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El lunes Santa Anita movió 3,400 toneladas, en el rango de La Parada. Sus 800 puestos estaban ocupados.

En La Parada conspiró la economía negra, alimentada de la miseria y el lumpen.


Cada cierto tiempo, los indudables avances experimentados por el país se tornan en la decepción de un espejismo.

En este caso, el panal de avispas que reventó en La Parada tiene significados que van más allá de la chocante sucesión retratada en las páginas anteriores.
Primero, no era el VRAEM. Era la vecindad del emporio textil de Gamarra, la última estación del tren eléctrico y el escaparate de la Marca Perú que le acaban de mostrar a Hillary Clinton.

Era bien sabido que el viejo mercado mayorista se aferraba a ser el rezago de una sociedad casi infrahumana, donde Dickens hubiera emplazado nuevas novelas de contrastes e indigencia, si es que hubiera tolerado el hedor.

Pero el huayco de criminales enardecidos que gobernó el lugar durante varias horas puso en evidencia el verdadero alcance de la infección. Fue nuestro propio huracán Sandy.

El alcalde de La Victoria, Alberto Sánchez Aizcorbe, pide barrer con las llamadas “cámaras de gas” del cerro San Cosme, que son los antros de droga y alcohol de quemar que amenazan a sus 20 mil habitantes.

“Son puntos que concentran verdaderos despojos humanos”, describe, “drogadictos y alcohólicos que suelen luego ansiar fruta luego de consumir. Por eso se les ve entre la basura lamiendo los despojos”.

Según las versiones recogidas, a cada delincuente le pagaron entre S/.30 y S/.50, provenientes de una bolsa recolectada por los comerciantes que se resistían al traslado a Santa Anita.

A ellos les acompañaban cientos de carretilleros y ayudantes de los ocupantes de los puestos, que se han quedado en la calle con la mudanza.

La dramática contraparte social es inocultable. Ricardo Giesecke, presidente de EMMSA, estima que, de los dos mil carretilleros, apenas trescientos podrían trabajar en nuevo mercado, ya sin carretillas.

“Y a las personas que quieran hay para financiarles una beca en Sencico o Senati, o la municipalidad los puede incluir como serenazgos o jardineros”.

Muy bien. ¿Pero no debió afinarse antes un plan de reconversión para quitarle oxígeno a las hordas del fin de semana?

Ahora el incendio se apaga apenas con mendrugos. El principal acuerdo tras la reunión con el Ejecutivo del lunes 29, explica Giesecke, es que “a través del Midis se abran comedores populares en la zona donde la gente ha perdido la chamba y tenga dónde comer”.

Peor aún. Esa miseria se sostiene en un gran negocio que es la madre del desmadre. Un atribulado teniente alcalde Eduardo Zegarra le dijo a CARETAS que “EMMSA ya no controla La Parada, no hay un registro de la balanza. No quieren trasladarse porque hay que cumplir con horario y, sobre todo, con presentar recibos. SUNAT nunca ha entrado a La Parada, no quiere entrar”.

Giesecke cacula que “de los S/. 4 millones a S/. 5 millones que movía a diario La Parada, un 30% se iba al bolsillo de los mayoristas. El 30% de eso (S/. 360 mil) debía ser pagado en impuestos. Hasta donde sé, no pagaban nada”.

La zona franca tributaria es el típico caldo de cultivo para la criminalidad.
Así lo demostró la reacción del jueves, que rebasó los escenarios previstos por la comuna. Los partidarios del proceso de revocatoria contra la alcaldesa Susana Villarán pretenden confundir el operativo con una cortina de humo, pero esto no tiene ningún sustento.

La comuna negoció el pospuesto traslado desde el año pasado. En junio se conformaron tres mesas de diálogo pero en agosto los comerciantes encabezados por Margarita Valladolid patearon el tablero. Todo a pesar de los incentivos ofrecidos por la municipalidad, que redujo el precio de los puestos y permitió el ingreso de estibadores. Por cierto, Valladolid fue candidata al Congreso por el fujimorismo en el 2001.

Poco después, el congresista Yohny Lescano metió más leña al fuego con un oportunista proyecto de ley para privatizar La Parada.

El 26 de septiembre, Villarán firmó la resolución por la cual se retiraba la denominación de “mayorista” a La Parada (CARETAS 2252), lo que preparó el terreno para el fallido operativo del jueves pasado, con el que se pretendió instalar muros de contención para impedir el ingreso de camiones abastecedores.

“La idea era dar una señal importante que los mismos comerciantes indecisos nos estaban pidiendo”, explica Zegarra. “Los que vendían afuera de La Parada estaban a punto de irse a Santa Anita. La idea era convencerlos con la operación del jueves y luego ir apagando a los de adentro”.

Gabriel Prado, gerente de seguridad ciudadana del municipio, reconoce sin ambages que “se desbordó el operativo. Hubo fallas en el planeamiento policial”.
A las 4 y 35 de la tarde, frente a la reacción violenta, “la Policía toma la decisión de replegarse y fue atacadapor más de 5 mil delincuentes”.

El viernes la incertidumbre era palpable en la sede municipal. Villarán se encontraba de viaje en Nueva York, según fue explicado, por un problema de salud de su nieto. Al volver, según dice Prado, recibió sus órdenes “para seguir adelante”. Humala respaldó ese mismo día a la comuna, apoyó a la Policía, llamó “salvajes” a los revoltosos y se declaró “como peruano, avergonzado por esta situación”.

Zegarra explica que los retrasos del traslado también se debieron a que “no es una decisión única, no se puede ir trasladando de a pocos. (Luis) Castañeda no dejó absolutamente nada preparado”. Fernando Cillóniz, presidente de Emmsa durante la gestión del solidario, fue lapidario el lunes 29: “Tengo que decir, en aras de la verdad, que Castañeda tuvo en sus manos la posibilidad de hacer el desalojo y no lo hizo… no inició la obra (del mercado de Santa Anita), sin ninguna razón aparente, en mi opinión, por cálculo político”.

Zegarra también justificó la parálisis en el primer tramo del mandato de Villarán. “¿Qué apoyo nos iba a dar Alan García?”, se preguntó. Y el ex presidente pareció darle la razón cuando declaró escueto que el viernes 26 “el pueblo sacará conclusiones” en torno a la revocatoria.

Mientras tanto, Santa Anita movió el domingo 1,500 toneladas de productos. El lunes cerró con 3,400. Ya, según Giesecke, en el rango de La Parada que iba de 2,800 a 4,500 por día. Al cierre de edición, los 800 nuevos puestos se habían ocupado.

El mismo lunes, con la ratificación del JNE, la consulta popular sobre la revocatoria de la alcaldesa se convirtió en un hecho. El proceso tendría lugar entre enero y mayo de 2013.

Villarán suele ofrecer señales confusas con las que regala munición a sus adversarios. Pero su gestión ha encarado, con su costo político, dos rémoras de la Lima premoderna: la del mercado mayorista y la del transporte. Y todo ello no es poca cosa.


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