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Opinión

Chambón

“Alberto Kenya Fujimori era un menos que mediocre profesor en la Agraria, siempre detrás del telón montando intrigas…”.

LIMA, 21 DE OCTUBRE DE 2012

Me imaginaba casi exactamente el significado de la tal palabra, pero por las dudas fui al Diccionario de la RAE, versión 2001, y encontré lo que buscaba: Chambón, na (De chamba 1): adj. Coloq…. U.t.c.s. II2. Poco hábil en cualquier arte o facultad. U.t.c.s. II3. Coloq. Que consigue por chiripa algo. II4 m. y f. Coloq. Col. Persona ordinaria. Es que no sé si al lector le ocurre de estar frente a un raciocinio y de pronto sentir que este se ha vuelto un rompecabezas al que le falta la principal ficha para que adquiera su sentido global. Y de pronto piensa que mediante conjuros con los que el inconsciente a veces nos ayuda, esa palabra surge y se coloca solita entre los límites curvos que conformaban el espacio para ella reservado.
Poco hábil en cualquier arte o facultad. Que consigue de chiripa algo. Persona ordinaria. Alberto Kenya Fujimori Fujimori era un menos que mediocre profesor en la Agraria, siempre detrás del telón montando intrigas contra sus colegas, y corrupto. Alumnos de la época recuerdan que una secretaria gordezuela y de pelo cucaracha –apodada “la veinte dólares”– era la encargada de convertir un 05 en un doce por esa modesta suma. La tuvimos en el Congreso, ¡qué chambona, en la tercera acepción de la RAE! Fujimori por su parte daba un salto a la caja boba cuando le ofrecieron un programa de desarrollo agrario que se emitiría en vivo a las cuatro y media de la mañana, y en el que el conductor no falló nunca en eso de presentarse con terno celeste y medias blancas; la misma tenida que años más tarde Vladimiro Montesinos le haría cambiar por considerarla de mal gusto.
Muy bien, chambón es aquel sujeto que actúa de una manera gruesa, obvia, carente de sensibilidad o de estrategia, sabiendo que si no le ligó, al menos le podía haber ligado. Es por excelencia el protagonista del cuento del bacalao: yo te hago el cojudo, vamos a ver cuánto me crees. Y le ligó por una década porque por una perversión de la comunicación política, la gente al no creerle, lo hizo ganar. Para ejemplificar mejor lo que es una jugada chambona, vayamos al empresario peruano aquel, famoso por carecer de vergüenza. Acusado de mil y un robos y estafas, es citado al Poder Judicial. El hombre, de unos sesenta años, se presentó con ternito de marinero y pantalón corto, mismo Quico, hasta chupando una paleta. El abogado al verlo entró en trompo y le preguntó anonadado qué era lo que pasaba. La respuesta, una chambonada perfecta: “¿Y si los jueces al verme creen que soy menor de edad y por tanto inimputable? Total, nada pierdo”.
Insigne chambonada la de Fujimori persiguiendo en un convoy de camionetas a un Montesinos que vomitaba de mareo en las movidas costas del Pacífico hacia una isla de Las Galápagos. La chambonada ahí radica en que el protagonista piensa que de repente el espectador de la escena se la cree y ya está, se cumplió con el objetivo. Manipular, cubrir delitos, disimular crímenes, cerrar todo en la agenda propia y luego… renunciar por fax desde el Japón argumentando una razón de gran chambón, que de mantenerse en el Perú su vida habría corrido peligro.
Chambón es quien actúa y quien especta, ojo. Porque si yo me encuentro con una foto del primer plano de un grano negro y grasiento puesto con Photo Shop en la lengua del ex presidente, y me conmuevo y de ahí deduzco que se le debe indultar, estoy precisamente cayendo en la simplonada que me quieren endilgar. Por eso es muy importante analizar en las chambonadas de Fujimori, la sintonía que conseguía en las masas. Quizás la más patética fue su matrimonio con una mafiosa japonesa que vino a visitarlo a la prisión y en un concierto salió a bailar cumbia que parecía una garza con Parkinson. Pero, ¿y la gente? ¿Cuántos millones de aplausos acompañaron a Satomi? ¿Cuántas invasiones de terrenos se llaman Satomi? Es por eso, para evitar la simpleza de la medianía, es indispensable llegar al nivel de un hombre como Kenyi, que ha descubierto “algo de Van Gogh” en el autorretrato de su padre que anda circulando por ahí. (Escribe: Rafo León)


 


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