú. Al igual que todos los sismos, este golpeó a dos tiempos de arriba abajo. La tierra que se sacudía derribó a la gente al suelo y las intensas pero irregulares réplicas mantuvieron a muchos en esta posición, aterrorizados. El terremoto hizo trizas muros, techos, fachadas y muebles, arrojándolos sobre las víctimas. Los pesados adobes aplastaron a muchas personas que no lograron salir de sus residencias. Otros quedaron atrapados dentro de ellas y no pudieron ser rescatadas. El peligro también acechaba a quienes lograban salir, pues se vieron amenazados por la caída de balcones y vigas, así como de las murallas que rodeaban a la ciudad y las pesadas campanas que adornaban las iglesias. Algunas personas que corrieron a sus casas para salvar a miembros de su familia o recuperar artículos valiosos, fallecieron cuando vigas o adobes les cayeron encima. Quienes sobrevivieron sufrieron la incertidumbre del destino de sus seres queridos, así como la vista desoladora de la ciudad devastada, los lamentos de las víctimas que gemían y el sonido de las estructuras que se derrumbaban.

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Colonialismo en ruinas: Lima frente al terremoto y tsunami de 1746 (IEP/IFEA, 2012).

A medida que la falla submarina se elevaba, no solo enviaba ondas de choque al suelo, sino que levantaba abruptamente partes del lecho marino. Este movimiento generó olas que se desplazaron a través del Océano Pacífico a la velocidad de un avión a reacción, las que parecían ser pequeñas en las profundidades del océano, pero luego incrementaron su poder y altura al llegar a la costa. Múltiples olas se fusionaron y alzaron formando una destructiva torre de agua. A las 11 p.m., media hora después del terremoto, el espeluznante sonido del agua que retrocedía anunciaba el horror justo antes de que un tsunami golpeara la costa. Algunos sostendrían posteriormente que la gran ola que golpeó al Callao tenía más de 24 metros, aunque la mayoría diría que apenas superó los cuatro metros y medio.


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