Internacional Comenzaron en Oslo las negociaciones entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC, golpeadas militarmente pero al mismo tiempo alimentadas por el negocio del narcotráfico. ¿Será posible terminar esta vez con el conflicto irregular más viejo del continente?
Un Nuevo Proceso de Paz
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Estas conversaciones en Oslo es el cuarto intento de paz para Colombia. En esta oportunidad el acuerdo no incluye un cese del fuego. |
El miércoles 17 de octubre se reunieron en Oslo, Noruega, representantes del gobierno del Presidente Juan Manuel Santos de Colombia y altos dirigentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para ajustar la agenda de futuras conversaciones y dejar instalada la mesa de negociaciones patrocinadas por Noruega y Cuba, con el acompañamiento de Venezuela y Chile.
Es el cuarto intento de lograr la paz en Colombia después de casi 50 años de sangriento conflicto interno. Juan Manuel Santos confirmó que los contactos se iniciaron a poco de asumido su mandato, en agosto de 2010, y luego de un año y medio se produjo el primer contacto exploratorio en Cuba, que dio lugar a la firma del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, que incluye los principios y procedimientos para las negociaciones.
Qué se discute
El Acuerdo General contempla cinco temas: Fomentar el desarrollo rural y dar mayor acceso a la tierra; ofrecer garantías para el ejercicio de la oposición política y participación ciudadana; el fin del conflicto armado con entrega de armas y reintegración de las FARC a la vida civil; el combate contra el narcotráfico con más efectividad y el respeto a los derechos de las víctimas.
Un aspecto importante es que este acuerdo no incluye un cese del fuego. El gobierno colombiano mantendrá, por lo tanto, la presión militar sobre las FARC.
El Presidente colombiano, ex ministro de defensa de Álvaro Uribe durante cuyo mandato se provocaron graves reveses a las FARC, parece haber llegado a la conclusión de que sólo con la fuerza militar no se logrará la ansiada paz; son necesarias las negociaciones. Las FARC, por su parte, parecen haber llegado al convencimiento que sólo les queda atrincherarse en las diez zonas del país que controlan y allí sobrevivir. Su desprestigio, en gran medida derivado de su recurso al secuestro y a los vínculos con el narcotráfico, ha privado a la organización del aura que en algún momento pudo tener entre la población.
Los actores
Encabeza la delegación gubernamental el ex vicepresidente Humberto de la Calle (1994-1998), político de gran prestigio. Lo acompaña un teórico del conflicto, el filósofo Sergio Jaramillo, junto a militares de la línea dura: el general retirado Enrique Mora, mano derecha del ex presidente Uribe en la guerra contra las FARC y el general Óscar Naranjo, ex director de la policía de Colombia y responsable de algunos de los golpes más fuertes contra la guerrilla.
La delegación de las FARC estará dirigida por Luciano Marín Arango, alias "Iván Márquez", segundo al mando y que vive en Venezuela. El equipo se completa con Rodrigo Granda, alias "Ricardo Téllez", (el canciller de las FARC), y Ricardo Palmera, alias "Santos Trinidad", ideólogo de la guerrilla, condenado a 60 años de prisión en Estados Unidos. Se calcula que las FARC en la actualidad cuentan con 8.000 efectivos, lejos de los 20.000 con que contaban una década atrás. La decidida guerra de Álvaro Uribe contra las FARC y las deserciones y muertes de sus principales dirigentes ("Tirofijo", "Mono Jojoy", "Alonso Cano" y "Raúl Reyes") condujeron a la guerrilla a buscar el diálogo con el gobierno de Santos desde 2010.
Las contradicciones
La sufrida población colombiana anhela la paz. Una encuesta reciente muestra que el 77% apoya los diálogos pero no a cualquier precio. El 78% de los colombianos se opone a que los líderes de las FARC no vayan a la cárcel y el 72% se opone a que tengan participación política. El ex presidente Álvaro Uribe ha asumido una cerrada oposición a los diálogos de paz y al papel concedido en ellos al presidente venezolano Hugo Chávez. Según la revista Semana, a los colombianos les gusta la idea abstracta de la paz pero no están conformes con pagar los costos para lograrla. El presidente Santos se juega una carta política de gran envergadura.
Un problema extremadamente sensible será manejar el problema del narcotráfico, fuente de financiamiento –junto con la minería informal del oro y antaño los secuestros- de las FARC. Este asunto se complica debido al papel preponderante asumido por Hugo Chávez en las negociaciones cuyo gobierno ha sido repetidamente señalado de cultivar los vínculos con las FARC y servir de tránsito a la droga producida en las zonas que ellas controlan.
Los familiares de las víctimas, por su parte, han insistido en que sus demandas sean tenidas en cuenta en el curso de las negociaciones y así se ha convenido.
Un proceso de extrema complejidad que conforma un caleidoscopio de agudas sensibilidades. (Luis F. Jiménez)