Restaurantes Una tradición miraflorina que no pierde sazón ni vigencia hace más de cuatro décadas.
Rincón Chami
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El local original de la calle Esperanza, con su barra característica. |
Es la esencia de lo que podríamos llamar tradición. Hace más de cuatro décadas que este entrañable rincón mantiene el mismo menú, la misma sazón, los mismos trabajadores (Carlos, Manuel, Renán, Leonel, Armando, Julián, Vilma, Raúl) y hasta la misma clientela, como la señora Dina D’Aste de Catter, condesa de Savoia (“pero de títulos no se vive, mija”) que visita el local tres veces por semana desde hace 42 años y nunca nada le cayó mal. Mayor garantía imposible.
De su buena sazón dio cuenta CARETAS 502, la de la célebre carátula “Pálidos pero serenos”. Por entonces la cocina estaba en manos de su dueña y fundadora doña Mercedes Ludovic de Buendía, quien hace varios años cedió la posta a quienes la habían acompañado en las buenas y en las malas.
Dos mesas largas, una frente a la otra, hacen que compartir, conversar y comer sean un solo acto democrático, amigable, sabroso, como en los huariques de antaño. Una insólita Estatua de la Libertad preside las mesas, sobre ellas nada más que un tazón de cebolla picada y un pote de ají esperan que los comensales se vayan ubicando por orden de llegada.
En la Carta, lo de siempre. Mis preferidos son el caucáu, la carapulca, el sancochado de los miércoles, el tallarín verde con sábana de apanado, el puré de papa con asado, los picarones de los domingos y la chicha morada de todos los días. Las recetas no han sido alteradas en ningún ingrediente ni tampoco la manera de prepararlas.
Mantienen una clientela fiel y creciente, por eso compraron el local de al lado y ampliaron el rincón para triplicar el espacio, esta vez con mesitas y sillas individuales.
El crecimiento los llevó a abrir otros locales: uno en Chorrillos (que acaba de cerrar) y otro en la Avenida Benavides, pero no se deje confundir, la sazón es única y está en Esperanza, como toda la vida.
La Bottega
Hace once años Nancy de De Martin y su esposo Silvio regresaron al Perú y abrieron La Bottega del Vino, cubriendo así un vacío enorme en cuanto a la presencia de vinos italianos en nuestro país. Nancy inició sus actividades con siete prestigiosas casas vitivinícolas de diversas regiones; trajo nebbiolo, brachetto, trebbiano, sangiovese, barbera, montepulciano, dolcetto y se mantuvo como solitaria embajadora de los grandes vinos italianos durante largo tiempo. Hoy, sus proveedores se han incrementado y en su acogedor local se encuentran joyas como el Amarone deValpolicella, el Prosecco de Bisol, el Pinotgrigio de Collio o el Rosso di Montepulciano de Carpineto, amén de grappas y aceites de oliva. (Av. Conquistadores 1214, San Isidro. Tel: 4217844).Calle Esperanza 154, Miraflores. Telf. 4444511. Horario de atención: lunes a sábado de 8 de la mañana a 9 de la noche. Domingos y feriados hasta las 5 pm. Precio promedio: S/. 15 soles. No aceptan tarjetas de crédito.
Parqueo complicado (playas de estacionamientos en los alrededores).