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Deportes Lance Armstrong pierde siete títulos y más de US$ 40 millones por dopaje con una hormona glicoproteica, la eritropoyetina.

Fraude Rodante

En los próximos meses, Armstrong podría perder su medalla de bronce de Sydney 2000, miles de dólares en premios y millonarias demandas de sus antiguos patrocinadores.

Todo era mentira. El regreso del sobreviviente de cáncer hacia las siete victorias en el Tour de Francia. El triunfo de la voluntad, la esperanza de los desahuciados, la inspiración de futuros atletas. El último héroe americano era, en verdad, el Don Corleone del ciclismo. Un gran maquinador del dopaje, que coaccionaba a sus compañeros a hacer lo mismo, o no tenían lugar en su equipo.

El lunes pasado, la Unión Ciclista Internacional (UCI) ratificó la resolución de la Agencia Antidopaje de los Estados Unidos (USADA) –que lo acusaba de liderar “la organización de dopaje más sofisticada, profesionalizada y exitosa de la historia”– y lo despojó de todos sus títulos desde agosto de 1998. “Lance Armstrong no tiene lugar en el ciclismo, y merece ser olvidado”, fue el veredicto final de la UCI. Tendrá que devolver más de US$ 12 millones en premios.

PIENSA MAL Y ACERTARÁS

La sentencia contra Armstrong llega tras años de sospechas y evidencias que fueron apilándose sobre su reputación. El deporte ya estaba manchado desde el inicio de las grandes competencias, en especial el Tour de Francia, con dopajes –y varias muertes por esa causa– desde su primera edición, en 1903. En una carrera que demanda un esfuerzo comparable a correr una maratón diaria por tres semanas y escalar tres veces el Monte Everest, ¿era posible que un atleta limpio ganara siete veces sobre rivales que caían uno por uno en los controles antidopaje?

La investigación de la USADA nunca encontró un test positivo de Armstrong –los positivos por eritropoyetina (EPO) de 1999 fueron descartados tras una pesquisa de la UCI–, pero recolectó los testimonios de más de 20 ex compañeros y colaboradores de Armstrong durante su periodo en el equipo del Servicio Postal de los Estados Unidos (USPS), entre los años 1998 y 2005.

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A LA VENA

Durante toda su carrera, Armstrong se había dopado con EPO, testosterona, esteroides y transfusiones de sangre. Había actuado asistido por doctores, contrabandistas de drogas, y controlaba el sistema de dopaje de todo el equipo, además de las estrategias para evadir los controles. La eritropoyetina –hormona que se utiliza en algunos casos oncológicos– estimula la formación de glóbulos rojos, fortaleciendo músculos y mejorando la resistencia al ejercicio físico.

La UCI había descalificado anteriormente varios testimonios que incriminaron a Armstrong ante la USADA. Dos ex compañeros, Floyd Landis y Taylor Hamilton, habían apuntado que el ex presidente del máximo organismo del ciclismo y amigo de Armstrong, Hein Verbruggen (1991-2005), conocía la situación y no actuaba en consecuencia. Esta vez, la evidencia de la USADA prevaleció.

En agosto, Armstrong denunció una “caza de brujas” y se negó a seguir peleando legalmente contra los “matones” de la agencia antidopaje. Al cierre de esta edición, aún no emitía un pronunciamiento sobre su sentencia, pero sus principales patrocinadores –Nike, Radio Shack y Trek– ya le habían rescindido el contrato: en total US$ 30 millones perdidos en auspicios.

Como señaló la USADA después de la decisión del lunes, “el caso en sí mismo no limpia el ciclismo ni asegura que el deporte ha superado los obstáculos que permitieron que el dopaje floreciera”. La ley del silencio todavía no está rota, aseguran.

“El error de Lance fue asumir que la lucha era contra él, porque él era el ciclismo. Era contra las drogas en el ciclismo, no solo contra él”, afirmó su antigua masajista a BBC Radio. Y, realmente, es una sanción a toda una era de arrogancia, trampa y dopaje. Ese es el verdadero legado de Armstrong. (Liliana Michelena)


 


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