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Internacional

No Hay Repunte Sin Segunda

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Hubo momentos de alta tensión, particularmente en las críticas que Romney hizo a la reacción del gobierno ante el atentado en Libia.

Obama contraataca contra Romney en Nueva York y los motores se calientan para el debate final en Florida, el lunes 22.


El decepcionante desempeño de Barack Obama en el debate presidencial contra Mitt Romney del 3 de octubre pasado revirtió las encuestas sobre la contienda y casi borró el margen que tenía el Presidente. Los republicanos pasaron a la euforia, los demócratas al desconcierto y la población en general a la ansiedad. De allí que el segundo debate del 16 de octubre en Hempstead, Nueva York, fuera seguido hasta con grandes expectativas.

Los expertos en debates presidenciales difieren marcadamente sobre el impacto político de éstos en las carreras electorales. Hay quienes sostienen que los debates carecen de mayor efecto en las tendencias generales de la campaña. Otros señalan la relevancia de las “metidas de pata” sobre el resultado final (como la negación de Gerald Ford que, en 1976, afirmó que no existía dominación soviética en Europa del Este). Sea como fuere, puede sostenerse que cada proceso electoral es único y que cada debate es especial y el del 16 de octubre concitó una atención poco común.

Los Vice

El bajón en las encuestas de Obama como consecuencia del primer debate se detuvo el jueves 11 de octubre con ocasión del debate de los candidatos a vicepresidente. El demócrata Joe Biden mostró su proverbial fuerza en los ataques verbales contra el joven representante Paul Ryan. Hay quienes sostienen que el debate quedó muy cerca del empate, mientras otros dieron resultados totalmente antagónicos (como fue el caso de CNN y CBS). Lo que puede afirmarse con seguridad es que sirvió para levantar el ánimo de los demócratas.

Obama recargado

La noche del 16 de octubre Obama volvió a ser Obama. Recargado. Hizo lo que debió haber hecho el 3 de octubre: no dejó pasar una sola ocasión para atacar a su oponente. Desde el “outsourcing” de puestos de trabajo a China a través de Bain Capital, hasta sus cambios sobre el control de las armas automáticas pasando por las contradicciones de las propuestas de Romney sobre impuestos y la inmigración. Tampoco perdió ocasión de indicar la frecuencia de los cambios de posición en diversos temas.

Romney no estuvo deslucido ni cometió errores graves. Dio la sensación, sin embargo, de haberse puesto nervioso pues le resultaba difícil completar las ideas y terminar de hablar. El punto central de sus intervenciones fue las promesas no cumplidas de Obama, el costo del desempleo y la falta de reactivación de la economía. La moderadora Candy Crowley tuvo un trabajo especialmente duro para contener los intercambios.

Muerte en Libia

Tal como se había previsto, un punto de contención fue la muerte del embajador estadounidense en Libia y tres funcionarios más. Los republicanos han afirmado que esta tragedia está evolucionando hacia un escándalo cuando se informó que el Departamento de Estado y el Jefe de la Guardia encargada de la seguridad den Benghazi habían solicitado refuerzos que le fueron negados desde Washington. Romney asumió esta posición y la amplió, para atacar, el conjunto de la política de Obama sobre el Medio Oriente.

Si bien Obama no respondió la pregunta (porqué no se había dado la seguridad solicitada) planteó con fuerza que asumía la total responsabilidad de lo ocurrido y se refirió a su discurso del día siguiente en que afirmó que los responsables serían identificados y castigados y calificó al hecho como un “acto de terrorismo”. Romney afirmó que Obama había demorado dos semanas en hablar de “terrorismo”. La moderadora controló la versión y confirmó los dichos de Obama. Fue en el único momento que se escucharon aplausos en el auditorio, a pesar de estar prohibidos.

El resultado de este intercambio fue negativo para Romney. Obama, en cambio, se mostró con la firmeza y decisión de un verdadero “comandante en jefe”, algo muy importante para la cultura estadounidense. Quedó la clara impresión que Romney estaba usando la muerte del embajador y sus acompañantes como un “futbol político”, lo cual tiene una connotación negativa.

La tensión de los intercambios se reflejó en el hecho de que los candidatos no se saludaran con un apretón de manos al finalizar. Las encuestas tomarán unos días en decantar y los primeros sondeos son marcadamente partidistas. Queda un debate más, el 22 de octubre, antes de las elecciones del 6 de noviembre. (Escribe: luis F. Jimenez)

El Swing del Debate


Los estados en disputa y las lecciones históricas de estos encuentros.

Un viaje de carretera por los Estados Unidos puede resultar en una sucesión de McDonalds, estaciones de servicio cada treinta millas y distancias que se hacen más interminables en esa repetición del paisaje.

Por estos días, las distracciones adicionales en la Florida incluyen las vallas de publicidad contra Obama. La que más jala el ojo muestra la foto del presidente que saluda con una genuflexión a un jefe de Estado árabe. Una comparación del precio del galón de gasolina hace cuatro años con el de la actualidad, de menos de dos dólares a casi cuatro, lo dice todo: el presidente antinorteamericano y pro-islámico.

Durante el debate, Romney insistió en que los votantes “no deben conformarse con la gasolina a 4 dólares”.

Florida es uno de los swing states, los Estados veleta con una historia electoral cambiante que pueden terminar por definir la elección. Allí también destaca Ohio y es en esos dos estados donde, de lejos, se concentra la millonaria inversión publicitaria electoral. Hacia ellos también se dirigen en buena medida los debates.

La encuesta sobre el segundo debate hecha por CNN arrojaba 46% a favor de Obama contra 39% para Romney.

Esta vez, el debate fue de estilo “town hall”, es decir, las reuniones donde los pobladores son invitados a intervenir. Un molde tan viejo como la democracia.
En cambio, las fanfarrias musicales que precedieron el anterior debate eran un recurso inédito hasta entonces. Algunos dicen que programas como American Idol y America’s Got Talent “educan” al público para juzgar los debates más en función del comportamiento de los contendientes que por sus antecedentes.
Pero según el Rasmussen Report, solo el 2% cambió su posición en favor de Romney después que vapuleó a Obama. Otras encuestas difieren.

¿Los debates cambian los rumbos de las elecciones? Quizá el de Kennedy – Nixon de 1960 tuvo efectos importantes, pero allí se calcula que Kennedy solo pasó a tener una ventaja de 1% después de colear con 3%.

Politólogos como Robert Erickson y Christopher Wliezin señalan que fue usual, entre 1952 y el 2008, que las preferencias registradas antes de los debates se mantuvieran. Excepto en 1976, cuando Jimmy Carter, que iba adelante, empezó a caer hasta perder ante Ronald Reagan.

Y estos eventos también son escenarios de históricas metidas de pata:
Gerald Ford afirmó que “no hay dominación soviética en Europa Oriental” en el debate con Jimmy Carter. ¡Y era 1976!

Michael Dukakis, opositor a la pena de muerte, se quedó callado 10 segundos cuando su rival, George Bush padre, le preguntó en un debate de 1988, si cambiaría de opinión si asesinaran a su mujer.

Tanto Carter como Bush ganaron en las respectivas elecciones.


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