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Cultural Intolerancia religiosa o blasfemia hierática genera la salida de Luis Lama de la Sala LMQG.

El Cuerpo de Cristo

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El Cristo desnudo que conmocionó a los vecinos miraflorinos.

Es la sexta vez en veinte meses. Desde que el curador Luis Lama tomó la dirección de la Sala Luis Miró Quesada Garland en Miraflores, seis de las quince exposiciones que ha montado han sido protestadas. Ahora y por método de rebote, las censuras que no pudieron recaer en los objetos exhibidos (llámeseles pinturas, instalaciones o películas) encontraron en Lama su ansiado punto de llegada.

Todos los problemas empezaron con las “mariconadas” expuestas en la muestra Ejército rosa de Gustavo Buntinx en julio del año pasado. La exhibición de formas cómo una mujer podía introducirse al ejército incitó a que algunos vecinos miraflorinos alegaran que la muestra estaba “prohibida por Dios”. “Muchos no la habían visto”, agrega Lama. Más adelante, en julio de 2011, la Sala LMQG eligió proyectar algunas películas del cineasta Tom Kalin en sus clásicos ciclos de cine. Se buscaba la mirada de un director homosexual en temas heterosexuales. “Me llamaron los vecinos a preguntarme si creía en Dios, que cómo era posible hablar sobre estos temas”, explica Lama. Hasta el momento, las quejas eran aisladas.

En el 2011, Lama había observado el trabajo del cusqueño Jorge Flores Najar en la muestra Pasaporte para un artista de la PUCP y la llevó un año después a la muestra El último lustro en la Sala LMQG. En ‘Nunca hemos ganado una guerra’, héroes, cómics y dibujos de Flores manifestaban en un video que nunca habían ganado una guerra. Los vecinos acusaron a Lama de “antiperuano”. “En la PUCP nadie dijo nada”, dice su curador.

Este año se fundó en el Facebook un campo de batalla bajo el nombre de ‘Política inmortal’. En ella se congregaban todos los insultos hacia la exposición Yo no me río de la muerte, un homenaje al poeta Javier Heraud. Qué no se le dijo a Lama en esa página. Se le llamó ‘terruco’ y ‘senderista’, pero la propuesta generalizada, dice él, “no era por la muestra sino por Heraud”. “La muestra no tenía nada subversivo, y yo mandé una queja a Facebook para que amenacen con censurar la página si no cesaban los insultos”.

Más adelante, en julio del mismo año, se montó la exposición que sacaba pecho por todas ellas: Vigilar y castigar. Fue la debacle. “Fue el cuadro de Enrique Polanco, que mostraba a monseñor Cipriani en el infierno, el móvil del obispo para su carta de protesta al alcalde (Jorge Muñoz). Según ellos, era una ‘ofensa para la majestad de la Iglesia Católica’”, explica Lama. Una vez más los acusaron de ‘senderistas’. A raíz de esto, Muñoz le hizo prometer a Lama que “nunca más le ocasionaría problemas con muestras controversiales”. Le pareció válido.

El pasado 4 de octubre se inauguró Así sea de Cristina Planas. Grupos religiosos extremistas se organizaron por Facebook y recogieron mil cartas en contra por grupo. Eran diez grupos. Jorge Muñoz, luego de ver la muestra, le mandó una carta a Lama el pasado 18 de octubre que decía, entre otras cosas, que “se sentía engañado por él (Lama)” y que “no he recibido ningún comentario a favor de la muestra, todas son negativas”, según Lama.

La muestra, curada por el sacerdote Joaquín García, director del Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía, y por el sociólogo Gonzalo Portocarrero, levantó protestas por la escultura del Cristo desnudo. “No creo que la desnudez sea un pecado, se exalta la humanidad de Cristo”, alega Lama. El alcalde quería sacar la muestra; había dos alternativas: dejarla o botar a Lama. “Entregué mi cabeza”, afirma.

La Sala LMQG se queda sin director por sus vecinos conservadores miraflorinos. Después de todo y como dijera Muñoz en alguna de sus reuniones con Lama, “la sala es del público”. CARETAS trató de comunicarse con Muñoz, sin suerte. Por lo pronto, una interrogante válida sería, ¿y dónde están las dos mil quinientas personas que visitan la muestra diariamente? No cerca del cruce de Larco con Diez Canseco. Lucho Lama no vuelve más. Ha dicho. (Ailen Pérez)


 


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