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Cultural Eduardo Tokeshi por partida doble: el 7 de noviembre inaugura retrospectiva en el ICPNA de Miraflores y el 10 expondrá obras recientes en Forum.

La Piel de Tokeshi

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Peculiares trajes junto a instalaciones y dibujos se expondrán en el ICPNA de Miraflores hasta el 16 de diciembre.

La capacidad de asombro de Eduardo Tokeshi sigue intacta. Aunque es cierto que su disposición para aburrirse también ha acaparado parte del arte de la observación. Con 52 años encima, su ejercitación para no caer en la cotidianeidad monótona, palabras de Tokeshi, parte de “ser curioso como un niño y tener la disconformidad de un adolescente”. Es así como ha nutrido su trayectoria artística con objetos que van desde los juguetes de plástico, cajas, esteras, hasta caballetes o banderas. “Una cachina artística”, lo definiría el autor.

La exposición Eduardo Tokeshi 1984-2012 tiene dos partes: lo acabado y lo abandonado en el proceso. Los 28 años de reflexión sobre la identidad, violencia o familia se impregnan en esta primera zona donde Tokeshi intuye el futuro, observa la distancia y presiente su interior. Es en la segunda parte donde se evoca visualmente a sus palabras: “a veces mi imaginación corre más rápido que mi propia mano”. La selección de trabajos inacabados reúne un homenaje al fracaso que se reivindica al observarse el proceso creativo. “En esa parte hay una instalación en donde meteré todo mi taller para encerrarlo en una caja de vidrio”, agrega.

En la retrospectiva, que va en el ICPNA de Miraflores, habrá pinturas, dibujos y trajes para todos los casos: para rezar, para construir o para volar. ¿Y cuál definiría mejor a la coyuntura actual?“La del hombre invisible lleno de exvotos, la de la fe. Somos un país con vocación por el abismo y aún tenemos fe de que no nos iremos por el barranco”, apunta Tokeshi.

Haciendo mención a su rauda capacidad creativa, la muestra El Círculo se expone paralelamente en Forum. Círculo porque se regresa al punto de inicio al exponer de nuevo luego de once años fuera del círculo de Lima. Y por la serie de instalaciones y trabajos circulares y su relación con lo lúdico, círculo también.

Tokeshi creció en un hogar con costumbres japonesas y grandes fricciones con el entorno. “Una mini Okinawa en el Centro de Lima”, apunta. “Eso te vuelve equilibrista. Yo soy una botella de sillao con Inka Kola dentro”. De esa manera ha podido absorber como una esponja (junto a su raíz ponja) el papel gravitante del entorno y dar vida a sus manifestaciones más crudas del Perú que ve. “El encuentro casual de dos elementos y su fricción pueden encender la chispa que desencadene un cuadro o una exposición”. Y lo hace, además, con objeto de su terreno.

Tokeshi hay para rato y, para ser artista, dice, “hay que ser curioso, tenaz, talentoso, picón, junto a su dosis justa de amor, rabia y vocación”. (Ailen Pérez)


 


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